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Los científicos han desarrollado la fotosíntesis artificial como medio para producir alimentos sin necesidad de la fotosíntesis orgánica.

 Fotosíntesis artificialFotosíntesis artificial

 

El proceso convierte el agua, la energía y el dióxido de carbono en acetato a lo largo de dos pasos electrocatalíticos.

Después, en la oscuridad, los organismos que producen alimentos utilizan el acetato. La conversión de la luz solar en alimento podría ser hasta 18 veces más eficiente con el sistema híbrido orgánico-inorgánico.

Durante millones de años, la fotosíntesis se ha desarrollado en las plantas para convertir el agua, el dióxido de carbono y la energía solar en biomasa vegetal y en los alimentos que consumen los humanos.

Sin embargo, este mecanismo es increíblemente ineficiente, ya que sólo el 1% de la energía de la luz solar llega realmente a la planta.

Al adoptar la fotosíntesis artificial, los investigadores de las universidades de Delaware y Riverside han descubierto un medio para producir alimentos sin el requisito de la fotosíntesis biológica.

Proceso electrocatalítico

 

El estudio utilizó un proceso electrocatalítico de dos pasos para transformar el CO2, la energía y el agua en acetato, que es la forma química del ingrediente principal del vinagre.

Luego, en la oscuridad, los organismos que producen alimentos utilizan el acetato. Este sistema híbrido orgánico-inorgánico podría mejorar la eficiencia de la conversión de la luz solar en alimentos, hasta 18 veces más eficiente para algunos cultivos, cuando se combina con paneles solares para crear la electricidad que alimenta la electrocatálisis.

Con nuestro enfoque esperábamos descubrir un medio novedoso de fabricar alimentos que pudiera romper las restricciones impuestas por la fotosíntesis biológica, Robert Jinkerson, profesor adjunto de Ingeniería Química y Medioambiental de la Universidad de California en Riverside.

La salida del electrolizador se ajustó para ayudar al crecimiento de los organismos productores de alimentos con el fin de unir todas las partes del sistema.

 Fotosíntesis artificial

Electrolizadores

 

Los electrolizadores son máquinas que utilizan la electricidad para transformar sustancias químicas y productos inutilizables, como el CO2, en recursos básicos. Las mayores cantidades de acetato generadas en un electrolizador hasta la fecha se consiguieron aumentando la cantidad de acetato producido y reduciendo la cantidad de sal utilizada.

Fuimos capaces de obtener una alta selectividad hacia el acetato que no se puede alcanzar con las vías tradicionales de electrólisis de CO2 utilizando un montaje de electrólisis de CO2 en tándem de última generación construido en nuestro laboratorio, Feng Jiao, Universidad de Delaware.

Los experimentos revelaron que una variedad de especies productoras de alimentos, incluidas las algas verdes, la levadura y el micelio de hongos que produce setas, pueden cultivarse en la oscuridad directamente en la salida del electrolizador rica en acetato.

Con este método, la producción de algas es unas cuatro veces más eficiente desde el punto de vista energético que su cultivo por fotosíntesis. Cuando se utiliza el azúcar del maíz en lugar de los métodos de cultivo tradicionales, la producción de levadura es unas 18 veces más eficiente desde el punto de vista energético.

 Fotosíntesis artificial

Fotosíntesis biológica

Sin ninguna ayuda de la fotosíntesis biológica, hemos sido capaces de desarrollar criaturas que producen alimentos. Estas criaturas suelen crecer con azúcares vegetales o ingredientes derivados del petróleo, que son subproductos de la fotosíntesis biológica que se produjo hace millones de años.

En comparación con la producción de alimentos que depende de la fotosíntesis biológica, esta técnica es una forma más eficaz de convertir la energía solar en alimentos, Elizabeth Hann, estudiante de doctorado del laboratorio Jinkerson.

También se estudió si esta técnica podría utilizarse para cultivar. Cuando se cultivaron en la oscuridad, el caupí, el tomate, el tabaco, el arroz; la colza y el guisante verde fueron capaces de utilizar el carbono del acetato.

Descubrimos que diversos cultivos eran capaces de convertir el acetato que les dábamos en los componentes moleculares esenciales que un organismo necesita para desarrollarse y prosperar. Ahora estamos trabajando en técnicas de cultivo e ingeniería que podrían permitirnos cultivar con acetato como fuente de energía adicional para aumentar el rendimiento agrícola, Marcus Harland-Dunaway, estudiante de doctorado en el laboratorio Jinkerson.

Producción de alimentos con fotosíntesis artificial

 

La fotosíntesis artificial permite cultivar alimentos en las condiciones más complicadas; que ha traído el cambio climático humano al liberar a la agricultura de su total dependencia de la luz.

Si los cultivos para las personas y los animales crecieran en condiciones reguladas y menos intensivas en recursos, la sequía; las inundaciones y la menor disponibilidad de tierras serían un peligro menor para la seguridad alimentaria mundial.

Además, se podrían cultivar en zonas urbanas y otras regiones que ahora no son aptas para la agricultura; e incluso alimentar a los futuros viajeros espaciales.

El uso de técnicas de fotosíntesis artificial podría suponer un cambio de paradigma en la forma de alimentar a la población. A medida que la producción de alimentos sea más eficiente, se necesitará menos tierra, lo que reducirá el efecto medioambiental de la agricultura.

Además, la mejora de la eficiencia energética podría ayudar a alimentar a más miembros de la tripulación; al tiempo que se utilizan menos recursos para la agricultura en zonas no tradicionales, como el espacio, Robert Jinkerson.

Este método de producción de alimentos se presentó al Deep Space Food Challenge de la NASA y ganó la fase I.

Fuente: ecoinventos

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Cuando se trata del huerto, lo ideal es cultivar a partir de semillas. Suele ser más barato, ofrece más variedad y tiene un mayor índice de éxito que las plantas que se trasplantan de un lugar a otro. Pero puede ser un proceso difícil para los jardineros impacientes o principiantes que buscan satisfacción rápida.

Por suerte, hay una serie de verduras de crecimiento rápido que maduran en dos meses o menos. Así que, tanto si llegas tarde a la siembra de verano como si buscas llenar los huecos de tu jardín mientras cosechas otros cultivos, estas verduras son buenas para empezar.

Rábanos en el huerto

 

Conocidos por su rápida producción, los rábanos pueden pasar de la semilla al plato en tan sólo tres semanas. Además, ocupan mucho espacio y no requieren mucho esfuerzo para crecer. Para obtener los mejores resultados, planta las semillas de rábano con una separación de unos dos centímetros en un lugar soleado de tu jardín. Prueba la crujiente variedad French Breakfast, que puedes cosechar en menos de 30 días. Tienen un sabor suave.

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Bok Choy en tu huerto

 

Dependiendo de la variedad y del clima, el bok choy tarda entre 45 y 60 días en alcanzar la madurez. Las variedades pequeñas están listas incluso más rápido, en unos 30 días. No esperes a que toda la planta esté lista para cosechar para empezar a disfrutarla. Las plantas inmaduras proporcionan hojas y tallos más dulces y tiernos. Después de 21 días, puedes cortar unas cuantas hojas a la vez para mezclarlas en salteados o ensaladas.

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Pepinos en tu huerto

 

Los pepinos pueden cosecharse en el huerto en tan sólo 50 días después de su plantación, y a veces incluso antes si eliges una variedad mini como el pepino Green Light, una planta de alto rendimiento que producirá pepinos (y encurtidos, si decides hacerlos) durante todo el verano. Como les encanta trepar y expandirse, pon tu planta de pepino cerca de un enrejado o dale al menos dos metros de espacio abierto para que se extienda por el suelo. Consulta esta guía para cultivar pepinos.

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Espinacas

 

Rápidas y sencillas de cultivar en el huerto, puedes cosechar tu primera tanda de espinacas unas 4-6 semanas después de plantarlas. No dejes que las hojas verdes crezcan demasiado antes de recortarlas para usarlas en batidos, ensaladas, pastas o risottos. Cuando se trata de espinacas, lo mejor es cosechar poco y a menudo.

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Brassica juncea (mostaza castaña)

 

Las verduras como la col rizada y la berza tienen ciclos de crecimiento rápidos, pero si quieres algo diferente, prueba con las mostaza castaña. Esta planta con sabor a pimienta pasa de ser una semilla a una pequeña planta verde en tan sólo 25 días. Las plantas están listas para ser cosechadas entre 45 y 60 días.

