Compartir:

Cuando se trata del huerto, lo ideal es cultivar a partir de semillas. Suele ser más barato, ofrece más variedad y tiene un mayor índice de éxito que las plantas que se trasplantan de un lugar a otro. Pero puede ser un proceso difícil para los jardineros impacientes o principiantes que buscan satisfacción rápida.

Por suerte, hay una serie de verduras de crecimiento rápido que maduran en dos meses o menos. Así que, tanto si llegas tarde a la siembra de verano como si buscas llenar los huecos de tu jardín mientras cosechas otros cultivos, estas verduras son buenas para empezar.

Rábanos en el huerto

 

Conocidos por su rápida producción, los rábanos pueden pasar de la semilla al plato en tan sólo tres semanas. Además, ocupan mucho espacio y no requieren mucho esfuerzo para crecer. Para obtener los mejores resultados, planta las semillas de rábano con una separación de unos dos centímetros en un lugar soleado de tu jardín. Prueba la crujiente variedad French Breakfast, que puedes cosechar en menos de 30 días. Tienen un sabor suave.

huerto

Bok Choy en tu huerto

 

Dependiendo de la variedad y del clima, el bok choy tarda entre 45 y 60 días en alcanzar la madurez. Las variedades pequeñas están listas incluso más rápido, en unos 30 días. No esperes a que toda la planta esté lista para cosechar para empezar a disfrutarla. Las plantas inmaduras proporcionan hojas y tallos más dulces y tiernos. Después de 21 días, puedes cortar unas cuantas hojas a la vez para mezclarlas en salteados o ensaladas.

huerto

Pepinos en tu huerto

 

Los pepinos pueden cosecharse en el huerto en tan sólo 50 días después de su plantación, y a veces incluso antes si eliges una variedad mini como el pepino Green Light, una planta de alto rendimiento que producirá pepinos (y encurtidos, si decides hacerlos) durante todo el verano. Como les encanta trepar y expandirse, pon tu planta de pepino cerca de un enrejado o dale al menos dos metros de espacio abierto para que se extienda por el suelo. Consulta esta guía para cultivar pepinos.

huerto

Espinacas

 

Rápidas y sencillas de cultivar en el huerto, puedes cosechar tu primera tanda de espinacas unas 4-6 semanas después de plantarlas. No dejes que las hojas verdes crezcan demasiado antes de recortarlas para usarlas en batidos, ensaladas, pastas o risottos. Cuando se trata de espinacas, lo mejor es cosechar poco y a menudo.

huerto

Brassica juncea (mostaza castaña)

 

Las verduras como la col rizada y la berza tienen ciclos de crecimiento rápidos, pero si quieres algo diferente, prueba con las mostaza castaña. Esta planta con sabor a pimienta pasa de ser una semilla a una pequeña planta verde en tan sólo 25 días. Las plantas están listas para ser cosechadas entre 45 y 60 días.

huerto

Fuente: ecoinventos.com

Compartir:
Compartir:

Introducción injertos de yema dormida

El injerto es un método de multiplicación que consiste en unir dos porciones de una planta para formar un solo individuo. En un injerto se pueden distinguir dos partes: la primera es el portainjerto o patrón que provee la raíz y parte del tronco; y la segunda parte esta formada por el injerto o púa, la cual es responsable de formar la copa del árbol (Imagen 1). En este informativo veremos  cómo realizar de manera eficaz los injertos de yema dormida en árboles frutales.

injertos de yema dormida

La base de un buen injerto radica en los siguientes puntos: la yema de un injerto debe estar bien desarrollada y debe corresponder a una yema vegetativa.

El patrón debe poseer una raíz con reservas y en buenas condiciones, es decir, debe estar libre de plagas y enfermedades.

Debe haber una compatibilidad del patrón y del injerto, siendo exitosa cuando la unión se realiza dentro de una misma especie (manzano sobre manzano) y/o en algunos casos fuera de la misma especie (ej. manzano sobre peral, peral europeo sobre membrillo).

Sin embargo, mientras más alejadas sean las especies (ej. durazno-ciruelo), menor será la unión patrón-injerto, aumentando así el riesgo de desprendimiento.

Otro factor a tener en cuenta es la unión exacta entre la corteza del patrón y la corteza del injerto; esto con el fin de promover una rápida cicatrización de la misma.

injertos de yema dormida

Razones para realizar injertos de yema dormida

 

La finalidad de esta técnica de multiplicación es poder otorgar ciertas características, por ejemplo:

– Mayor adaptación edafoclimática: algunos patrones otorgan al injerto una mayor resistencia a condiciones de sequía, suelos anegados, o a particularidades físicas y químicas del suelo.

– Aumentar el número de árboles por hectárea y adelantar su entrada en producción: un ejemplo de ello es utilizar patrones de menor vigor (9 mm) que puedan producir árboles más pequeños que entren en producción mucho antes.

– Mayor resistencia al ataque de plagas y enfermedades: esto sucede si se utilizan patrones resistentes a determinados insectos o patógenos.

– Sustituir la copa por un factor económico: sucede si se cambia una variedad por otra con una mejor comercialización.

– Re-injertación: para introducir un polinizante en un huerto que se estableció sin él.

Clasificación de los injertos

 

Esta técnica de multiplicación se puede subdividir en tres grupos: de aproximación, injertos de yema y de púa. Los injertos de aproximación son todos aquellos en donde la púa y el injerto se separan de la planta madre después de haberse producido la unión.

Se pueden producir en forma natural o uniendo artificialmente dos ramas (al extraer de ambas iguales porciones de corteza para promover la fusión). La finalidad de este tipo de injerto es de cooperación de ambos árboles, pero además tiene también una finalidad visual.

Injertos de yema dormida o en T

 

Para que este injerto tenga buenos resultados la yema a injertar debe estar bien desarrollada y el patrón debe estar en actividad cambial, lo cual originará que su corteza pueda desprenderse. Si utilizamos las fases lunares, el mejor momento para desprender la corteza de la madera sería durante luna llena.

Una característica de los injertos de yema dormida es su fácil realización, ya que presenta una rápida unión patrón-injerto, es firme y además es menos propenso al quiebre. La forma de llevar a cabo este injerto es la siguiente:

1. Primero se procede a recolectar brotes del año, ya que estos poseen solo formación de yemas vegetativas (formación de hojas) y serán quienes formarán el futuro árbol. Un punto importante es que el árbol haya pasado la etapa de juvenilidad o se encuentre en plena producción frutícola (Imagen 1).

2. Después de haber elegido los brotes, se procede a seleccionar de cada uno de ellos, las mejores yemas (más desarrolladas y de mejor tamaño) y se realiza un corte perpendicular aproximadamente a 1 cm sobre la yema de crecimiento. Este corte es superficial y actúa como punto límite para luego poder extraer la yema que se va a injertar (Imagen 2).

El corte en los injertos de yema dormida

 

3. Luego se comienza a realizar un corte desde abajo de la yema (aproximadamente a 1 cm) hacia arriba (Imagen 2). Se debe evitar utilizar el cortaplumas como un serrucho ya que debe ser un corte limpio (Imagen 3).

4. Se procede a quitar la madera de la corteza, dejando solo la yema que se va a injertar. Esta labor se realiza desprendiendo desde la parte inferior de la yema (desde el punto donde se empezó a realizar el corte para extraer la yema original) hasta el corte horizontal. Se podrá observar que se comienza a quitar como si se abrieran las hojas de un libro (Imagen 4).

5. La madera debe ser extraída completamente de la corteza (no debe quedar vestigio de madera en la corteza). Para saber si la extracción fue exitosa, se podrán observar 2 orificios que entran hacia la yema, que son el xilema y el floema (Imagen 5).

6. Respecto a la preparación del patrón, en primer lugar, los cortes que se van a realizar deben ser en una zona lisa y sin yemas, quedando el corte entre una yema superior y otra inferior. Después se procede a realizar un corte horizontal y otro corte vertical que va desde el corte horizontal hacia abajo, formando una T. Este corte en T debe ser del tamaño aproximado de la yema a injertar (Imagen 6).

injertos de yema dormida

Injertos de yema dormida: El proceso

 

7. A continuación, tomamos la yema a injertar, y la introducimos entre los dos labios de la corteza del patrón previamente separados, empujando la yema hacia abajo.

Es importante observar que al momento de colocar la yema, esta quede en la posición correcta, es decir, que la yema quede mirando hacia arriba, ya que si queda hacia abajo se producirá un crecimiento anormal en el árbol y la subsiguiente perdida del injerto (Imagen 7).

injertos de yema dormida

8. Una vez introducida la yema, debe encajar perfectamente en la abertura del patrón, procurando que el corte horizontal del patrón se una con la parte superior del injerto de yema (que también posee un corte horizontal) para que una vez colocado el injerto exista una buena cicatrización en la unión (Imagen 8).

9. Después que las cortezas del patrón-injerto quedaron perfectamente unidas, se comienza a embarrilar desde abajo hacia arriba. Primero se da una primera vuelta por debajo de una punta del elástico y luego una segunda vuelta por arriba de esta punta. Esta punta debe quedar libre para lo cual podrán utilizarla para amarrar al final el injerto (Imagen 9).

Finalización de los injertos de yema dormida o en T

 

10. Una vez terminado el embarrilamiento, con temperaturas sobre los 15 °C la cicatrización quedará lista en un período de 15 días. Se puede ir observando cada cierto tiempo la cicatrización. Si aún no está totalmente lista, se puede volver a embarrilar para evitar que entre humedad por las heridas y así evitar la muerte de la unión (Imagen 10).

 

11. Finalmente, cuando comienza a brotar las yemas o se reinicia el crecimiento vegetativo (primavera), se procede a podar el nuevo árbol sobre la yema injertada (pintando la herida con una pasta poda). La finalidad es que esta yema posea la dominancia apical, es decir, que comience a formar la copa del árbol a partir de del injerto realizado (Imagen 11).

Fuente: inia.cl

Compartir:
Compartir:

Por: Natalie Devenin. Diseñadora Industrial y Master en Nuevos Hábitos Alimentarios

¿Puede haber algo más onírico y placentero que un manto multicolor de flores frescas y aromáticas, cual desierto florido? ¿Pues qué tal un delicado pétalo, de la más delicada flor, dejándose caer sobre su boca? Y si a esto ¿le agregamos una copa de espumante?

Pues sí, esta experiencia sensorial poco común para la mayoría, es algo que podemos experimentar en distintos contextos. Lentamente, las flores comestibles han ganado un espacio dentro del mercado chileno, y al parecer, llegaron para quedarse y marcar una huella visual, tan llamativa como esa escena de “American Beauty”.

Desde antaño, las plantas y flores han cumplido distintos roles, en diversas culturas. Desde una función meramente ornamental, a ser utilizadas como medicina natural, e incluso como veneno, según sea su dosis y preparación. La mayoría de nosotros está acostumbrado al consumo de hierbas medicinales, plantas silvestres que podemos encontrar en el campo, e incluso en nuestros jardines, pero comer flores, es otra cosa. El preparar e ingerir infusiones en base a diversas hierbas es algo que forma parte de la cultura, con una connotación de sanación y cuidado natural. Podemos encontrar hierbas envasadas y diversos productos fitoterapéuticos en farmacias. Pero, ¿y las flores?

Las flores tienen una connotación diferente, más asociada al lujo, placer y cosmética. Su principal uso es en un contexto de alta gastronomía, apelando a una experiencia sutil y única, sin dejar de lado sus funciones benéficas.

En el año 2009, el Ministerio de Salud de Chile lanzó un catastro de plantas medicinales, llamado “Medicamentos Herbarios Tradicionales, 103 especies vegetales” (éste puede encontrarse fácilmente en internet, y descargarse como pdf), el que busca difundir información y “revalorizar el acervo cultural autóctono” sobre el consumo de plantas con propiedades para la salud. En éste  se pueden encontrar sus características descriptivas, su uso doméstico medicinal e información sobre sus orígenes y una ficha técnica.

Este catastro cuenta con 103 plantas validadas por el MinSal, entregando indicaciones de uso, las cuales incluyen ocasionalmente la incorporación de sus flores para preparar infusiones, compresas y en algunos casos, su uso gastronómico, como es el caso de la Borraja (Borago Officinalis), una flor muy atractiva tanto en su forma y color, cuyo origen proviene de la zona mediterránea europea y Asia menor. Esta flor, que puede ser utilizada en ensaladas, tortillas u otras preparaciones, tiene propiedades diuréticas, sudoríficas, depurativas y anti-inflamatorias. Esta flor puede ser conseguida en formato fresco, a través de “Toronjil Cuyano”, un proyecto apoyado por INDAP, en la zona de Limache, V Región de Chile.

Otro ejemplo de emprendimiento chileno relacionado a flores comestibles, es un proyecto apoyado por la Fundación para la Innovación Agraria, bastante destacado y novedoso, fácil de encontrar en ferias gastronómicas y mercados gourmet. Este es el caso de Alupra, una Pyme de la zona de La Araucanía, cuyo equipo emprendedor decidió revalorizar la exótica flor nacional, el copihue. Sin embargo, Alupra ofrece una propuesta de consumo diferente, pues su oferta consiste en pétalos de copihue en formato de conserva, con una versión salada, a modo de carpaccio, para acompañar y decorar platos, y otra versión dulce, para innovar en postres y cócteles.

Otro ejemplo que podemos encontrar en el mercado nacional es el caso de un producto australiano, Wild Hibiscus, también una flor en conserva utilizada principalmente para cócteles, con una impresionante presentación, un Hibiscus sumergido en una copa de espumante, añadiendo un toque de color audaz y vibrante. Aparte de estos ejemplos poco convencionales, se pueden encontrar también otros productos un poco más tradicionales, como la mermelada de pétalos de rosa, de producción artesanal.

En base a esto, podemos ver que poco a poco, las flores se van ganando un nuevo espacio en nuestros paladares curiosos. Ahora las flores son un bien multisensorial por descubrir, que entretienen nuestra vista, olfato, gusto y tacto.

¿Podrían las flores cultivadas convertirse en un ítem gastronómico deseado como experiencia de consumo para los chilenos? Aún hay mucho por explorar y mucha materia prima para experimentar… Bienvenidos sean los valientes innovadores que nos provean de nuevas experiencias con las flores comestibles.

Fotografía: Inao

Compartir:
Compartir:

1. Generalidades del cultivo

Descripción botánica

Actualmente existe una controversia sobre el nombre científico que le corresponde al tomate. Desde el año 1881, Philip Millar lo ubicó en el género Lycopersicon y lo denominó Lycopersicon esculentum, que ha sido el nombre más ampliamente usado desde entonces. Sin embargo, en 1753 Carlos Linneo, científico, naturalista y botánico – quien sentó las bases de la taxonomía moderna–, ya había colocado el tomate en el género Solanum asignándole el nombre científico de Solanum lycopersicum L.  Hoy en día, la evidencia genética (e.g., Peralta & Spooner, 2001) muestra que Linneo estaba en lo correcto al ubicar el tomate en el género Solanum. Esto ha aumentado la controversia y se espera que por algún tiempo, mientras se determina el genoma del tomate, ambos nombres se sigan encontrando en la literatura.  Por lo tanto, para propósitos de esta publicación utilizaremos el nombre Solanum lycopersicum L. para referirnos al tomate.

El tomate es una especie originaria de América, al parecer de las regiones montañosas de Perú, Ecuador y Chile. Es una planta herbácea, de tallo semi leñoso, cuyo sistema radicular está compuesto por una raíz principal de corta extensión ramificada en numerosas raíces secundarias. En la parte superior, al nivel del suelo, se desarrollan raíces adventicias que ayudan a mejorar el anclaje de la planta al sustrato. La raíz está compuesta por una epidermis o parte externa en donde se encuentran pelos absorbentes especializados en tomar agua y nutrientes. En el interior se localizan el córtex y el cilindro central conformado por el xilema, que es el tejido responsable del transporte de los nutrientes desde la raíz hacia las hojas y otros órganos de la planta.

El tallo, al igual que en muchas plantas superiores, es una continuación de la raíz. Generalmente mide entre 2 y 4 centímetros en la base de la planta y es más delgado en la parte superior donde se están formando nuevas hojas y racimos florales. El tallo también está conformado por epidermis, que contiene pelos glandulares, corteza, cilindro vascular (xilema) y tejido medular.

Las hojas del tomate son imparipinnadas, compuestas por foliolos alternos e impares que terminan en un foliolo individual en su parte apical. El número de hojas por tallo y la frecuencia de aparición de hojas están determinados principalmente por el tipo de hábito de crecimiento de la planta y por la temperatura. Por ejemplo, en plantas con hábito de crecimiento determinado, las hojas se forman a una tasa de 2 ½ por semana, a una temperatura promedio de 23 °C.

La flor del tomate es perfecta, con órganos femeninos y masculinos funcionales. En cada inflorescencia o racimo se forman varias flores y una sola planta de crecimiento indeterminado puede producir 20 o más inflorescencias sucesivas durante un ciclo de cultivo, bajo condiciones de invernadero. La formación de racimos florales ocurre más o menos cada semana y media.

El fruto del tomate está constituido por un 94-95% de agua. El restante 5-6% es una mezcla compleja en la que predominan los constituyentes orgánicos, los cuales dan al fruto su sabor característico y su textura. El fruto tarda de 60 a 70 días desde la antesis (cuajamiento) hasta el momento de la cosecha.

Hábitos de crecimiento

La planta de tomate inicia su crecimiento a partir de un tallo principal, formando entre 5 y 10 hojas antes de producir el primer racimo floral. Luego, comienzan a diferenciarse dos hábitos de crecimiento de la planta: el crecimiento indeterminado y el crecimiento determinado. En plantas de crecimiento indeterminado, se forma en la axila de la hoja más joven (la que está inmediatamente por debajo del racimo floral más reciente) una yema vegetativa que continúa el crecimiento y desplaza esta hoja a una posición por encima del racimo floral más reciente y sigue su crecimiento formando tres o cuatro hojas y luego un nuevo racimo floral. A partir de ahí el proceso se vuelve repetitivo, pues debajo de la nueva inflorescencia surge una yema que desarrolla nuevamente 3 o 4 hojas y un nuevo racimo floral y así sucesivamente se repite esta secuencia de crecimiento hasta que las condiciones sean favorables. De esta forma, las plantas de crecimiento indeterminado pueden crecer indefinidamente alcanzando longitudes mayores a 5 metros. Generalmente requieren sistemas de soporte o “tutorado” para mantenerse erectas. La producción de frutos se maneja a lo largo de toda la planta y para evitar la proliferación de nuevos tallos, deben podarse continuamente los nuevos brotes axilares.

En las plantas de crecimiento determinado, hay una fuerte brotación de yemas axilares y se producen menor número de hojas (una o dos) entre los racimos florales. Se caracterizan por alcanzar una longitud máxima de dos metros y desarrollar una inflorescencia por cada hoja. En estas plantas la producción se maneja dejando varios tallos que se desarrollan simultáneamente. La mayoría de las variedades para tomate de procesamiento o industria tienen hábito de crecimiento determinado ya que su corta estatura facilita los procesos de cosecha mecanizada.