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Fuente: ecoinventos.com

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1. Generalidades del cultivo

Descripción botánica

Actualmente existe una controversia sobre el nombre científico que le corresponde al tomate. Desde el año 1881, Philip Millar lo ubicó en el género Lycopersicon y lo denominó Lycopersicon esculentum, que ha sido el nombre más ampliamente usado desde entonces. Sin embargo, en 1753 Carlos Linneo, científico, naturalista y botánico – quien sentó las bases de la taxonomía moderna–, ya había colocado el tomate en el género Solanum asignándole el nombre científico de Solanum lycopersicum L.  Hoy en día, la evidencia genética (e.g., Peralta & Spooner, 2001) muestra que Linneo estaba en lo correcto al ubicar el tomate en el género Solanum. Esto ha aumentado la controversia y se espera que por algún tiempo, mientras se determina el genoma del tomate, ambos nombres se sigan encontrando en la literatura.  Por lo tanto, para propósitos de esta publicación utilizaremos el nombre Solanum lycopersicum L. para referirnos al tomate.

El tomate es una especie originaria de América, al parecer de las regiones montañosas de Perú, Ecuador y Chile. Es una planta herbácea, de tallo semi leñoso, cuyo sistema radicular está compuesto por una raíz principal de corta extensión ramificada en numerosas raíces secundarias. En la parte superior, al nivel del suelo, se desarrollan raíces adventicias que ayudan a mejorar el anclaje de la planta al sustrato. La raíz está compuesta por una epidermis o parte externa en donde se encuentran pelos absorbentes especializados en tomar agua y nutrientes. En el interior se localizan el córtex y el cilindro central conformado por el xilema, que es el tejido responsable del transporte de los nutrientes desde la raíz hacia las hojas y otros órganos de la planta.

El tallo, al igual que en muchas plantas superiores, es una continuación de la raíz. Generalmente mide entre 2 y 4 centímetros en la base de la planta y es más delgado en la parte superior donde se están formando nuevas hojas y racimos florales. El tallo también está conformado por epidermis, que contiene pelos glandulares, corteza, cilindro vascular (xilema) y tejido medular.

Las hojas del tomate son imparipinnadas, compuestas por foliolos alternos e impares que terminan en un foliolo individual en su parte apical. El número de hojas por tallo y la frecuencia de aparición de hojas están determinados principalmente por el tipo de hábito de crecimiento de la planta y por la temperatura. Por ejemplo, en plantas con hábito de crecimiento determinado, las hojas se forman a una tasa de 2 ½ por semana, a una temperatura promedio de 23 °C.

La flor del tomate es perfecta, con órganos femeninos y masculinos funcionales. En cada inflorescencia o racimo se forman varias flores y una sola planta de crecimiento indeterminado puede producir 20 o más inflorescencias sucesivas durante un ciclo de cultivo, bajo condiciones de invernadero. La formación de racimos florales ocurre más o menos cada semana y media.

El fruto del tomate está constituido por un 94-95% de agua. El restante 5-6% es una mezcla compleja en la que predominan los constituyentes orgánicos, los cuales dan al fruto su sabor característico y su textura. El fruto tarda de 60 a 70 días desde la antesis (cuajamiento) hasta el momento de la cosecha.

Hábitos de crecimiento

La planta de tomate inicia su crecimiento a partir de un tallo principal, formando entre 5 y 10 hojas antes de producir el primer racimo floral. Luego, comienzan a diferenciarse dos hábitos de crecimiento de la planta: el crecimiento indeterminado y el crecimiento determinado. En plantas de crecimiento indeterminado, se forma en la axila de la hoja más joven (la que está inmediatamente por debajo del racimo floral más reciente) una yema vegetativa que continúa el crecimiento y desplaza esta hoja a una posición por encima del racimo floral más reciente y sigue su crecimiento formando tres o cuatro hojas y luego un nuevo racimo floral. A partir de ahí el proceso se vuelve repetitivo, pues debajo de la nueva inflorescencia surge una yema que desarrolla nuevamente 3 o 4 hojas y un nuevo racimo floral y así sucesivamente se repite esta secuencia de crecimiento hasta que las condiciones sean favorables. De esta forma, las plantas de crecimiento indeterminado pueden crecer indefinidamente alcanzando longitudes mayores a 5 metros. Generalmente requieren sistemas de soporte o “tutorado” para mantenerse erectas. La producción de frutos se maneja a lo largo de toda la planta y para evitar la proliferación de nuevos tallos, deben podarse continuamente los nuevos brotes axilares.

En las plantas de crecimiento determinado, hay una fuerte brotación de yemas axilares y se producen menor número de hojas (una o dos) entre los racimos florales. Se caracterizan por alcanzar una longitud máxima de dos metros y desarrollar una inflorescencia por cada hoja. En estas plantas la producción se maneja dejando varios tallos que se desarrollan simultáneamente. La mayoría de las variedades para tomate de procesamiento o industria tienen hábito de crecimiento determinado ya que su corta estatura facilita los procesos de cosecha mecanizada.

Por lo general, las variedades de crecimiento determinado comienzan la producción unos días antes que las plantas de crecimiento indeterminado, pero la duración del período de cosecha es más corto. En condiciones de cultivo bajo invernadero en la Sabana de Bogotá, una planta de crecimiento indeterminado comienza la producción entre 3 y 3 ½ meses después del trasplante y el ciclo de cosecha puede durar en promedio cuatro meses.

Fisiología del cultivo

En términos sencillos, la fisiología es la forma como la planta de tomate funciona como respuesta a los factores ambientales y de manejo del cultivo. Por ejemplo, cuando se cultiva el tomate en invernadero el funcionamiento (crecimiento, formación de racimos florales, desarrollo de frutos, entre otros) es diferente al del cultivo a campo abierto, por efecto de las diferencias en la temperatura. De la misma manera, las prácticas de manejo como fertilización o podas hacen que la planta funcione de una u otra forma. Entender un poco la fisiología de la planta de tomate nos ayuda a comprender cómo las prácticas de manejo del cultivo inciden en su productividad.

La fisiología del cultivo depende de cada etapa de desarrollo (etapas fenológicas). La primera etapa de desarrollo –conocida como desarrollo vegetativo– se produce  desde la germinación y emergencia de la plántula hasta la aparición del primer racimo floral. En general, el primer racimo floral surge después de la formación de 5 a 10 hojas, cuando la planta tiene una altura mayor a 40 cm. En la segunda etapa de desarrollo se presenta un crecimiento simultáneo entre crecimiento vegetativo y reproductivo con la aparición de nuevas hojas y racimos florales a partir de los cuales se van formando progresivamente los frutos. Posteriormente, se inicia la etapa de producción en la cual los primeros frutos en desarrollarse comienzan su madurez y cosecha. En esta etapa, al tiempo en que se cosechan los frutos, la planta sigue desarrollando hojas y nuevos racimos florales. Finalmente se llega al estado de desarrollo en el cual, debido a factores asociados al tipo de hábito de crecimiento o a las prácticas de manejo, se detiene de forma natural o inducida el crecimiento de la planta y solamente se mantiene el desarrollo de los frutos que ya se han formado.

2. Propagación de tomate

Criterios de selección del material vegetal

El tomate es una especie que no responde al fotoperíodo (número de horas de luz en el día). Por tanto, los diferentes materiales disponibles pueden ser sembrados en Colombia. Sin embargo, al seleccionar una variedad o híbrido de tomate se deben considerar las siguientes características:

El hábito de crecimiento

Principalmente existen dos tipos de hábito de crecimiento para el tomate; el indeterminado y el determinado.. Es importante identificar el hábito de crecimiento para el tipo de tomate que se quiere sembrar, ya que de éste y de las características del invernadero se pueden generar variaciones en aspectos relacionados con el establecimiento y manejo del cultivo. A su vez, en las variedades de crecimiento indeterminado se presentan dos formas de crecimiento y desarrollo de las plantas. Por una parte, están las plantas de crecimiento abierto que son en general más precoces, con entrenudos largos, hojas pequeñas y frutos de tamaño medio. Estas variedades se adaptan muy bien en invernaderos que tienen una estructura alta para el tutorado de las plantas y principalmente en los casos en que el invernadero tiene problemas de ventilación, puesto que su menor densidad de hojas facilita esta función. Por otra parte, están las variedades de crecimiento compacto que se caracterizan por tener entrenudos cortos, con crecimiento vegetativo excesivo y frutos grandes.

El calibre y la forma del fruto

El calibre hace referencia al diámetro ecuatorial del fruto. En términos generales y según el calibre del fruto, los tomates pueden clasificarse como grandes, cuando su calibre es mayor a 82 mm, medianos, con calibre entre 57 y 81 mm, y pequeños, los de calibre inferior a 56 mm. En cuanto a la forma, los frutos de tomate pueden ser generalmente globulares, redondos o achatados. Estas características determinan en  gran medida el mercado y tipo de empaque para la comercialización; por ejemplo, para la presentación en bandejas se requieren frutos achatados y de tamaño mediano.

La forma de maduración

Básicamente existen tres formas de maduración de frutos: maduración estándar, cuando los frutos cambian de color al mismo tiempo en toda su superficie; hombros verdes, cuando durante la maduración los hombros permanecen con un color verde oscuro; y hombros ligeramente verdes.