Por lo general, las variedades de crecimiento determinado comienzan la producción unos días antes que las plantas de crecimiento indeterminado, pero la duración del período de cosecha es más corto. En condiciones de cultivo bajo invernadero en la Sabana de Bogotá, una planta de crecimiento indeterminado comienza la producción entre 3 y 3 ½ meses después del trasplante y el ciclo de cosecha puede durar en promedio cuatro meses.

Fisiología del cultivo

En términos sencillos, la fisiología es la forma como la planta de tomate funciona como respuesta a los factores ambientales y de manejo del cultivo. Por ejemplo, cuando se cultiva el tomate en invernadero el funcionamiento (crecimiento, formación de racimos florales, desarrollo de frutos, entre otros) es diferente al del cultivo a campo abierto, por efecto de las diferencias en la temperatura. De la misma manera, las prácticas de manejo como fertilización o podas hacen que la planta funcione de una u otra forma. Entender un poco la fisiología de la planta de tomate nos ayuda a comprender cómo las prácticas de manejo del cultivo inciden en su productividad.

La fisiología del cultivo depende de cada etapa de desarrollo (etapas fenológicas). La primera etapa de desarrollo –conocida como desarrollo vegetativo– se produce  desde la germinación y emergencia de la plántula hasta la aparición del primer racimo floral. En general, el primer racimo floral surge después de la formación de 5 a 10 hojas, cuando la planta tiene una altura mayor a 40 cm. En la segunda etapa de desarrollo se presenta un crecimiento simultáneo entre crecimiento vegetativo y reproductivo con la aparición de nuevas hojas y racimos florales a partir de los cuales se van formando progresivamente los frutos. Posteriormente, se inicia la etapa de producción en la cual los primeros frutos en desarrollarse comienzan su madurez y cosecha. En esta etapa, al tiempo en que se cosechan los frutos, la planta sigue desarrollando hojas y nuevos racimos florales. Finalmente se llega al estado de desarrollo en el cual, debido a factores asociados al tipo de hábito de crecimiento o a las prácticas de manejo, se detiene de forma natural o inducida el crecimiento de la planta y solamente se mantiene el desarrollo de los frutos que ya se han formado.

2. Propagación de tomate

Criterios de selección del material vegetal

El tomate es una especie que no responde al fotoperíodo (número de horas de luz en el día). Por tanto, los diferentes materiales disponibles pueden ser sembrados en Colombia. Sin embargo, al seleccionar una variedad o híbrido de tomate se deben considerar las siguientes características:

El hábito de crecimiento

Principalmente existen dos tipos de hábito de crecimiento para el tomate; el indeterminado y el determinado.. Es importante identificar el hábito de crecimiento para el tipo de tomate que se quiere sembrar, ya que de éste y de las características del invernadero se pueden generar variaciones en aspectos relacionados con el establecimiento y manejo del cultivo. A su vez, en las variedades de crecimiento indeterminado se presentan dos formas de crecimiento y desarrollo de las plantas. Por una parte, están las plantas de crecimiento abierto que son en general más precoces, con entrenudos largos, hojas pequeñas y frutos de tamaño medio. Estas variedades se adaptan muy bien en invernaderos que tienen una estructura alta para el tutorado de las plantas y principalmente en los casos en que el invernadero tiene problemas de ventilación, puesto que su menor densidad de hojas facilita esta función. Por otra parte, están las variedades de crecimiento compacto que se caracterizan por tener entrenudos cortos, con crecimiento vegetativo excesivo y frutos grandes.

El calibre y la forma del fruto

El calibre hace referencia al diámetro ecuatorial del fruto. En términos generales y según el calibre del fruto, los tomates pueden clasificarse como grandes, cuando su calibre es mayor a 82 mm, medianos, con calibre entre 57 y 81 mm, y pequeños, los de calibre inferior a 56 mm. En cuanto a la forma, los frutos de tomate pueden ser generalmente globulares, redondos o achatados. Estas características determinan en  gran medida el mercado y tipo de empaque para la comercialización; por ejemplo, para la presentación en bandejas se requieren frutos achatados y de tamaño mediano.

La forma de maduración

Básicamente existen tres formas de maduración de frutos: maduración estándar, cuando los frutos cambian de color al mismo tiempo en toda su superficie; hombros verdes, cuando durante la maduración los hombros permanecen con un color verde oscuro; y hombros ligeramente verdes.

La vida poscosecha

La duración o vida poscosecha del fruto es un aspecto de máxima importancia en la elección del material a cultivar. En el mercado existe una amplia oferta de materiales que poseen la característica de larga duración mediante la incorporación de genes que retardan la maduración y confieren mayor resistencia a la corteza.

La resistencia genética a enfermedades y desordenes fisiológicos

Es un factor muy importante en el momento de seleccionar un material. En la ficha técnica de los diferentes materiales (variedades o híbridos), se especifican las resistencias y/o tolerancias que presenta cada uno.

Las principales resistencias que se ofrecen en una variedad de tomate son las siguientes:

  • TMV = virus del mosaico del tabaco
  • TYLCV = virus de la cuchara del tomate
  • ToMV = virus del mosaico del tomate
  • TSWV = virus del bronceado del tomate
  • C2 = Cladosporium fulvum, razas A y B
  • C5 = Cladosporium fulvum, razas A, B, C, D, y E
  • V = Verticillium
  • F2 = Fusarium oxysporum f. lycopersici razas 1 y 2
  • Fr = Fusarium oxysporum f. radicis lycopersici
  • N = nematodos
  • PST = Ralstonia
  • S = Stemphylium

Entre los desórdenes fisiológicos a tener en cuenta durante la selección de un material están: el rajado de fruto, las bajas temperaturas y la maduración desuniforme del fruto conocida como blotching. También existen variedades o híbridos resistentes o tolerantes a condiciones ambientales como la sequía, la salinidad, el calor o el frío.

Estructuras, medios de propagación y prácticas de manejo

Infraestructura

Un semillero es un lugar destinado a la producción en forma controlada de plántulas de buena calidad antes del trasplante definitivo. El sitio seleccionado para su establecimiento debe ser de fácil drenaje y ventilación. La orientación y localización debe garantizar buena luminosidad, facilidad de acceso y realización de las prácticas de manejo.

Las instalaciones necesarias para la propagación de las plantas son el invernadero, los bancos de enraizamiento y el sistema de fertiriego. El invernadero es una estructura de metal o madera cubierta con un material transparente, comúnmente polietileno. Su función debe ser:

a) mejorar las condiciones ambientales para favorecer la germinación de manera que el sustrato seleccionado y su grado de humedad se mantengan constantes;

b) protección de agentes climatológicos adversos como viento y lluvia;

c) protección fitosanitaria preventiva, aislando las plántulas de focos de contaminación externa. Los bancos de enraizamineto o camas son las estructuras utilizadas para ubicar las bandejas con plántulas con el fin de aislar las plantas del suelo, promover la poda natural de raíces y facilitar las labores.

Finalmente, el sistema de riego y/o fertirriego, como su nombre lo indica, es el equipo utilizado para el riego y la nutrición de las plantas. Para un riego eficaz, se debe disponer de un suministro suficiente de agua de buena calidad agrícola, libre de fitopatógenos y sin exceso de sales. El sistema empleado debe garantizar facilidad para regular la frecuencia, cantidad y homogeneidad de los riegos, y también asegurar que el tamaño de gota y presión de aplicación no afecten el normal desarrollo de las plántulas. Los sistemas de riego varían desde medios manuales como regaderas y mangueras hasta sistemas automatizados de nebulización.

Sustratos y contenedores

El sustrato es el medio de cultivo en donde se desarrolla el sistema radicular de la plántula. El sustrato empleado para la siembra de tomate debe poseer ciertas características que permitan un adecuado desarrollo de la plántula. Algunas de esas características son:

  • Servir de soporte a la planta; debe ser liviano (densidad aparente menor a 0,2 g/cm3), y con alto porcentaje de espacio poroso.
  • Proporcionar una alta capacidad de retención del agua disponible.
  • Tener buen drenaje y aireación.
  • Presentar baja tendencia a la compactación.
  • Estar libres de patógenos, semillas y nemátodos.

Existen varios sustratos adecuados para la producción de plántulas de hortalizas en bandejas de propagación. Comercialmente, hoy en día están disponibles las mezclas sin suelo que generalmente contienen turba, fibra de coco, perlita, vermiculita, nutrientes y agentes humectantes. Las mezclas sin suelo se seleccionan por:

a) el suministro y homogeneidad. El material elegido debe ser uniforme y fácilmente disponible;

b) las propiedades físicas, químicas y biológicas deben garantizar un óptimo desarrollo de la planta;

c) la experiencia, no todos los sustratos requieren el mismo manejo, se recomiendan evaluaciones previas antes de utilizar nuevos sustratos o mezclas.

d) El costo, aunque es importante, no debe comprometer la calidad de la plántula.

Entre los principales sustratos para la producción de plántulas se encuentran la turba y la fibra de coco. Las turbas son principalmente vegetales fosilizados, constituidos de restos de musgos y otras plantas descompuestos parcialmente. Según el grado de descomposición, se clasifican en turbas rubias y negras. Las turbas rubias corresponden a las menos descompuestas y ampliamente utilizadas como sustrato, pues conservan parte de su estructura y poseen excelentes propiedades físicas y químicas. Las turbas negras se encuentran a mayor profundidad y su grado de descomposición es mayor al de la turba rubia. Debido a su estructura, tienen una aireación deficiente y elevados contenidos de sales solubles.

La turba es acondicionada física y químicamente mediante la adición de otros materiales que mejoran la porosidad, la acidez y los niveles nutricionales. Por lo general, la turba preparada comercialmente tiene un pH entre 5,5 y 6,5 y una conductividad eléctrica que va desde 0,7 hasta 1,1 dS/cm-1. Comercialmente, la turba viene empacada en pacas o fardos de 107 a 300 litros comprimidos o en bolsas de 80 litros sin comprimir. Aunque es un sustrato costoso, la turba posee muy buenas propiedades físicas como baja densidad aparente (0,05 – 0,15 g/ml-1), alto porcentaje de espacio poroso y alta capacidad de retención de agua.