La vida poscosecha

La duración o vida poscosecha del fruto es un aspecto de máxima importancia en la elección del material a cultivar. En el mercado existe una amplia oferta de materiales que poseen la característica de larga duración mediante la incorporación de genes que retardan la maduración y confieren mayor resistencia a la corteza.

La resistencia genética a enfermedades y desordenes fisiológicos

Es un factor muy importante en el momento de seleccionar un material. En la ficha técnica de los diferentes materiales (variedades o híbridos), se especifican las resistencias y/o tolerancias que presenta cada uno.

Las principales resistencias que se ofrecen en una variedad de tomate son las siguientes:

  • TMV = virus del mosaico del tabaco
  • TYLCV = virus de la cuchara del tomate
  • ToMV = virus del mosaico del tomate
  • TSWV = virus del bronceado del tomate
  • C2 = Cladosporium fulvum, razas A y B
  • C5 = Cladosporium fulvum, razas A, B, C, D, y E
  • V = Verticillium
  • F2 = Fusarium oxysporum f. lycopersici razas 1 y 2
  • Fr = Fusarium oxysporum f. radicis lycopersici
  • N = nematodos
  • PST = Ralstonia
  • S = Stemphylium

Entre los desórdenes fisiológicos a tener en cuenta durante la selección de un material están: el rajado de fruto, las bajas temperaturas y la maduración desuniforme del fruto conocida como blotching. También existen variedades o híbridos resistentes o tolerantes a condiciones ambientales como la sequía, la salinidad, el calor o el frío.

Estructuras, medios de propagación y prácticas de manejo

Infraestructura

Un semillero es un lugar destinado a la producción en forma controlada de plántulas de buena calidad antes del trasplante definitivo. El sitio seleccionado para su establecimiento debe ser de fácil drenaje y ventilación. La orientación y localización debe garantizar buena luminosidad, facilidad de acceso y realización de las prácticas de manejo.

Las instalaciones necesarias para la propagación de las plantas son el invernadero, los bancos de enraizamiento y el sistema de fertiriego. El invernadero es una estructura de metal o madera cubierta con un material transparente, comúnmente polietileno. Su función debe ser:

a) mejorar las condiciones ambientales para favorecer la germinación de manera que el sustrato seleccionado y su grado de humedad se mantengan constantes;

b) protección de agentes climatológicos adversos como viento y lluvia;

c) protección fitosanitaria preventiva, aislando las plántulas de focos de contaminación externa. Los bancos de enraizamineto o camas son las estructuras utilizadas para ubicar las bandejas con plántulas con el fin de aislar las plantas del suelo, promover la poda natural de raíces y facilitar las labores.

Finalmente, el sistema de riego y/o fertirriego, como su nombre lo indica, es el equipo utilizado para el riego y la nutrición de las plantas. Para un riego eficaz, se debe disponer de un suministro suficiente de agua de buena calidad agrícola, libre de fitopatógenos y sin exceso de sales. El sistema empleado debe garantizar facilidad para regular la frecuencia, cantidad y homogeneidad de los riegos, y también asegurar que el tamaño de gota y presión de aplicación no afecten el normal desarrollo de las plántulas. Los sistemas de riego varían desde medios manuales como regaderas y mangueras hasta sistemas automatizados de nebulización.

Sustratos y contenedores

El sustrato es el medio de cultivo en donde se desarrolla el sistema radicular de la plántula. El sustrato empleado para la siembra de tomate debe poseer ciertas características que permitan un adecuado desarrollo de la plántula. Algunas de esas características son:

  • Servir de soporte a la planta; debe ser liviano (densidad aparente menor a 0,2 g/cm3), y con alto porcentaje de espacio poroso.
  • Proporcionar una alta capacidad de retención del agua disponible.
  • Tener buen drenaje y aireación.
  • Presentar baja tendencia a la compactación.
  • Estar libres de patógenos, semillas y nemátodos.

Existen varios sustratos adecuados para la producción de plántulas de hortalizas en bandejas de propagación. Comercialmente, hoy en día están disponibles las mezclas sin suelo que generalmente contienen turba, fibra de coco, perlita, vermiculita, nutrientes y agentes humectantes. Las mezclas sin suelo se seleccionan por:

a) el suministro y homogeneidad. El material elegido debe ser uniforme y fácilmente disponible;

b) las propiedades físicas, químicas y biológicas deben garantizar un óptimo desarrollo de la planta;

c) la experiencia, no todos los sustratos requieren el mismo manejo, se recomiendan evaluaciones previas antes de utilizar nuevos sustratos o mezclas.

d) El costo, aunque es importante, no debe comprometer la calidad de la plántula.

Entre los principales sustratos para la producción de plántulas se encuentran la turba y la fibra de coco. Las turbas son principalmente vegetales fosilizados, constituidos de restos de musgos y otras plantas descompuestos parcialmente. Según el grado de descomposición, se clasifican en turbas rubias y negras. Las turbas rubias corresponden a las menos descompuestas y ampliamente utilizadas como sustrato, pues conservan parte de su estructura y poseen excelentes propiedades físicas y químicas. Las turbas negras se encuentran a mayor profundidad y su grado de descomposición es mayor al de la turba rubia. Debido a su estructura, tienen una aireación deficiente y elevados contenidos de sales solubles.

La turba es acondicionada física y químicamente mediante la adición de otros materiales que mejoran la porosidad, la acidez y los niveles nutricionales. Por lo general, la turba preparada comercialmente tiene un pH entre 5,5 y 6,5 y una conductividad eléctrica que va desde 0,7 hasta 1,1 dS/cm-1. Comercialmente, la turba viene empacada en pacas o fardos de 107 a 300 litros comprimidos o en bolsas de 80 litros sin comprimir. Aunque es un sustrato costoso, la turba posee muy buenas propiedades físicas como baja densidad aparente (0,05 – 0,15 g/ml-1), alto porcentaje de espacio poroso y alta capacidad de retención de agua.

Por su homogeneidad y disponibilidad, se destaca la fibra de coco como alternativa al uso de la turba. Es un subproducto del procesamiento del mesocarpo fibroso del fruto, con una elevada capacidad de aireación, pH óptimo y adecuados niveles de aportes de nutrientes, especialmente fósforo y potasio (Berjón et al., 1999). La presentación comercial de la fibra de coco es similar a la de la turba.

En la producción comercial de plántulas se requiere el uso de contenedores, que permiten que cada semilla se siembre en un recipiente y que al extraer la plántula se mantenga intacto el sistema radicular, facilitando su transporte y trasplante. Los contenedores generalmente son bandejas plásticas con numerosas celdas de pequeñas dimensiones y volumen que varía entre 9 y 25 centímetros cúbicos. Para tomate se recomienda utilizar bandejas con un volumen por celda mayor a 18 centímetros cúbicos.

Diversas investigaciones demuestran que el tamaño del contenedor es determinante de la calidad de la plántula. Cuanto mayor sea el tamaño del contenedor, aumentan el área foliar, la biomasa y el volumen de raíz (Cantliffe, 1993). El crecimiento de raíces y brotes vegetativos es interdependiente y puede afectarse cuando el sistema radicular está restringido a volúmenes pequeños de enraizamiento; así mismo, plantas con buen desarrollo radicular toleran mejor el trasplante (NeSmith y Duval, 1998).

Etapas en la producción de plántulas

La producción de material de propagación es una actividad especializada que requiere del equipamiento e infraestructura adecuados para el establecimiento y desarrollo normal del material de propagación. Cada una de las etapas del proceso de producción debe ser debidamente planeada y ejecutada, ajustándose a los requerimientos técnicos establecidos para la producción de plántulas de tomate con adecuados estándares de calidad.

Preparación del sustrato

Comprende la selección, preparación del sustrato y llenado de contenedores. En esta etapa se deben determinar los niveles de nutrientes, el pH y la concentración de sales del sustrato, expresada mediante conductividad eléctrica (CE), para así hacer las correcciones pertinentes. El pH debe oscilar entre 5,0 y 6,5. El nivel de sales varía dependiendo de las cantidades de fertilizantes en la mezcla. Es aceptable una conductividad eléctrica de 1,0 a 2,0 dS/m-1. En la preparación, el sustrato se debe desmenuzar muy bien y garantizar un humedecimiento homogéneo. Para el llenado de los contenedores se recomienda llenar por completo las celdas y evitar la compactación del sustrato.

Siembra y germinación

La semilla de tomate es plana y de forma lenticular. En general, un gramo de semillas contiene de 250 a 350 semillas, según la variedad. Debido a los costos que implican las nuevas tecnologías de producción de plántulas, se requieren semillas de alta calidad que garanticen rápida germinación, buena uniformidad y plantas vigorosas. La utilización de bandejas de propagación presenta ventajas como el uso más eficiente de la semilla, debido a que se siembra una semilla por celda; la facilidad para movilizar las plántulas de un lugar a otro; la economía en el uso del sustrato y el poco daño al sistema radicular.