Por su homogeneidad y disponibilidad, se destaca la fibra de coco como alternativa al uso de la turba. Es un subproducto del procesamiento del mesocarpo fibroso del fruto, con una elevada capacidad de aireación, pH óptimo y adecuados niveles de aportes de nutrientes, especialmente fósforo y potasio (Berjón et al., 1999). La presentación comercial de la fibra de coco es similar a la de la turba.

En la producción comercial de plántulas se requiere el uso de contenedores, que permiten que cada semilla se siembre en un recipiente y que al extraer la plántula se mantenga intacto el sistema radicular, facilitando su transporte y trasplante. Los contenedores generalmente son bandejas plásticas con numerosas celdas de pequeñas dimensiones y volumen que varía entre 9 y 25 centímetros cúbicos. Para tomate se recomienda utilizar bandejas con un volumen por celda mayor a 18 centímetros cúbicos.

Diversas investigaciones demuestran que el tamaño del contenedor es determinante de la calidad de la plántula. Cuanto mayor sea el tamaño del contenedor, aumentan el área foliar, la biomasa y el volumen de raíz (Cantliffe, 1993). El crecimiento de raíces y brotes vegetativos es interdependiente y puede afectarse cuando el sistema radicular está restringido a volúmenes pequeños de enraizamiento; así mismo, plantas con buen desarrollo radicular toleran mejor el trasplante (NeSmith y Duval, 1998).

Etapas en la producción de plántulas

La producción de material de propagación es una actividad especializada que requiere del equipamiento e infraestructura adecuados para el establecimiento y desarrollo normal del material de propagación. Cada una de las etapas del proceso de producción debe ser debidamente planeada y ejecutada, ajustándose a los requerimientos técnicos establecidos para la producción de plántulas de tomate con adecuados estándares de calidad.

Preparación del sustrato

Comprende la selección, preparación del sustrato y llenado de contenedores. En esta etapa se deben determinar los niveles de nutrientes, el pH y la concentración de sales del sustrato, expresada mediante conductividad eléctrica (CE), para así hacer las correcciones pertinentes. El pH debe oscilar entre 5,0 y 6,5. El nivel de sales varía dependiendo de las cantidades de fertilizantes en la mezcla. Es aceptable una conductividad eléctrica de 1,0 a 2,0 dS/m-1. En la preparación, el sustrato se debe desmenuzar muy bien y garantizar un humedecimiento homogéneo. Para el llenado de los contenedores se recomienda llenar por completo las celdas y evitar la compactación del sustrato.

Siembra y germinación

La semilla de tomate es plana y de forma lenticular. En general, un gramo de semillas contiene de 250 a 350 semillas, según la variedad. Debido a los costos que implican las nuevas tecnologías de producción de plántulas, se requieren semillas de alta calidad que garanticen rápida germinación, buena uniformidad y plantas vigorosas. La utilización de bandejas de propagación presenta ventajas como el uso más eficiente de la semilla, debido a que se siembra una semilla por celda; la facilidad para movilizar las plántulas de un lugar a otro; la economía en el uso del sustrato y el poco daño al sistema radicular.

La semilla debe sembrarse a una profundidad de entre 5 y 10 milímetros y cubrirse con el mismo sustrato en que fue sembrada para asegurar que se mantenga húmeda. La germinación de la semilla es un paso crítico durante el proceso de producción de la plántula. La semilla de tomate requiere de buena aireación para germinar, por lo que es necesario evitar la saturación del sustrato con agua. La temperatura óptima para la germinación está entre 23 y 25 °C. El tiempo necesario para la germinación varía según la variedad y el lote de semillas, pero en general la germinación y emergencia de las plantas se produce entre los 3 y 6 días después de la siembra.

Desarrollo de la plántula

Comprende el tiempo que tarda la planta desde la siembra y germinación hasta que se alcanza el desarrollo foliar adecuado para su trasplante.

Prácticas de manejo

La calidad del material de propagación es un factor decisivo para un adecuado establecimiento del cultivo. Esta calidad, a su vez, es una respuesta a las prácticas de manejo durante el desarrollo de la plántula. Las principales prácticas de manejo durante la fase de propagación del tomate son las siguientes:

Nutrición y riego

El riego y el programa de fertilización tienen un efecto fundamental en el crecimiento de la plántula. Es aconsejable hacer un análisis completo del agua de riego. La cantidad y frecuencia de riego varían dependiendo del volumen de la celda, el sustrato, la ventilación del invernadero y las condiciones del clima. Una recomendación general es regar las bandejas todos los días mediante riego por aspersión o, en su defecto, con una regadera de poma fina para evitar destapar las semillas. Los riegos deben hacerse 2 o 3 veces al día, según las condiciones climáticas y el crecimiento de la planta, asegurándose de que cada celda quede completamente húmeda para promover el crecimiento de raíces en la parte inferior de la celda.

La nutrición de las plántulas se hace a través de soluciones nutritivas aplicadas frecuentemente. La concentración de la solución nutritiva está dada por la cantidad de elementos nutritivos que contenga. Esta concentración se expresa en unidades denominadas partes por millón (ppm) o mmol/l. El incremento moderado en la concentración da como resultado un incremento en la altura, el diámetro del tallo y el peso de la planta, mientras que concentraciones muy elevadas pueden ocasionar plantas altas y débiles con pobre calidad.

Los valores óptimos de pH y conductividad eléctrica (CE) varían según el estado de desarrollo de la plántula y se interpretan de acuerdo con la metodología utilizada para su determinación. El ajuste de la fertilización se debe hacer con base en un análisis físico y químico del material que se va a utilizar como sustrato de siembra. En la tabla 1 se indican los niveles nutricionales adecuados para el sustrato usado para la producción de plántulas de tomate (Alarcón y Egea, 1999).

Manejo y prevención de enfermedades en el semillero

La mejor forma de controlar las enfermedades de las plántulas es a través de medidas sanitarias preventivas y un adecuado manejo de las condiciones ambientales dentro del invernadero. Entre las prácticas más recomendadas para prevenir enfermedades se cuentan:

  • Controlar las malezas dentro y en los alrededores del invernadero.
  • Desinfectar las bandejas de siembra cuando éstas son reutilizadas.
  • Ventilar el invernadero promoviendo la circulación de aire alrededor de las plántulas.
  • No excederse en el riego y utilizar sustrato de buena calidad.

Normas de calidad de plántulas

  • Una plántula de tomate tiene las condiciones apropiadas para su trasplante cuando cumple con las siguientes condiciones:
  • La altura está entre los 10 a 15 cm y tiene como mínimo cuatro hojas verdaderas formadas y existe buena uniformidad entre plántulas en la bandeja de propagación.
  • Las hojas están bien desarrolladas, son de color verde, erectas y sin entorchamientos.
  • La coloración es ligeramente púrpura en la base del tallo y en el envés de las hojas. Los cotiledones están completamente sanos.
  • Las raíces son blandas y delgadas, y llenan todo el contenedor de arriba hasta abajo. Las raíces con un color marrón y que no se extienden hacia la parte inferior del contenedor, son síntomas de que han estado creciendo bajo un estrés de humedad, lo cual puede retardar el enraizamiento en el campo.

Injertación de tomate

El injerto es la unión de dos porciones de tejido vegetal vivo, de tal manera que se unen y se desarrollan como una sola planta (Hartmann et al., 1997). El tomate es una de las hortalizas en la cual esta práctica es ampliamente utilizada; para el año 2000, en Japón se injertaba hasta el 48% del tomate producido bajo invernadero (Lee, 2003).

La injertación en tomate facilita el manejo y control de enfermedades, utilizando patrones con cierta resistencia a enfermedades que se desarrollan en el suelo, lo que permite mantener plantas sanas y vigorosas durante más tiempo; además, aumenta la producción del cultivo. Por otro lado, se registran incrementos en la producción y calidad mediante el uso de patrones tolerantes a condiciones de estrés, como la salinidad. Las principales limitaciones del uso de injertos en la producción de tomate son el costo adicional del patrón y la mano de obra requerida.

3. Manejo del cultivo

Establecimiento del cultivo

El establecimiento del cultivo consiste en el trasplante del material de propagación en el sitio en donde se adelantará su crecimiento y desarrollo. De acuerdo con el sistema de producción escogido, el material podrá sembrarse directamente en el suelo o en un sustrato, si el sistema es hidropónico. El éxito durante el establecimiento del cultivo depende de varios factores, como la humedad adecuada del suelo o sustrato, el estado nutricional y fitosanitario del mismo, la profundidad de siembra y la calidad del material de propagación, entre otros.

Densidades de siembra

Existen básicamente dos formas para ubicar las plantas dentro del invernadero. La primera es mediante surcos individuales en donde se dejan distancias entre surcos que varían entre 1,0 y 1,4 m. Las distancias entre plantas a lo largo de los surcos pueden ir de 30 a 50 cm, según la variedad seleccionada. La segunda es el trasplante en surcos dobles (foto 2) en donde se hacen camas en las cuales se dejan de 50 a 60 cm entre los dos surcos de la cama y de 40 a 50 cm entre plantas a lo largo del surco. La distancia entre los centros de las camas varía entre 1,40 y 1,60 m, dejando, por tanto, caminos de 0,8 a 1,0 m de ancho.