La semilla debe sembrarse a una profundidad de entre 5 y 10 milímetros y cubrirse con el mismo sustrato en que fue sembrada para asegurar que se mantenga húmeda. La germinación de la semilla es un paso crítico durante el proceso de producción de la plántula. La semilla de tomate requiere de buena aireación para germinar, por lo que es necesario evitar la saturación del sustrato con agua. La temperatura óptima para la germinación está entre 23 y 25 °C. El tiempo necesario para la germinación varía según la variedad y el lote de semillas, pero en general la germinación y emergencia de las plantas se produce entre los 3 y 6 días después de la siembra.

Desarrollo de la plántula

Comprende el tiempo que tarda la planta desde la siembra y germinación hasta que se alcanza el desarrollo foliar adecuado para su trasplante.

Prácticas de manejo

La calidad del material de propagación es un factor decisivo para un adecuado establecimiento del cultivo. Esta calidad, a su vez, es una respuesta a las prácticas de manejo durante el desarrollo de la plántula. Las principales prácticas de manejo durante la fase de propagación del tomate son las siguientes:

Nutrición y riego

El riego y el programa de fertilización tienen un efecto fundamental en el crecimiento de la plántula. Es aconsejable hacer un análisis completo del agua de riego. La cantidad y frecuencia de riego varían dependiendo del volumen de la celda, el sustrato, la ventilación del invernadero y las condiciones del clima. Una recomendación general es regar las bandejas todos los días mediante riego por aspersión o, en su defecto, con una regadera de poma fina para evitar destapar las semillas. Los riegos deben hacerse 2 o 3 veces al día, según las condiciones climáticas y el crecimiento de la planta, asegurándose de que cada celda quede completamente húmeda para promover el crecimiento de raíces en la parte inferior de la celda.

La nutrición de las plántulas se hace a través de soluciones nutritivas aplicadas frecuentemente. La concentración de la solución nutritiva está dada por la cantidad de elementos nutritivos que contenga. Esta concentración se expresa en unidades denominadas partes por millón (ppm) o mmol/l. El incremento moderado en la concentración da como resultado un incremento en la altura, el diámetro del tallo y el peso de la planta, mientras que concentraciones muy elevadas pueden ocasionar plantas altas y débiles con pobre calidad.

Los valores óptimos de pH y conductividad eléctrica (CE) varían según el estado de desarrollo de la plántula y se interpretan de acuerdo con la metodología utilizada para su determinación. El ajuste de la fertilización se debe hacer con base en un análisis físico y químico del material que se va a utilizar como sustrato de siembra. En la tabla 1 se indican los niveles nutricionales adecuados para el sustrato usado para la producción de plántulas de tomate (Alarcón y Egea, 1999).

Manejo y prevención de enfermedades en el semillero

La mejor forma de controlar las enfermedades de las plántulas es a través de medidas sanitarias preventivas y un adecuado manejo de las condiciones ambientales dentro del invernadero. Entre las prácticas más recomendadas para prevenir enfermedades se cuentan:

  • Controlar las malezas dentro y en los alrededores del invernadero.
  • Desinfectar las bandejas de siembra cuando éstas son reutilizadas.
  • Ventilar el invernadero promoviendo la circulación de aire alrededor de las plántulas.
  • No excederse en el riego y utilizar sustrato de buena calidad.

Normas de calidad de plántulas

  • Una plántula de tomate tiene las condiciones apropiadas para su trasplante cuando cumple con las siguientes condiciones:
  • La altura está entre los 10 a 15 cm y tiene como mínimo cuatro hojas verdaderas formadas y existe buena uniformidad entre plántulas en la bandeja de propagación.
  • Las hojas están bien desarrolladas, son de color verde, erectas y sin entorchamientos.
  • La coloración es ligeramente púrpura en la base del tallo y en el envés de las hojas. Los cotiledones están completamente sanos.
  • Las raíces son blandas y delgadas, y llenan todo el contenedor de arriba hasta abajo. Las raíces con un color marrón y que no se extienden hacia la parte inferior del contenedor, son síntomas de que han estado creciendo bajo un estrés de humedad, lo cual puede retardar el enraizamiento en el campo.

Injertación de tomate

El injerto es la unión de dos porciones de tejido vegetal vivo, de tal manera que se unen y se desarrollan como una sola planta (Hartmann et al., 1997). El tomate es una de las hortalizas en la cual esta práctica es ampliamente utilizada; para el año 2000, en Japón se injertaba hasta el 48% del tomate producido bajo invernadero (Lee, 2003).

La injertación en tomate facilita el manejo y control de enfermedades, utilizando patrones con cierta resistencia a enfermedades que se desarrollan en el suelo, lo que permite mantener plantas sanas y vigorosas durante más tiempo; además, aumenta la producción del cultivo. Por otro lado, se registran incrementos en la producción y calidad mediante el uso de patrones tolerantes a condiciones de estrés, como la salinidad. Las principales limitaciones del uso de injertos en la producción de tomate son el costo adicional del patrón y la mano de obra requerida.

3. Manejo del cultivo

Establecimiento del cultivo

El establecimiento del cultivo consiste en el trasplante del material de propagación en el sitio en donde se adelantará su crecimiento y desarrollo. De acuerdo con el sistema de producción escogido, el material podrá sembrarse directamente en el suelo o en un sustrato, si el sistema es hidropónico. El éxito durante el establecimiento del cultivo depende de varios factores, como la humedad adecuada del suelo o sustrato, el estado nutricional y fitosanitario del mismo, la profundidad de siembra y la calidad del material de propagación, entre otros.

Densidades de siembra

Existen básicamente dos formas para ubicar las plantas dentro del invernadero. La primera es mediante surcos individuales en donde se dejan distancias entre surcos que varían entre 1,0 y 1,4 m. Las distancias entre plantas a lo largo de los surcos pueden ir de 30 a 50 cm, según la variedad seleccionada. La segunda es el trasplante en surcos dobles (foto 2) en donde se hacen camas en las cuales se dejan de 50 a 60 cm entre los dos surcos de la cama y de 40 a 50 cm entre plantas a lo largo del surco. La distancia entre los centros de las camas varía entre 1,40 y 1,60 m, dejando, por tanto, caminos de 0,8 a 1,0 m de ancho.

De esta manera se alcanzan densidades de 2,2 a 2,5 plantas por m2. En algunos casos, especialmente cuando se trabaja con variedades de crecimiento abierto o en condiciones de clima frío, se pueden utilizar densidades de siembra más altas cercanas a 3 plantas por metro cuadrado. En condiciones de menor luminosidad y mayor temperatura, se debe trabajar con una densidad más baja para mantener una calidad aceptable y un buen rendimiento. Una densidad más elevada de lo recomendado implicará un mayor costo en material vegetal y en insumos, mayores problemas sanitarios y una menor calidad en el tamaño de los frutos.

Trasplante

El trasplante definitivo se realiza aproximadamente a las cuatro o cinco semanas después de la siembra. Un trasplante bien hecho es esencial para obtener una buena cosecha en invernadero. Antes del trasplante, se aconseja levantar camas a una altura mínima de 20 cm. Luego, se hace el trazado de los surcos y se marcan los sitios en los cuales irán ubicadas las plantas. Cuando se utiliza el acolchado plástico, la ubicación de las plantas se marca sobre el plástico mediante un pequeño agujero. En el sitio de trasplante se hace un hueco de aproximadamente 5 cm de profundidad, ligeramente mayor al volumen ocupado por el recipiente que contiene la planta que se va trasplantar. El suelo debe tener un adecuado nivel de humedad.

Las plantas se van colocando con cuidado, tratando de no deshacer el bloque de sustrato en el que están enraizadas. Se recomienda que durante el trasplante una pequeña porción del tallo quede enterrada en el suelo para proporcionar un mejor soporte inicial y permitir a la planta el desarrollo de nuevas raíces, pero teniendo precaución de que las hojas cotiledonales no queden enterradas. Una vez trasplantadas, es necesario regar las plantas lo antes posible para evitar el marchitamiento. En los primeros días después del trasplante, los riegos deben ser cortos pero frecuentes para mantener húmeda la zona donde están desarrollándose las raíces.

Podas

La poda es la práctica de remover cualquier tipo de estructura de la planta. El principal objetivo de las podas es balancear el crecimiento reproductivo y vegetativo, permitiendo que los fotoasimilados se canalicen hacia los frutos, pero también tiene otros beneficios principalmente de tipo fitosanitario. Básicamente existen cuatro tipos de podas:

Poda de formación

Mediante esta poda se decide el número de tallos que va a tener la planta. Lo aconsejable para variedades de crecimiento indeterminado es la poda a un solo tallo, ya que la planta es más vigorosa y se facilita su tutorado y manejo. En caso de que se tome la decisión de dejar dos tallos en la planta, se deben escoger los dos tallos más vigorosos. El tallo más vigoroso es el principal y el segundo tallo es aquél que aparece inmediatamente por debajo de la primera inflorescencia.