De esta manera se alcanzan densidades de 2,2 a 2,5 plantas por m2. En algunos casos, especialmente cuando se trabaja con variedades de crecimiento abierto o en condiciones de clima frío, se pueden utilizar densidades de siembra más altas cercanas a 3 plantas por metro cuadrado. En condiciones de menor luminosidad y mayor temperatura, se debe trabajar con una densidad más baja para mantener una calidad aceptable y un buen rendimiento. Una densidad más elevada de lo recomendado implicará un mayor costo en material vegetal y en insumos, mayores problemas sanitarios y una menor calidad en el tamaño de los frutos.

Trasplante

El trasplante definitivo se realiza aproximadamente a las cuatro o cinco semanas después de la siembra. Un trasplante bien hecho es esencial para obtener una buena cosecha en invernadero. Antes del trasplante, se aconseja levantar camas a una altura mínima de 20 cm. Luego, se hace el trazado de los surcos y se marcan los sitios en los cuales irán ubicadas las plantas. Cuando se utiliza el acolchado plástico, la ubicación de las plantas se marca sobre el plástico mediante un pequeño agujero. En el sitio de trasplante se hace un hueco de aproximadamente 5 cm de profundidad, ligeramente mayor al volumen ocupado por el recipiente que contiene la planta que se va trasplantar. El suelo debe tener un adecuado nivel de humedad.

Las plantas se van colocando con cuidado, tratando de no deshacer el bloque de sustrato en el que están enraizadas. Se recomienda que durante el trasplante una pequeña porción del tallo quede enterrada en el suelo para proporcionar un mejor soporte inicial y permitir a la planta el desarrollo de nuevas raíces, pero teniendo precaución de que las hojas cotiledonales no queden enterradas. Una vez trasplantadas, es necesario regar las plantas lo antes posible para evitar el marchitamiento. En los primeros días después del trasplante, los riegos deben ser cortos pero frecuentes para mantener húmeda la zona donde están desarrollándose las raíces.

Podas

La poda es la práctica de remover cualquier tipo de estructura de la planta. El principal objetivo de las podas es balancear el crecimiento reproductivo y vegetativo, permitiendo que los fotoasimilados se canalicen hacia los frutos, pero también tiene otros beneficios principalmente de tipo fitosanitario. Básicamente existen cuatro tipos de podas:

Poda de formación

Mediante esta poda se decide el número de tallos que va a tener la planta. Lo aconsejable para variedades de crecimiento indeterminado es la poda a un solo tallo, ya que la planta es más vigorosa y se facilita su tutorado y manejo. En caso de que se tome la decisión de dejar dos tallos en la planta, se deben escoger los dos tallos más vigorosos. El tallo más vigoroso es el principal y el segundo tallo es aquél que aparece inmediatamente por debajo de la primera inflorescencia.

Poda de yemas o chupones

Las yemas axilares, también llamadas chupones, son pequeños brotes que crecen en el punto de inserción entre el tallo principal y los pecíolos de las hojas y que se deben eliminar manualmente antes de que se desarrollen demasiado (< 5 cm). Esto evitará que tomen parte de los nutrientes que son importantes para el fruto. Además, al eliminarlos cuando aún son pequeños, se reduce el tamaño de las heridas y así la probabilidad de ataque de hongos, especialmente de Botrytis cinerea.
Para evitar la eliminación accidental del punto de crecimiento de la planta al confundirlo con un chupón, únicamente se deben eliminar los chupones que están por debajo del último racimo floral que se ha formado. A medida que el cultivo se desarrolla, la proliferación de chupones disminuye y su control se puede hacer con menos frecuencia.

Poda de flores y frutos

La poda de flores y frutos ayuda a balancear el crecimiento vegetativo con el generativo, para optimizar el número y el tamaño de los frutos en el racimo y a lo largo de la planta. El manejo de la poda de frutos no tiene una fórmula general, y dependerá de las siguientes variables:

Variedad. En variedades de fruto grande se dejarán menos frutos por racimo que en variedades de fruto pequeño. A la vez, variedades con hábito de crecimiento abierto y con frutos más pequeños tienden a formar inflorescencias con numerosas flores. Por eso, es necesario eliminar algunas flores para que los frutos que se formen puedan crecer más homogéneamente y alcanzar tamaños un poco mayores hasta donde su potencial genético lo permita.

Condiciones climáticas. En condiciones de temperatura más elevada y menor radiación, se deben dejar menos frutos por racimo para mantener las mismas características de calidad. A la vez, a mayor densidad de siembra o menor disponibilidad de radiación por planta, se debe disminuir la cantidad de frutos por racimo para mantener la misma calidad.

El estado de desarrollo de la planta y vigor. En los primeros racimos se acostumbra podar frutos para favorecer el crecimiento vegetativo, dejando de 4 a 6 frutos según la variedad y el clima. Igualmente, cuando en las plantas se están cuajando los frutos del 7º racimo en adelante, éstas muestran con frecuencia un crecimiento vegetativo débil. Si el objetivo es producir más racimos, es conveniente dejar estos racimos con uno o dos frutos menos que los racimos anteriores.

Las exigencias del mercado. Según el mercado para el cual se produce, se requiere cierta proporción de frutos de diferentes calibres o tamaños. El tamaño depende en parte de la variedad y las condiciones climáticas, pero se puede también manipular a través de la poda de frutos.

En variedades de crecimiento compacto y vigoroso (frutos multiloculares), sembradas en clima medio con una densidad de aproximadamente 2,5 plantas por m2, se deben dejar solamente cuatro frutos en los primeros dos racimos para no sobrecargar la planta y permitir que éstas sigan creciendo normalmente y emitiendo nuevos racimos florales. Más adelante se pueden dejar 5 frutos por racimo mientras la planta esté en buenas condiciones de vigor. En clima frío moderado, donde el desarrollo del cultivo y de los frutos es más lento, se pueden dejar más frutos que en clima medio. Aquí se recomiendan de 4 a 5 frutos en los primeros dos racimos, después de 5 a 6 frutos en los siguientes racimos.

Las variedades con hábito de crecimiento abierto y con frutos más pequeños tienden a formar inflorescencias con numerosas flores. Por eso, es necesario eliminar algunas flores para que los frutos que se formen puedan crecer más homogéneamente y alcanzar tamaños un poco mayores hasta donde el potencial genético de la planta lo permita. Generalmente, el primer fruto de los racimos es el más grande, pero a veces éste crece tan rápido que los demás frutos se quedan pequeños, o, en algunas variedades, el primer fruto tiende a deformarse y perder su valor comercial. Si esto ocurre se puede optar por eliminar el primer fruto de forma sistemática.

Fuera de la poda de frutos para equilibrar el crecimiento vegetativo con el generativo, también se hacen podas sanitarias y podas para eliminar malformaciones. Frutos con pudrición apical, frutos con síntomas de ataque por enfermedades o insectos, o con malformaciones como “cara de gato” deben eliminarse tan pronto se detecta el síntoma. Dejarlos más tiempo en la planta sería sólo un gasto de energía para el cultivo.

Poda de hojas bajeras

A medida que las plantas maduran y se cosechan los frutos de los racimos más inferiores, las hojas más antiguas situadas en esta zona comienzan a amarillarse y a morir. Éstas deben ser eliminadas para permitir una mejor ventilación y bajar a su vez la humedad relativa en la base de las plantas. La eliminación de estas hojas se debe comenzar al finalizar la recolección de los frutos del segundo racimo, y de ahí en adelante se deben seguir podando a medida que maduran los racimos. La poda se puede hacer simplemente partiéndolas con los dedos al nivel del tallo para evitar al máximo las cicatrices y se deben retirar inmediatamente del invernadero para eliminar cualquier infección.

En términos generales, siempre se trata de mantener una buena área foliar sin que ésta sea excesiva. En variedades muy “frondosas” se puede podar de vez en cuando algunas hojas en la parte bajera y del medio. Esto aumentará la ventilación en el cultivo y disminuirá la incidencia de enfermedades sin afectar la producción.  Una recomendación general para casos en los cuales se ha implementado un programa de control biológico de mosca blanca mediante el uso de parasitoides, es la de revisar las hojas antes de la poda para verificar si todavía se encuentran pupas de mosca blanca parasitándolas. Si esto ocurre, se recomienda dejarlas hasta que emerjan los adultos de los parasitoides.

Tutorado y enrollado

El tutorado consiste en guiar verticalmente las plantas a lo largo de una cuerda de plástico o de tela que va desde la base de la planta (tercera o cuarta hoja) hasta un alambre ubicado directamente sobre las plantas a 2,5 a 3,0 metros de altura y tendido en el mismo sentido del surco (foto 4). Para sostener la planta a lo largo de la cuerda se pueden
usar abrazaderas de plástico, las cuales se anillan al tallo por debajo del pecíolo de una hoja completamente desarrollada y resistente. También se puede tutorar la planta enrollándola a la cuerda, en el sentido de las manecillas del reloj, cada 2 o 3 hojas o una vuelta por cada racimo.

Se debe tratar de hacer esta labor sin maltratar a las plantas, es decir, no envolverlas más de lo necesario y no estrangularlas. La labor de enrollado de las plantas se hace semanalmente y hasta dos veces por semana durante las primeras semanas de desarrollo a temperatura elevada, cuando el crecimiento de las plantas es muy rápido. Posteriormente, cuando comienza la formación de frutos el enrollado se puede hacer una vez por semana.
Es importante enfatizar que durante el enrollado la parte superior de la planta (la cabeza) debe quedar libre para permitir una expansión normal de las hojas y evitar su entorchamiento. A medida que crece la planta, será necesario descolgarla para facilitar su mantenimiento.

Polinización

La planta del tomate es “autopolinizadora”, por lo cual no se requiere de polinización cruzada. Los tomates son polinizados normalmente por el viento cuando crecen al aire libre. En cambio, en los invernaderos, el movimiento de aire es insuficiente para que las flores se polinicen por sí mismas, siendo necesaria la vibración de los racimos florales para obtener una buena polinización.