Poda de yemas o chupones

Las yemas axilares, también llamadas chupones, son pequeños brotes que crecen en el punto de inserción entre el tallo principal y los pecíolos de las hojas y que se deben eliminar manualmente antes de que se desarrollen demasiado (< 5 cm). Esto evitará que tomen parte de los nutrientes que son importantes para el fruto. Además, al eliminarlos cuando aún son pequeños, se reduce el tamaño de las heridas y así la probabilidad de ataque de hongos, especialmente de Botrytis cinerea.
Para evitar la eliminación accidental del punto de crecimiento de la planta al confundirlo con un chupón, únicamente se deben eliminar los chupones que están por debajo del último racimo floral que se ha formado. A medida que el cultivo se desarrolla, la proliferación de chupones disminuye y su control se puede hacer con menos frecuencia.

Poda de flores y frutos

La poda de flores y frutos ayuda a balancear el crecimiento vegetativo con el generativo, para optimizar el número y el tamaño de los frutos en el racimo y a lo largo de la planta. El manejo de la poda de frutos no tiene una fórmula general, y dependerá de las siguientes variables:

Variedad. En variedades de fruto grande se dejarán menos frutos por racimo que en variedades de fruto pequeño. A la vez, variedades con hábito de crecimiento abierto y con frutos más pequeños tienden a formar inflorescencias con numerosas flores. Por eso, es necesario eliminar algunas flores para que los frutos que se formen puedan crecer más homogéneamente y alcanzar tamaños un poco mayores hasta donde su potencial genético lo permita.

Condiciones climáticas. En condiciones de temperatura más elevada y menor radiación, se deben dejar menos frutos por racimo para mantener las mismas características de calidad. A la vez, a mayor densidad de siembra o menor disponibilidad de radiación por planta, se debe disminuir la cantidad de frutos por racimo para mantener la misma calidad.

El estado de desarrollo de la planta y vigor. En los primeros racimos se acostumbra podar frutos para favorecer el crecimiento vegetativo, dejando de 4 a 6 frutos según la variedad y el clima. Igualmente, cuando en las plantas se están cuajando los frutos del 7º racimo en adelante, éstas muestran con frecuencia un crecimiento vegetativo débil. Si el objetivo es producir más racimos, es conveniente dejar estos racimos con uno o dos frutos menos que los racimos anteriores.

Las exigencias del mercado. Según el mercado para el cual se produce, se requiere cierta proporción de frutos de diferentes calibres o tamaños. El tamaño depende en parte de la variedad y las condiciones climáticas, pero se puede también manipular a través de la poda de frutos.

En variedades de crecimiento compacto y vigoroso (frutos multiloculares), sembradas en clima medio con una densidad de aproximadamente 2,5 plantas por m2, se deben dejar solamente cuatro frutos en los primeros dos racimos para no sobrecargar la planta y permitir que éstas sigan creciendo normalmente y emitiendo nuevos racimos florales. Más adelante se pueden dejar 5 frutos por racimo mientras la planta esté en buenas condiciones de vigor. En clima frío moderado, donde el desarrollo del cultivo y de los frutos es más lento, se pueden dejar más frutos que en clima medio. Aquí se recomiendan de 4 a 5 frutos en los primeros dos racimos, después de 5 a 6 frutos en los siguientes racimos.

Las variedades con hábito de crecimiento abierto y con frutos más pequeños tienden a formar inflorescencias con numerosas flores. Por eso, es necesario eliminar algunas flores para que los frutos que se formen puedan crecer más homogéneamente y alcanzar tamaños un poco mayores hasta donde el potencial genético de la planta lo permita. Generalmente, el primer fruto de los racimos es el más grande, pero a veces éste crece tan rápido que los demás frutos se quedan pequeños, o, en algunas variedades, el primer fruto tiende a deformarse y perder su valor comercial. Si esto ocurre se puede optar por eliminar el primer fruto de forma sistemática.

Fuera de la poda de frutos para equilibrar el crecimiento vegetativo con el generativo, también se hacen podas sanitarias y podas para eliminar malformaciones. Frutos con pudrición apical, frutos con síntomas de ataque por enfermedades o insectos, o con malformaciones como “cara de gato” deben eliminarse tan pronto se detecta el síntoma. Dejarlos más tiempo en la planta sería sólo un gasto de energía para el cultivo.

Poda de hojas bajeras

A medida que las plantas maduran y se cosechan los frutos de los racimos más inferiores, las hojas más antiguas situadas en esta zona comienzan a amarillarse y a morir. Éstas deben ser eliminadas para permitir una mejor ventilación y bajar a su vez la humedad relativa en la base de las plantas. La eliminación de estas hojas se debe comenzar al finalizar la recolección de los frutos del segundo racimo, y de ahí en adelante se deben seguir podando a medida que maduran los racimos. La poda se puede hacer simplemente partiéndolas con los dedos al nivel del tallo para evitar al máximo las cicatrices y se deben retirar inmediatamente del invernadero para eliminar cualquier infección.

En términos generales, siempre se trata de mantener una buena área foliar sin que ésta sea excesiva. En variedades muy “frondosas” se puede podar de vez en cuando algunas hojas en la parte bajera y del medio. Esto aumentará la ventilación en el cultivo y disminuirá la incidencia de enfermedades sin afectar la producción.  Una recomendación general para casos en los cuales se ha implementado un programa de control biológico de mosca blanca mediante el uso de parasitoides, es la de revisar las hojas antes de la poda para verificar si todavía se encuentran pupas de mosca blanca parasitándolas. Si esto ocurre, se recomienda dejarlas hasta que emerjan los adultos de los parasitoides.

Tutorado y enrollado

El tutorado consiste en guiar verticalmente las plantas a lo largo de una cuerda de plástico o de tela que va desde la base de la planta (tercera o cuarta hoja) hasta un alambre ubicado directamente sobre las plantas a 2,5 a 3,0 metros de altura y tendido en el mismo sentido del surco (foto 4). Para sostener la planta a lo largo de la cuerda se pueden
usar abrazaderas de plástico, las cuales se anillan al tallo por debajo del pecíolo de una hoja completamente desarrollada y resistente. También se puede tutorar la planta enrollándola a la cuerda, en el sentido de las manecillas del reloj, cada 2 o 3 hojas o una vuelta por cada racimo.

Se debe tratar de hacer esta labor sin maltratar a las plantas, es decir, no envolverlas más de lo necesario y no estrangularlas. La labor de enrollado de las plantas se hace semanalmente y hasta dos veces por semana durante las primeras semanas de desarrollo a temperatura elevada, cuando el crecimiento de las plantas es muy rápido. Posteriormente, cuando comienza la formación de frutos el enrollado se puede hacer una vez por semana.
Es importante enfatizar que durante el enrollado la parte superior de la planta (la cabeza) debe quedar libre para permitir una expansión normal de las hojas y evitar su entorchamiento. A medida que crece la planta, será necesario descolgarla para facilitar su mantenimiento.

Polinización

La planta del tomate es “autopolinizadora”, por lo cual no se requiere de polinización cruzada. Los tomates son polinizados normalmente por el viento cuando crecen al aire libre. En cambio, en los invernaderos, el movimiento de aire es insuficiente para que las flores se polinicen por sí mismas, siendo necesaria la vibración de los racimos florales para obtener una buena polinización.

En los cultivos bajo invernadero, los productores hacen una vibración de la planta golpeando el sistema de tutorado. Otros productores no toman ninguna medida para mejorar la calidad de la polinización.

Las condiciones climáticas también son importantes para una buena polinización. Para prevenir la caída de flores, la temperatura promedio no puede exceder 25 °C, especialmente en condiciones de baja luminosidad. Por debajo de 15 °C existen problemas con la fecundación y por debajo de 10 °C se detiene el proceso.

La humedad del aire también tiene una influencia directa en la fecundación. Valores elevados, especialmente con poca iluminación, pueden reducir la viabilidad del polen. Buitelaar & Eindhoven (1986) definen el rango óptimo de humedad relativa para la polinización entre 60 y 85%. Debajo de este rango se reducen las características pegajosas del estigma, lo que puede disminuir la adhesión y germinación del polen. A la vez, humedades muy bajas ocasionan la desecación del polen haciéndole perder su efectividad. Por encima del rango mencionado se reduce el desprendimiento del polen de la antera.

Todo el proceso de fecundación dura, en condiciones normales, aproximadamente 50 horas. Cuando la polinización se ha efectuado correctamente, al cabo de una semana comienzan a formarse los frutos; esto es lo que se denomina cuajado de la flor. Cuando las plantas son jóvenes y producen sus primeros racimos florales, éstos se deben polinizar todos los días o como mínimo cada 48 horas hasta que se observen los primeros frutos. Es muy importante asegurar que en estos primeros racimos se formen frutos, ya que ello induce a la planta a un estado reproductivo que favorecerá positivamente la floración y la productividad de la misma. Para incrementar la productividad del cultivo de tomate bajo invernadero, se recomienda implementar algún tipo de medida para polinización, entre las 9 y 10 a.m., cada día de por medio, desde el inicio de la floración.

Ciclo de cultivo

La duración del ciclo de cultivo del tomate está determinada principalmente por la variedad y por las condiciones del clima en las cuales se produce el desarrollo de la planta. Cuando se realiza el trasplante al invernadero, ya ha ocurrido la diferenciación floral, es decir, ya se ha dado origen a la primera inflorescencia, aunque ésta no sea visible todavía. El tiempo transcurrido hasta la apertura de la primera flor de la primera inflorescencia depende de la radiación total recibida, pero puede estar entre 40 y 50 días después de la siembra de la semilla. El desarrollo de la flor, por su parte, está determinado fundamentalmente por la temperatura, siendo las temperaturas diurnas más importantes que las nocturnas en la promoción del desarrollo de las flores. Cuando la flor ha alcanzado un completo desarrollo, se produce la fecundación del fruto como consecuencia de la polinización. El tiempo requerido desde el cuajamiento del fruto hasta que se desarrolla un fruto maduro oscila entre 7 y 9 semanas, en función de la variedad, la posición en el racimo y las condiciones ambientales.

Inicialmente, el crecimiento del fruto es lento durante las primeras 2 o 3 semanas y se alcanza un 10% del peso total del fruto. Posteriormente, viene un período de rápido crecimiento que dura entre 3 y 5 semanas, en el cual el fruto alcanza prácticamente su máximo desarrollo. Finalmente, hay un período de crecimiento lento de unas dos semanas, en el que el aumento en el peso del fruto es pequeño, pero se producen cambios metabólicos característicos de la maduración (Chamarro, 1995).

Renovación del cultivo

Cuando la productividad de las plantas comienza a decrecer, es necesario hacer una renovación del cultivo. Debido a los altos costos de producción de tomate bajo invernadero, es necesario aprovechar al máximo el área disponible a lo largo del año. Al momento de hacer la renovación de un cultivo, el punto de crecimiento de la planta se elimina mediante un corte 2-3 hojas por encima del racimo en floración más alto.

Esta práctica se debe hacer por lo menos 5-6 semanas antes de la fecha destinada para renovar el cultivo, con el objetivo de que durante ese tiempo los frutos que ya se han formado en la planta alcancen su máximo tamaño y puedan ser cosechados.

Simultáneamente con la eliminación de los puntos de crecimiento, se debe hacer la siembra de las plántulas para el siguiente cultivo, de tal manera que se pueda minimizar el período de tiempo en que no hay producción.
Otra forma para renovar el cultivo consiste en trasplantar nuevas plántulas en medio de plantas viejas que están próximas a eliminarse, de tal forma que en el momento de la eliminación de las plantas viejas, las nuevas plantas tengan un desarrollo avanzado y comiencen a fructificar en pocas semanas.

Control de malezas

Las malezas, también llamadas arvenses, son todas aquellas plantas que en un momento dado dificultan o interfieren de una u otra forma en el crecimiento de un cultivo.

En el cultivo del tomate –al igual que en todos los cultivos– las malezas tienen dos efectos diferentes: 1) competir en la toma de agua, nutrientes y luz, y 2) ser hospederas alternativas de hongos y plagas que pueden afectar al cultivo.
En la toma de agua, la interferencia no suele ser muy importante si el agua es un recurso abundante. Pero si no lo es, como en muchas partes, la competencia puede ser importante, especialmente por aquellas malezas que poseen sistemas radiculares más desarrollados que los del tomate. Con respecto a los nutrientes, si el suelo está bien fertilizado con nitrógeno, fósforo y potasio, la competencia se produce principalmente por elementos secundarios y micronutrientes.

La competencia por luz se origina más tardíamente y es más severa en malezas con gran desarrollo foliar. El grado de interferencia está condicionado principalmente por el estado de desarrollo de la planta de tomate, siendo mayor entre la germinación y las primeras semanas del trasplante definitivo.

El control de las malezas, al igual que el de plagas y enfermedades, también requiere un control integrado que combine el control con herbicidas (naturales o sintéticos) con algunas prácticas culturales: preparar muy bien el terreno donde se van a trasplantar las plantas, ya sea mediante labores manuales o mecánicas, contribuye a controlar las malezas pero no es suficiente para solucionar el problema.

Se pueden cubrir las camas donde se va a hacer el trasplante con un acolchado. El acolchado puede ser de tipo vegetal como cascarilla de arroz, tamo, entre otros, o sintético. El acolchado más común en tomate consiste en una lámina de plástico (negro, gris o blanco lechoso) que se coloca sobre el suelo a lo largo y ancho de la cama, el cual se asegura al suelo apisonándolo con la tierra de los bordes de la cama. Después de instalado, el plástico se  perfora únicamente en los sitios en donde se siembran las plantas. El uso de acolchados, además de ejercer una barrera física que obstaculiza la emergencia de malezas, también disminuye la luz dentro de la cama, impidiendo que éstas puedan emerger.

En cuanto al control con herbicidas, el uso de químicos requiere conocimientos mínimos tanto de los productos a utilizar como de las malezas predominantes en la zona donde está el cultivo, puesto que el tomate es una planta especialmente sensible a sufrir daños ocasionados por herbicidas. Frecuentemente, el daño relacionado con los herbicidas puede ser similar al causado por otras fuentes, tales como exceso de sales fertilizantes. Los síntomas de daños por herbicidas no siempre son definitivos y daños similares pueden resultar de la aplicación de diferentes plaguicidas.

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Galería de fotos

Fuente: www.utadeo.com

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Nunca antes hemos tenido tantas opciones para cultivar aunque no tengamos un trocito de tierra donde hacerlo. Existen las mesas de cultivo, el cultivo en azoteas, en paredes como huertos verticales y un sinfín de ideas para poder cultivar aunque sea una mata de guindillas o rábanos o tomates cherry en un simple jardinera o maceta, todas estas son diferentes formas de tener un huerto urbano.

La desconexión de la gente urbanita con la naturaleza es abrumadora. Aunque creemos espacios verdes como jardines y parques, siempre hay una separación física que influye en nuestra genética ancestral. El asfalto, por lo general nos cansa y necesitamos escapar de la ciudad a menudo para sentir el aire más limpio y fresco.

Esta misma desconexión la hemos sufrido con la alimentación. Todo viene envasado, todo viene encerado, impoluto, brillante, sin gusanos, sin caracoles entre hoja y hoja de lechuga. Todas las verduras son turgentes, perfectas, sin manchas, sin hojas comidas por alguna larva de algún insecto o pájaro hambriento de brotes verdes.

Y es después de esa desconexión tan absoluta cuando mucha gente siente la irrefrenable sensación de volver a mancharse las manos de tierra y estar preocupado por el riego, por el abonado, por las malas hierbas, por los insectos depredadores… todo ello para conseguir en muchos casos aunque solo sea 4 lechugas y 3 tomates que comes con más intensidad que cualquier tomate raff bio en caja de madera y con todas las etiquetas de ecológico que hayas podido comprar. ¿Por qué? Muy sencillo. Lo has hecho tú.

El coste de la tierra para un huerto urbano

Parece una nimiedad pero es por lo primero por lo que tenemos que empezar. Tener un suelo donde cultivar es algo inherente a la agricultura y al huerto. ¿Seguro? En la gran mayor parte de casos sí, pero recuerda que hay infinidad de proyectos de huertos en ciudades en casi cualquier espacio.

Una azotea, un balcón, un patio, el bajo de una casa, hasta una maceta! Pero no vamos a discutir que quien tenga un cacho de jardín, o un pueblo cerca de donde vive, tiene mucho ganado. Afortunadamente, los agentes sociales de las ciudades (ayuntamientos, asociaciones etc) de muchos sitios, se han dado cuenta del aumento de tenencia a cultivar en las ciudades.

No tengo tierra. ¿Cómo empiezo?

Si no tienes un pedazo de suelo donde empezar, el plan número uno es empezar por una mesa de cultivo, tierra, semillas y una regadera. No necesitas mucho más.

Las mesas de cultivo son la mayor inversión inicial si optas por este tipo de huerto urbano. El rango de precios es muy amplio, hay de todos los tipos.

Las semillas son baratas. Aunque si eres nuevo en esto te recomendamos que empieces en primavera comprando plantones de hortalizas ya germinadas, lechugas por ejemplo.

¿Si tengo tierra, por dónde debería empezarmi huerto urbano?

Tener un pequeño terreno es lo ideal para producciones algo mayores que te permitan incluso regalar hortalizas a familiares y amigos pero requiere una inversión inicial algo más elevada. Si tenemos más metros, necesitaremos aperos algo más adecuados. Azadones, y pala para quitar piedras y cantos, igualar el suelo y airearlo si está compactado.

El bancal profundo es una de las maneras más interesantes de empezar para recuperar un suelo que no ha sido utilizado y enriquecerlo con estiércol compostado equino y algo de mantillo a partes iguales.

El siguiente punto es saber de dónde vamos a obtener un punto de agua para el riego. Una vez lo tengamos, debemos decidir si regamos a manguera o regadera de primeras o si queremos automatizarlo. En este caso, el coste de electroválvulas, programador, cableado, tubos, codos, conexiones, grifería, difusores de riego etc requieren una inversión algo mayor. Si se saca partido, al final, merece la pena hacer tu propio sistema de riego.

Fuente: agromatica.es

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Hay muchos condicionantes que pueden restar rendimiento a las aplicaciones foliares, como la temperatura, el tamaño de la hoja, su estado fenológico, etc.

aplicaciones foliaresLas aplicaciones foliares de nutrientes no son algo moderno…

 

Ni mucho menos. Hay documentación que constata que se aplicaba en 1.844 sulfato de hierro para corregir clorosis férrica en vides destinadas a producir vino en Francia.

Lo que sí se ha modernizado es la eficiencia de los nutrientes que aportamos foliarmente, ya que actualmente podemos aprovechar las ventajas que nos ofrecen los últimos quelatos o complejos que se absorben rápidamente y reducen las pérdidas en su aplicación.

Aunque comúnmente se piensa que es así, hay una vertiente científica que rechaza que la absorción de nutrientes foliares se haga a través de los estomas. Reivindican que los estomas sólo tienen la función de absorber elementos gaseosos (intercambio gaseoso) y que las gotas de agua suelen ser varias veces mayor al tamaño de la apertura estomática.

Contando con la tensión superficial del agua, es difícil que se pueda introducir a través de los estamos.

Por el contrario, se defiende que los nutrientes se absorben a través de los poros de la hoja (no son estomas) mediante el gradiente de concentración, atravesando distintas capas de la hoja por varias rutas de absorción.

Las etapas de las aplicaciones foliares de nutrientes

 

Cuando aplicamos un producto nutricional o incluso un fitosanitario para combatir alguna plaga o enfermedad, el proceso de absorción pasa por varias etapas. Concretamente 3 etapas.

Etapa 1: retención de los nutrientes o materias activas en la hoja

 

Cuando aplicamos de forma foliar un nutriente o una materia activa (fitosanitario), parte de estas sustancias quedan retenidas en la hoja, otras se pierden.

De hecho, una condición importante es que el producto que apliquemos tenga la propiedad química de quedar retenido en la hoja al menos unas cuantas horas (lo mejor es más de 3 horas).

Esto garantiza la máxima absorción del producto, por lo que es muy conveniente mirar la predicción del tiempo y observar que no va a llover o hacer viento en las siguientes horas.

Un consejo: cuanta más humedad ambiental haya (medida en % de humedad relativa), mejor permeabilidad tendrá la cutícula de las hojas y mayor absorción habrá. Al contrario de lo que podamos pensar de que por estar seca va a absorber más, como si estuviese sedienta.

También es aconsejable el uso de tensioactivos o productos que aumentan la solubilidad, miscibilidad y reducen el tamaño de gota de los nutrientes. Con ello se consigue que la aplicación foliar sea más efectiva, medida en mayor porcentaje de producto absorbido por la hoja.

aplicaciones foliares

Etapa 2: transporte de la sustancia al interior de la hoja (células)

 

En esta etapa, los nutrientes se han absorbido de la superficie de la hoja al interior de las capas, desplazándose hacia el interior de forma progresiva.

Las células epidermales actúan como barreras naturales que impiden que determinadas sustancias sean absorbidas o no y pasen el “filtro natural” impuesto por las plantas. La velocidad de absorción dependerá de las condiciones de la planta y de la concentración del soluto. Es decir, de la concentración de sales en el medio acuoso.

Etapa 3: movimiento del nutriente hacia los órganos (como los frutos)

 

Los nutrientes o compuestos se desplazan a través de las células a través de 2 movimientos. Entre los espacios de las células (espacios intercelulares), conocido como apoplasto, o bien a través del interior de las céluas (espacios intracelulares), conocido como simplasto.

Las sustancias aplicadas foliarmente se dirigen a los órganos donde mayor demanda haya del nutriente. Por ejemplo, en el caso de que hagamos una aplicación foliar de hierro, se desplazará lentamente hasta las hojas jóvenes que presentan un estado clorótico por carencia de este elemento.

En el caso de que hagamos una aplicación en fertirrigación para corregir una carencia, tiene el inconveniente de que el desplazamiento es mayor (desde las raíces hasta la parte aérea, en el caso de una carencia de hierro). Por eso, muchas veces se recurre a las aplicaciones foliares, aunque habrá que tener en cuenta condicionantes especiales según el producto.

La rapidez en la absorción foliar depende del nutriente elegido

 

No todos los nutrientes tienen las mismas propiedades químicas ni el mismo tamaño molecular. Por tanto, es de esperar que su tasa de absorción sea distinta.

De los nutrientes conocidos, ésta sería la clasificación de mayor  a menor absorción del 50% de la aplicación.

– Nitrógeno: de 30 minutos a 2 horas

– Fosforo: de 5 a 10 días

– Potasio: de 10 a 24 horas

– Calcio: 1 a 2 días

– Magnesio: 2 a 5 horas

Igualmente también depende, dentro de cada uno de estos nutrientes, la distinta naturaleza de ellas. Por ejemplo, el caso del potasio, cuyo aporte puede hacerse con nitrato potásico, fosfato monopotásico, sulfato potásico, etc.

En esta imagen vemos el ejemplo de la tasa de absorción a las 24 horas de aplicación. Vemos que el nitrato potásico tiene una eficiencia inferior al 50%, pero mucho mayor que el resto de soluciones ricas en potasio aplicadas de forma foliar.

En el caso del sulfato potásico, menos del 20% de las sales aplicadas por pulverización foliar han conseguido ser absorbidas. Además, de ese 19,4%, aún siguen habiendo pérdidas, puesto que sólo el 13,2% se transloca desde la hoja hacia los órganos como los frutos.

Esta imagen representa la diferencia en la distribución del ión de hierro sobre la hoja en distintas condiciones. En el caso A, con una hoja sana y de color verde, y en el caso B, con una hoja estresada con problemas de transporte y crecimiento restringido.

aplicaciones foliares

¿Cuándo es recomendable realizar aplicaciones foliares?

 

Por norma, las aplicaciones foliares no tienen ningún tipo de restricción siempre que sean aptas para aplicar.

El mejor uso de los tratamientos aéreos se hará cuando tengamos problemas en suelo y una baja tasa de asimilación radicular.

Esto puede deberse a problemas con el pH, suelos bloqueados por antagonismos de nutrientes, bajo porcentaje de materia orgánica, encharcamientos, sequía extrema etc.

También hay que contar con que la fertilización foliar es más eficiente que la fertirrigación, por lo que está totalmente recomendada en situaciones de carencia de algún nutriente. Esto se debe a que al aplicar el nutriente requerido a través de las hojas se dirige con mucha más facilidad a las partes donde se necesita, y no tiene que recorrer el largo camino desde las raíces hasta los órganos.

Los tratamientos foliares son recomendables en momentos de máxima necesidad, cuando las raíces no tienen la suficiente energía para asimilar todos los nutrientes que necesita.

Ten en cuenta que la absorción de nutrientes por parte de las raíces no se hace a coste cero y tiene que gastar energía para tomar otra. En el caso de los cationes, libera H+ para compensar la asimilación de iones de carga positiva y estar siempre en equilibrio iónico.

Algo a tener en cuenta es que los nutrientes tienen distintas formas de desplazarse, por lo que se puede diferenciar entre los nutrientes de alta movilidad y los de baja movilidad.

aplicaciones foliares

Nutrientes de alta movilidad

 

Lo son el nitrógeno, fósforo, potasio, magnesio, etc. Las aplicaciones tanto en fertirrigación como en los tratamientos foliares se transportan bien dentro de la planta y las correcciones de los estados carenciales suelen llevar poco tiempo (varios días como mucho).

Nutrientes de baja movilidad

 

Sin embargo, tenemos muchos micronutrientes (hierro, manganeso, zinc, cobre, etc.) con baja movilidad que dependen de muchos condicionantes para ser transportados. El movimiento es lento y la corrección de las clorosis suele llevar algunos días más.