En los cultivos bajo invernadero, los productores hacen una vibración de la planta golpeando el sistema de tutorado. Otros productores no toman ninguna medida para mejorar la calidad de la polinización.

Las condiciones climáticas también son importantes para una buena polinización. Para prevenir la caída de flores, la temperatura promedio no puede exceder 25 °C, especialmente en condiciones de baja luminosidad. Por debajo de 15 °C existen problemas con la fecundación y por debajo de 10 °C se detiene el proceso.

La humedad del aire también tiene una influencia directa en la fecundación. Valores elevados, especialmente con poca iluminación, pueden reducir la viabilidad del polen. Buitelaar & Eindhoven (1986) definen el rango óptimo de humedad relativa para la polinización entre 60 y 85%. Debajo de este rango se reducen las características pegajosas del estigma, lo que puede disminuir la adhesión y germinación del polen. A la vez, humedades muy bajas ocasionan la desecación del polen haciéndole perder su efectividad. Por encima del rango mencionado se reduce el desprendimiento del polen de la antera.

Todo el proceso de fecundación dura, en condiciones normales, aproximadamente 50 horas. Cuando la polinización se ha efectuado correctamente, al cabo de una semana comienzan a formarse los frutos; esto es lo que se denomina cuajado de la flor. Cuando las plantas son jóvenes y producen sus primeros racimos florales, éstos se deben polinizar todos los días o como mínimo cada 48 horas hasta que se observen los primeros frutos. Es muy importante asegurar que en estos primeros racimos se formen frutos, ya que ello induce a la planta a un estado reproductivo que favorecerá positivamente la floración y la productividad de la misma. Para incrementar la productividad del cultivo de tomate bajo invernadero, se recomienda implementar algún tipo de medida para polinización, entre las 9 y 10 a.m., cada día de por medio, desde el inicio de la floración.

Ciclo de cultivo

La duración del ciclo de cultivo del tomate está determinada principalmente por la variedad y por las condiciones del clima en las cuales se produce el desarrollo de la planta. Cuando se realiza el trasplante al invernadero, ya ha ocurrido la diferenciación floral, es decir, ya se ha dado origen a la primera inflorescencia, aunque ésta no sea visible todavía. El tiempo transcurrido hasta la apertura de la primera flor de la primera inflorescencia depende de la radiación total recibida, pero puede estar entre 40 y 50 días después de la siembra de la semilla. El desarrollo de la flor, por su parte, está determinado fundamentalmente por la temperatura, siendo las temperaturas diurnas más importantes que las nocturnas en la promoción del desarrollo de las flores. Cuando la flor ha alcanzado un completo desarrollo, se produce la fecundación del fruto como consecuencia de la polinización. El tiempo requerido desde el cuajamiento del fruto hasta que se desarrolla un fruto maduro oscila entre 7 y 9 semanas, en función de la variedad, la posición en el racimo y las condiciones ambientales.

Inicialmente, el crecimiento del fruto es lento durante las primeras 2 o 3 semanas y se alcanza un 10% del peso total del fruto. Posteriormente, viene un período de rápido crecimiento que dura entre 3 y 5 semanas, en el cual el fruto alcanza prácticamente su máximo desarrollo. Finalmente, hay un período de crecimiento lento de unas dos semanas, en el que el aumento en el peso del fruto es pequeño, pero se producen cambios metabólicos característicos de la maduración (Chamarro, 1995).

Renovación del cultivo

Cuando la productividad de las plantas comienza a decrecer, es necesario hacer una renovación del cultivo. Debido a los altos costos de producción de tomate bajo invernadero, es necesario aprovechar al máximo el área disponible a lo largo del año. Al momento de hacer la renovación de un cultivo, el punto de crecimiento de la planta se elimina mediante un corte 2-3 hojas por encima del racimo en floración más alto.

Esta práctica se debe hacer por lo menos 5-6 semanas antes de la fecha destinada para renovar el cultivo, con el objetivo de que durante ese tiempo los frutos que ya se han formado en la planta alcancen su máximo tamaño y puedan ser cosechados.

Simultáneamente con la eliminación de los puntos de crecimiento, se debe hacer la siembra de las plántulas para el siguiente cultivo, de tal manera que se pueda minimizar el período de tiempo en que no hay producción.
Otra forma para renovar el cultivo consiste en trasplantar nuevas plántulas en medio de plantas viejas que están próximas a eliminarse, de tal forma que en el momento de la eliminación de las plantas viejas, las nuevas plantas tengan un desarrollo avanzado y comiencen a fructificar en pocas semanas.

Control de malezas

Las malezas, también llamadas arvenses, son todas aquellas plantas que en un momento dado dificultan o interfieren de una u otra forma en el crecimiento de un cultivo.

En el cultivo del tomate –al igual que en todos los cultivos– las malezas tienen dos efectos diferentes: 1) competir en la toma de agua, nutrientes y luz, y 2) ser hospederas alternativas de hongos y plagas que pueden afectar al cultivo.
En la toma de agua, la interferencia no suele ser muy importante si el agua es un recurso abundante. Pero si no lo es, como en muchas partes, la competencia puede ser importante, especialmente por aquellas malezas que poseen sistemas radiculares más desarrollados que los del tomate. Con respecto a los nutrientes, si el suelo está bien fertilizado con nitrógeno, fósforo y potasio, la competencia se produce principalmente por elementos secundarios y micronutrientes.

La competencia por luz se origina más tardíamente y es más severa en malezas con gran desarrollo foliar. El grado de interferencia está condicionado principalmente por el estado de desarrollo de la planta de tomate, siendo mayor entre la germinación y las primeras semanas del trasplante definitivo.

El control de las malezas, al igual que el de plagas y enfermedades, también requiere un control integrado que combine el control con herbicidas (naturales o sintéticos) con algunas prácticas culturales: preparar muy bien el terreno donde se van a trasplantar las plantas, ya sea mediante labores manuales o mecánicas, contribuye a controlar las malezas pero no es suficiente para solucionar el problema.

Se pueden cubrir las camas donde se va a hacer el trasplante con un acolchado. El acolchado puede ser de tipo vegetal como cascarilla de arroz, tamo, entre otros, o sintético. El acolchado más común en tomate consiste en una lámina de plástico (negro, gris o blanco lechoso) que se coloca sobre el suelo a lo largo y ancho de la cama, el cual se asegura al suelo apisonándolo con la tierra de los bordes de la cama. Después de instalado, el plástico se  perfora únicamente en los sitios en donde se siembran las plantas. El uso de acolchados, además de ejercer una barrera física que obstaculiza la emergencia de malezas, también disminuye la luz dentro de la cama, impidiendo que éstas puedan emerger.

En cuanto al control con herbicidas, el uso de químicos requiere conocimientos mínimos tanto de los productos a utilizar como de las malezas predominantes en la zona donde está el cultivo, puesto que el tomate es una planta especialmente sensible a sufrir daños ocasionados por herbicidas. Frecuentemente, el daño relacionado con los herbicidas puede ser similar al causado por otras fuentes, tales como exceso de sales fertilizantes. Los síntomas de daños por herbicidas no siempre son definitivos y daños similares pueden resultar de la aplicación de diferentes plaguicidas.

Descarga el documento completo en PDF

Galería de fotos

Fuente: www.utadeo.com

Compartir:
Compartir:

Nunca antes hemos tenido tantas opciones para cultivar aunque no tengamos un trocito de tierra donde hacerlo. Existen las mesas de cultivo, el cultivo en azoteas, en paredes como huertos verticales y un sinfín de ideas para poder cultivar aunque sea una mata de guindillas o rábanos o tomates cherry en un simple jardinera o maceta, todas estas son diferentes formas de tener un huerto urbano.

La desconexión de la gente urbanita con la naturaleza es abrumadora. Aunque creemos espacios verdes como jardines y parques, siempre hay una separación física que influye en nuestra genética ancestral. El asfalto, por lo general nos cansa y necesitamos escapar de la ciudad a menudo para sentir el aire más limpio y fresco.

Esta misma desconexión la hemos sufrido con la alimentación. Todo viene envasado, todo viene encerado, impoluto, brillante, sin gusanos, sin caracoles entre hoja y hoja de lechuga. Todas las verduras son turgentes, perfectas, sin manchas, sin hojas comidas por alguna larva de algún insecto o pájaro hambriento de brotes verdes.

Y es después de esa desconexión tan absoluta cuando mucha gente siente la irrefrenable sensación de volver a mancharse las manos de tierra y estar preocupado por el riego, por el abonado, por las malas hierbas, por los insectos depredadores… todo ello para conseguir en muchos casos aunque solo sea 4 lechugas y 3 tomates que comes con más intensidad que cualquier tomate raff bio en caja de madera y con todas las etiquetas de ecológico que hayas podido comprar. ¿Por qué? Muy sencillo. Lo has hecho tú.

El coste de la tierra para un huerto urbano

Parece una nimiedad pero es por lo primero por lo que tenemos que empezar. Tener un suelo donde cultivar es algo inherente a la agricultura y al huerto. ¿Seguro? En la gran mayor parte de casos sí, pero recuerda que hay infinidad de proyectos de huertos en ciudades en casi cualquier espacio.

Una azotea, un balcón, un patio, el bajo de una casa, hasta una maceta! Pero no vamos a discutir que quien tenga un cacho de jardín, o un pueblo cerca de donde vive, tiene mucho ganado. Afortunadamente, los agentes sociales de las ciudades (ayuntamientos, asociaciones etc) de muchos sitios, se han dado cuenta del aumento de tenencia a cultivar en las ciudades.

No tengo tierra. ¿Cómo empiezo?

Si no tienes un pedazo de suelo donde empezar, el plan número uno es empezar por una mesa de cultivo, tierra, semillas y una regadera. No necesitas mucho más.

Las mesas de cultivo son la mayor inversión inicial si optas por este tipo de huerto urbano. El rango de precios es muy amplio, hay de todos los tipos.

Las semillas son baratas. Aunque si eres nuevo en esto te recomendamos que empieces en primavera comprando plantones de hortalizas ya germinadas, lechugas por ejemplo.

¿Si tengo tierra, por dónde debería empezarmi huerto urbano?

Tener un pequeño terreno es lo ideal para producciones algo mayores que te permitan incluso regalar hortalizas a familiares y amigos pero requiere una inversión inicial algo más elevada. Si tenemos más metros, necesitaremos aperos algo más adecuados. Azadones, y pala para quitar piedras y cantos, igualar el suelo y airearlo si está compactado.

El bancal profundo es una de las maneras más interesantes de empezar para recuperar un suelo que no ha sido utilizado y enriquecerlo con estiércol compostado equino y algo de mantillo a partes iguales.

El siguiente punto es saber de dónde vamos a obtener un punto de agua para el riego. Una vez lo tengamos, debemos decidir si regamos a manguera o regadera de primeras o si queremos automatizarlo. En este caso, el coste de electroválvulas, programador, cableado, tubos, codos, conexiones, grifería, difusores de riego etc requieren una inversión algo mayor. Si se saca partido, al final, merece la pena hacer tu propio sistema de riego.

Fuente: agromatica.es

Compartir:
Compartir:

El manejo de plagas está apoyado en los principios ecológicos que incluye la integración de diferentes componentes y habilidades de control en un sistema de Manejo Integrado de Plagas (MIP). Se puede definir como “uso de medidas de control (culturales, biológicas y químicas) tendientes a reducir las poblaciones de la o las plagas que afectan un cultivo, a niveles que no causen daño económico y que permitan su producción y comercialización en forma competitiva”.Manejo Integrado de Plagas

El MIP lo que intenta es disminuir el uso de plaguicidas; aunque son un papel clave en la protección de las plantas, siguen formando parte integral del MIP.

Debemos considerar algunas prácticas importantes:

 

– Fenología del cultivo en la zona de influencia de la plaga (Figura 1).

– Biología y comportamiento de la plaga, para conocer los puntos débiles que permitan enfocar un control más efectivo (Figura 2).

Manejo Integrado de Plagas

– Muestreo y monitoreo para estimar las poblaciones de las plagas y los umbrales de daño económico (Figura 3).

Manejo Integrado de Plagas

– Dinámica de la población de las plagas.

– Introducción de control biológico como entomopatógenos, depredadores y parasitoides (Figura 4).

– Evaluación individual de los componentes de control, seleccionados para determinar su contribución en el control.

– Compatibilidad, armonía y eficacia de los diferentes métodos de control cuando se integran en un programa de manejo integrado.

– Establecer el impacto que puedan producir los procedimientos de control.

Recomendaciones de Manejo Integrado de Plagas

 

En el Manejo Integrado de Plagas, al incorporar uso de distintos métodos de control, orientado a disminuir al mínimo el uso de insecticidas de síntesis química, protegerán la fauna benéfica existente en el agroecosistema, para incrementar los agentes biológicos presentes en el campo.

Beneficie el control natural Permita y fomente al máximo los enemigos naturales que normalmente afectan una plaga, propias del campo (control biológico inundativo) (Figura 5).

Manejo Integrado de Plagas

Control biológico clásico Liberación de parasitoides y depredadores para el control de una determinada plaga. Se incluyen también aplicaciones de formulaciones de bacterias, hongos, virus y nematodos para el control de insectos (Figura 6).

Control cultural Se basa principalmente en una buena preparación del terreno, rotación de cultivos, períodos cortos de siembra, uso de variedades resistentes o tolerantes a la plaga, siempre y cuando sea posible obtenerlas, manejo de residuos de cultivos, control mecánico de malezas (Figura 7).

Manejo Integrado de Plagas

Trampas pegajosas amarillas en el Manejo Integrado de Plagas

 

El uso de trampas amarillas pegajosas (Figura 8), ayuda a reducir las poblaciones de insectos voladores antes y durante el establecimiento del cultivo. Sin embargo, debe considerarse que estas trampas, también atraen enemigos naturales, especialmente parasitoides (microavispas) y depredadores (como chinitas, crisopas y sírfidos entre otros).

Manejo Integrado de Plagas

Bandejas de color amarillo

 

Las bandejas de color sirven especialmente para detectar infestaciones tempranas de pulgones, en su confección se utilizan bandejas amarillas con agua mezclada con un poco de detergente o jabón líquido (trampa Moericke) (Figura 9) con el fin de romper la tensión superficial del agua, para que los insectos puedan hundirse y ahogarse.

También hay que considerar que atraen insectos benéficos, al igual que las trampas amarillas pegajosas.

Feromonas

 

Las feromonas son compuestos químicos que liberan los adultos de los insectos de una misma especie para el apareamiento u otros fines, como comunicar lugares de oviposición o indicar algún camino. Las feromonas en agricultura se utilizan principalmente para el control de plagas y, dado que son sustancias naturales, se incluyen dentro de programas de MIP combinando su uso con otros métodos de control biológico.

Feromonas sexuales: son liberadas por la hembra para el apareamiento. Al ser volátiles cubren grandes distancias y actúan sobre un pequeño grupo de insectos.

Su implementación se basa en instalar en determinados puntos del cultivo una trampa con feromona específica, para así atraer al macho, el que queda pegado en una cubierta pegajosa (Figura 10).

Manejo Integrado de Plagas

Corredores biológicos

 

La biodiversidad se puede aumentar a través del establecimiento de diferentes modificaciones ambientales que pueden ser favorables para el agroecosistema. Los Corredores Biológicos (CB), corresponden a áreas con alta diversidad de plantas con flores, capaces de atraer enemigos naturales que controlan plagas (microavispas, parasitoides, sírfidos, crisopas y chinitas) y polinizadores como por ejemplo Apis mellifera.

Idealmente se deben colocar en los bordes de campos y/o invernaderos (Figura 11).

Uso de cultivo trampa en el Manejo Integrado de Plagas

 

El establecimiento de cultivos trampas es una estrategia agroecológica que consiste en la siembra de una especie vegetal más atractiva para la plaga en los bordes o dentro del cultivo principal e inclusive con la misma especie, pero en un estado fenológico distinto y más atractivo (Figura 12).

De esta manera la plaga migrante se concentra en este cultivo, reduciendo, la densidad e intensidad de la plaga, minimizando el daño económico en el cultivo principal.

La ubicación y el diseño de la siembra del cultivo trampa depende de la forma y dimensiones del paño con el cultivo comercial, en la Figura 13 hay algunas alternativas. Control químico Se usan insecticidas químicos para disminuir las plagas, sólo en casos necesarios, cuando la plaga alcanza los índices de umbral de daño económico y no existe otra forma de impedir el daño al cultivo.

Debe ser selectivo y se deben usar dosis bajas, con el fin de que se ejerza control y que no se destruya la fauna benéfica. En esta forma se ocasiona el menor daño posible al agroecosistema.

Se puede disminuir el daño de los enemigos naturales por los plaguicidas mediante tres métodos: La reducción de la cantidad o la frecuencia de aplicación. El empleo de los plaguicidas fisiológicamente selectivos que son más seguros en contra de los enemigos naturales.

La alteración de las técnicas de aplicación para reducir el contacto de los productos químicos con los organismos benéficos.

 

– Siempre tener en cuenta cuando utilice plaguicidas:

– Conocer la regulación nacional de las aplicaciones.

– Leer bien y seguir las instrucciones de la etiqueta (Figura 14).

Manejo Integrado de Plagas

– Utilizar guantes, mascarilla y gafas para la preparación y aplicación.

– Aplicar a favor del viento.

– Guardar plaguicidas en una bodega con llave fuera del alcance de niños

– Lavarse bien las manos y las partes en contacto, después de la aplicación

– No tomar bebidas alcohólicas después de la aplicación

– Acudir al médico inmediatamente en caso de intoxicación

Importante

Realice triple lavado de los envases vacíos de productos plaguicidas (Figura 15):

Manejo Integrado de Plagas

Compartir:
Compartir:

Mediante la agricultura vertical, una empresa alemana dedicada a la producción de hortalizas ha demostrado que es posible reducir en un 99% la superficie de cultivo y en un 95% el consumo de agua, sin pesticidas ni químicos, gracias a la agricultura vertical.

De la mano de SSI Schaefer, esta empresa ha construido huertos verticales altamente automáticos utilizando su solución SSI LOGIMAT, un almacén vertical que aporta las condiciones necesarias para sus cultivos.

SSI LOGIMAT proveyó la plataforma tecnológica necesaria, tanto las soluciones físicas, en forma de sistemas para almacenamiento y desalmacenamiento, como un software adecuado que pudo integrarse en las soluciones de software propias de la empresa. El resultado posibilita una solución que es hasta 400 veces más eficiente que la agricultura tradicional y que permite que en un área de 25 m² sea posible cultivar el equivalente a lo que se produce en 8.000.

La agricultura vertical representa un modelo con múltiples ventajas: permite acercar el producto al consumidor, acorta considerablemente la cadena de suministro, y con ello la necesidad de transporte y las emisiones de CO₂ en un contexto en el que el cambio climático, junto con el agotamiento de los recursos, la pérdida de ecosistemas y de biodiversidad, son un hecho. Significa asimismo un mejor acceso a alimentos frescos, nutritivos y diversos para el consumidor y también empleos mejor pagados y de mayor calidad para una nueva generación de agricultores, destacan los fundadores de esta empresa.

SSI Schaefer estará presente en el evento Logistics & Automation de Ifema Madrid que se llevará a cabo los días 26 y 27 de octubre.