Un claro ejemplo es el de la clorosis férrica y la corrección, que puede llevar más de una semana con repeticiones en las aplicaciones.

Fuente: agromatica.es

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Introducción

 

Durante los últimos años ha aumentado la superficie de producción hortícola bajo plástico en Magallanes y de la Antártica Chilena en desmedro de la cultivada al aire libre. Ello, en conjunto con la disminución en las áreas verdes o jardines aledaños, ha provocado una reducción en la biodiversidad de la entomofauna asociada a la huerta. La incorporación de herramientas como el establecimiento de bandas florales promueven un mayor equilibrio biológico y favorecen la permanencia de fauna autóctona y auxiliar tan necesaria para el control de plagas y enfermedades en los cultivos hortícolas.

bandas florales¿Qué son las bandas florales?

 

Las bandas florales son un conjunto de flores que además de ser muy decorativas otorgan fuentes de alimentación (néctar y polen) para los polinizadores (Figura 1), los cuales ayudan a incrementar la calidad y rendimiento de los cultivos.

bandas florales

Figura 1. Polinizador Bombus terrestris, alimentándose en flor de Rubdeckia (marzo, 2021).

El néctar y polen que otorgan las flores constituyen una fuente de alimento esencial para los predadores y parásitos de insectos perjudiciales para los cultivos. Por ello, las bandas florales al atraer a los controladores naturales ayudan indirectamente a tener una mejor sanidad de los cultivos y con ello disminuir los costos de tratamientos fitosanitarios.

Las estructuras de las plantas actúan como un refugio para albergar insectos y artrópodos del suelo (carábidos y arañas, por ejemplo) quienes también cumplen un rol de biocontroladores.

Sitio de establecimiento y manejo de las bandas florales

 

Para favorecer la oportuna intervención de la entomofauna autóctona y auxiliar, las bandas florales deben establecerse en un lugar cercano a los cultivos (Figura 2); tales como los bordes perimetrales del huerto, en las cabeceras de las camas o en la entrada de los invernaderos; es decir en todos los espacios donde no se cultive y en donde no afecten negativamente el desarrollo del cultivo.

Las bandas florales no necesitan un mantenimiento muy intensivo, salvo el correspondiente abonado y riego. Es importante monitorear la fauna auxiliar que eventualmente podría verse atraída por las flores. Las flores espontáneas que pudiesen emerger en el huerto constituyen un buen complemento de las bandas florales . Se estima que una banda floral debe ocupar un 2% del huerto (INTA Argentina).

bandas florales

Figura 2. Bandas florales en evaluación INIA Kampenaike (marzo 2021).

Selección de especies

 

Para optimizar el espacio y los beneficios de las bandas florales, es muy importante seleccionar adecuadamente sus especies componentes. En primera instancia se deben priorizar especies autóctonas; de lo contrario privilegiar aquellas con una floración lo más prolongada posible, de manera que cubran varios meses.

Por ejemplo, una especie de floración más temprana que el inicio de la temporada hortícola, atraerá oportunamente la entomofauna benéfica. Las especies seleccionadas para la banda deben ser fáciles de sembrar, resistentes a las condiciones climáticas de la región y además deben presentar una coloración vistosa y variada; y en lo posibles con distintas formas de estructura floral (ej. tipo campanulada Figuras 3 y 4).

bandas florales

Figura 3. Flor de Phacelia, estructura tipo campanulada (enero 2021). Figura 4. Flor de Amapola mix, estructura tipo campanulada (enero 2021).

Mientras más variada sea la banda, más diversa serán las comunidades de polinizadores e insectos benéficos que visiten la huerta; ya que contarán con mayor cantidad de alimento y un hábitat en donde podrán reproducirse y así mantenerse cerca de los cultivos realizando su labor de controladores biológicos desde el inicio y hasta el término de la temporada productiva.

Especies más aptas para bandas florales

 

Algunas de las flores que pueden ser de utilidad en la región para formar bandas florales son las de tipo compuestas (asteráceas); tales como: caléndula, zinnia, margarita, crisantemo, cosmos, rubdeckia, ajenjo, manzanilla, cardo, achicoria; y las de tipo umbelíferas (apiáceas) como el cilantro, perejil, zanahoria, eneldo, aliso, anís y apio. Otras especies de leguminosas como vicia, trébol y alfalfa también son beneficiosas.

Estas especies atraen y refuerzan las poblaciones de sírfidos (como la mosca tigre, ver Figuras 5 y 7) y otros dípteros depredadores (Figura 6). Si se dispone de otras especies de hierbas aromáticas u ornamentales; se pueden incluir en la banda floral, siempre y cuando éstas no compitan con los cultivos, producto de su hábito de crecimiento.

bandas florales

Figura 5. Mosca tigre (sírfido) en flor Gipsophila. Figura 6. Díptero en flor de Aliso (Puerto Natales, marzo 2021). Figura 7. Mosca tigre en hojas de calafate (febrero 2021).

Cuadro 1. Calendario fenológico especies florales, evaluadas en INIA Kampenaike.

bandas florales

Evaluación de bandas florales

 

Con el objetivo de evaluar la adaptación a las condiciones climáticas de la región de diferentes especies que pudiesen aportar una fuente de alimento para los polinizadores; durante la temporada 2020-2021 se estableció una banda floral de 82 m2 en INIA Kampenaike.

El estudio además monitoreó la fenología de las especies de la banda (Cuadro 1). El listado de las especies evaluadas es el siguiente: Cosmos sulfureus, Zinnia gigante, Cosmos bipinnatus, Rubdeckia, Gipsophila, Amapola mix, Amapola roja, Caléndula y Phacelia.

Fuente: inia.cl

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¿Por qué tiene efecto la Luna sobre las plantas?

 

El efecto de la Luna sobre las plantas Más bien la pregunta que vamos a intentar resolver es la de por qué el efecto dela Luna sobre las plantas, así como también el efecto que produce.

Conocer la función que la Luna puede ejercer puede tomarse desde dos vertientes, una desde el lado místico y otra desde el lado científico. Sin desmerecer la primera, nosotros vamos a explicar qué referencias científicas existen o qué mecanismos actúan sobre la planta para poder justificar una acción de la Luna sobre nuestras plantas.

La luz de la luna. ¿Misticismo o fotoperiodo?

 

A nuestro satélite se le han atribuido muchísimas propiedades que a día de hoy no han sido contrastadas. Sin embargo, en lo que a la agricultura se refiere, se llevan sabiendo esto desde épocas antiguas, donde los agricultores lo aprovechaban en su beneficio, condicionando la época de siembra incluso por encima de clima.

Todos conocemos la función de fotosíntesis que realizan las plantas, donde aprovechan el agua y la luz para transformarlo en energía y conseguir desarrollarse. Partiendo de eso, si no hubiese carencia de agua, la limitación nocturna de crecimiento es la luz. ¿Pero y si hay luna llena? Podríamos pensar que esa luz es suficiente para que la planta consiguiese realizar la fotosíntesis. Sin embargo no es así.

La máxima luz que la Luna es capaz de radiar procedente de la energía Solar es el 7 % de la que recibe nuestro satélite, eso estando en Luna llena. Dicha cantidad es insuficiente para conseguir que la planta active su metabolismo fotosintético y empiece a producir frutos más grandes y más azucarados.

Como dice Urbano Terrón, dicha luz equivale a una lámpara de 100 W colocada a 12 metros de distancia de una planta. Entonces, si la Luna no tiene efecto sobre la fotosíntesis, ¿qué es lo que hace que los cultivos se vean influenciados por ella?

El efecto de la Luna sobre las plantas

El efecto de la Luna sobre las plantas: El fotoperiodo y la regulación de savia

 

Dicho esto, la luz que es capaz de emitir la Luna a la Tierra es insuficiente para la fotosíntesis, pero no para regular el fotoperiodo. Las plantas son muy sensibles a los estímulos de luz y una luz, por muy escasa y tenue que sea, es capaz de estimular los fitocromos que la planta posee.

Para los cultivos es como si la luz del día aún continuase vigente en plena oscuridad (sin realizar la fotosíntesis, como se ha comentado), por lo que el movimiento de savia y la actividad celular continua como si fuese de día.

Ahora bien, esto no ocurre en todas las plantas. Sólo en aquellas que muestran una gran sensibilidad a la luz como en el cultivo de la lechuga o en el caso del rábano, entre otros. Hay otros cultivos que también tienen menos sensibilidad a la luz y la luz de la Luna también produce efecto sobre ellos, por mínimo que sea, y otros en los que no se produce efecto alguno.

De forma resumida se puede decir (aunque en un futuro haremos un artículo completo sobre cuáles son dichos efectos) que cuando hay Luna llena o cuarto creciente, la savia se moviliza hacia la parte aérea, estimulando su crecimiento, y en