 

Fuente: financialfood.es

Compartir:
Compartir:

El expresidente y miembro de la Asociación Dominicana de Productores de Banano (Adobanano), Rafael Sosa, describió como “dramática” la situación que están viviendo los productores de bananos, alertando que las redadas y repatriaciones que realiza Migración están poniendo en peligro la producción y comercialización de la fruta, incidiendo en que la inestabilidad y la falta de personal para trabajar en las plantaciones «puede llevar a la quiebra a los productores».

En entrevista con Listín Diario, explicó que desde hace dos meses se han intensificado las redadas y operativos de repatriación y que no vale que los trabajadores haitianos porten sus carnets de permiso para trabajar en las plantaciones ni su pasaporte.

“Hasta a las dos de la mañana llegan los militares y no vale que tengan su carnet o pasaporte, se los llevan como quieran”, expresó Sosa, quien indicó que se están violentando todos los acuerdos que ha hecho la Asociación en función de regularizar los trabajadores.

 

Fuente: listindiario.com

Imagen: diariolibre.com

Compartir:
Compartir:

Apoyados con 250.000 libras de financiación, los médicos de cabecera de los distritos londinenses han empezado a recetar frutas y verduras a sus pacientes.

Las autoridades locales de Tower Hamlets y Lambeth y una organización benéfica local, que aportan los fondos, evaluarán si esta iniciativa piloto ayuda a combatir las enfermedades relacionadas con la dieta y la inseguridad alimentaria.

A los participantes (122 residentes) en el proyecto piloto se les recetarán, a lo largo de un año, vales de entre 6 y 8 libras a la semana, añadiendo 2 libras más a la semana para que cada miembro de la familia los gaste en comercios locales.

Si el proyecto piloto se considera un éxito, podría extenderse a todo el Reino Unido, siempre en función de la financiación disponible.

Fuente: www.pulsetoday.co.uk

Compartir:
Compartir:

Hay muchos condicionantes que pueden restar rendimiento a las aplicaciones foliares, como la temperatura, el tamaño de la hoja, su estado fenológico, etc.

aplicaciones foliaresLas aplicaciones foliares de nutrientes no son algo moderno…

 

Ni mucho menos. Hay documentación que constata que se aplicaba en 1.844 sulfato de hierro para corregir clorosis férrica en vides destinadas a producir vino en Francia.

Lo que sí se ha modernizado es la eficiencia de los nutrientes que aportamos foliarmente, ya que actualmente podemos aprovechar las ventajas que nos ofrecen los últimos quelatos o complejos que se absorben rápidamente y reducen las pérdidas en su aplicación.

Aunque comúnmente se piensa que es así, hay una vertiente científica que rechaza que la absorción de nutrientes foliares se haga a través de los estomas. Reivindican que los estomas sólo tienen la función de absorber elementos gaseosos (intercambio gaseoso) y que las gotas de agua suelen ser varias veces mayor al tamaño de la apertura estomática.

Contando con la tensión superficial del agua, es difícil que se pueda introducir a través de los estamos.

Por el contrario, se defiende que los nutrientes se absorben a través de los poros de la hoja (no son estomas) mediante el gradiente de concentración, atravesando distintas capas de la hoja por varias rutas de absorción.

Las etapas de las aplicaciones foliares de nutrientes

 

Cuando aplicamos un producto nutricional o incluso un fitosanitario para combatir alguna plaga o enfermedad, el proceso de absorción pasa por varias etapas. Concretamente 3 etapas.

Etapa 1: retención de los nutrientes o materias activas en la hoja

 

Cuando aplicamos de forma foliar un nutriente o una materia activa (fitosanitario), parte de estas sustancias quedan retenidas en la hoja, otras se pierden.

De hecho, una condición importante es que el producto que apliquemos tenga la propiedad química de quedar retenido en la hoja al menos unas cuantas horas (lo mejor es más de 3 horas).

Esto garantiza la máxima absorción del producto, por lo que es muy conveniente mirar la predicción del tiempo y observar que no va a llover o hacer viento en las siguientes horas.

Un consejo: cuanta más humedad ambiental haya (medida en % de humedad relativa), mejor permeabilidad tendrá la cutícula de las hojas y mayor absorción habrá. Al contrario de lo que podamos pensar de que por estar seca va a absorber más, como si estuviese sedienta.

También es aconsejable el uso de tensioactivos o productos que aumentan la solubilidad, miscibilidad y reducen el tamaño de gota de los nutrientes. Con ello se consigue que la aplicación foliar sea más efectiva, medida en mayor porcentaje de producto absorbido por la hoja.

aplicaciones foliares

Etapa 2: transporte de la sustancia al interior de la hoja (células)

 

En esta etapa, los nutrientes se han absorbido de la superficie de la hoja al interior de las capas, desplazándose hacia el interior de forma progresiva.

Las células epidermales actúan como barreras naturales que impiden que determinadas sustancias sean absorbidas o no y pasen el “filtro natural” impuesto por las plantas. La velocidad de absorción dependerá de las condiciones de la planta y de la concentración del soluto. Es decir, de la concentración de sales en el medio acuoso.

Etapa 3: movimiento del nutriente hacia los órganos (como los frutos)

 

Los nutrientes o compuestos se desplazan a través de las células a través de 2 movimientos. Entre los espacios de las células (espacios intercelulares), conocido como apoplasto, o bien a través del interior de las céluas (espacios intracelulares), conocido como simplasto.

Las sustancias aplicadas foliarmente se dirigen a los órganos donde mayor demanda haya del nutriente. Por ejemplo, en el caso de que hagamos una aplicación foliar de hierro, se desplazará lentamente hasta las hojas jóvenes que presentan un estado clorótico por carencia de este elemento.

En el caso de que hagamos una aplicación en fertirrigación para corregir una carencia, tiene el inconveniente de que el desplazamiento es mayor (desde las raíces hasta la parte aérea, en el caso de una carencia de hierro). Por eso, muchas veces se recurre a las aplicaciones foliares, aunque habrá que tener en cuenta condicionantes especiales según el producto.

La rapidez en la absorción foliar depende del nutriente elegido

 

No todos los nutrientes tienen las mismas propiedades químicas ni el mismo tamaño molecular. Por tanto, es de esperar que su tasa de absorción sea distinta.

De los nutrientes conocidos, ésta sería la clasificación de mayor  a menor absorción del 50% de la aplicación.

– Nitrógeno: de 30 minutos a 2 horas

– Fosforo: de 5 a 10 días

– Potasio: de 10 a 24 horas

– Calcio: 1 a 2 días

– Magnesio: 2 a 5 horas

Igualmente también depende, dentro de cada uno de estos nutrientes, la distinta naturaleza de ellas. Por ejemplo, el caso del potasio, cuyo aporte puede hacerse con nitrato potásico, fosfato monopotásicosulfato potásico, etc.

En esta imagen vemos el ejemplo de la tasa de absorción a las 24 horas de aplicación. Vemos que el nitrato potásico tiene una eficiencia inferior al 50%, pero mucho mayor que el resto de soluciones ricas en potasio aplicadas de forma foliar.

En el caso del sulfato potásico, menos del 20% de las sales aplicadas por pulverización foliar han conseguido ser absorbidas. Además, de ese 19,4%, aún siguen habiendo pérdidas, puesto que sólo el 13,2% se transloca desde la hoja hacia los órganos como los frutos.

Esta imagen representa la diferencia en la distribución del ión de hierro sobre la hoja en distintas condiciones. En el caso A, con una hoja sana y de color verde, y en el caso B, con una hoja estresada con problemas de transporte y crecimiento restringido.

aplicaciones foliares

¿Cuándo es recomendable realizar aplicaciones foliares?

 

Por norma, las aplicaciones foliares no tienen ningún tipo de restricción siempre que sean aptas para aplicar.

El mejor uso de los tratamientos aéreos se hará cuando tengamos problemas en suelo y una baja tasa de asimilación radicular.

Esto puede deberse a problemas con el pH, suelos bloqueados por antagonismos de nutrientes, bajo porcentaje de materia orgánica, encharcamientos, sequía extrema etc.

También hay que contar con que la fertilización foliar es más eficiente que la fertirrigación, por lo que está totalmente recomendada en situaciones de carencia de algún nutriente. Esto se debe a que al aplicar el nutriente requerido a través de las hojas se dirige con mucha más facilidad a las partes donde se necesita, y no tiene que recorrer el largo camino desde las raíces hasta los órganos.

Los tratamientos foliares son recomendables en momentos de máxima necesidad, cuando las raíces no tienen la suficiente energía para asimilar todos los nutrientes que necesita.

Ten en cuenta que la absorción de nutrientes por parte de las raíces no se hace a coste cero y tiene que gastar energía para tomar otra. En el caso de los cationes, libera H+ para compensar la asimilación de iones de carga positiva y estar siempre en equilibrio iónico.

Algo a tener en cuenta es que los nutrientes tienen distintas formas de desplazarse, por lo que se puede diferenciar entre los nutrientes de alta movilidad y los de baja movilidad.

aplicaciones foliares

Nutrientes de alta movilidad

 

Lo son el nitrógeno, fósforo, potasio, magnesio, etc. Las aplicaciones tanto en fertirrigación como en los tratamientos foliares se transportan bien dentro de la planta y las correcciones de los estados carenciales suelen llevar poco tiempo (varios días como mucho).

Nutrientes de baja movilidad

 

Sin embargo, tenemos muchos micronutrientes (hierro, manganeso, zinc, cobre, etc.) con baja movilidad que dependen de muchos condicionantes para ser transportados. El movimiento es lento y la corrección de las clorosis suele llevar algunos días más.

Un claro ejemplo es el de la clorosis férrica y la corrección, que puede llevar más de una semana con repeticiones en las aplicaciones.

Fuente: agromatica.es

Compartir: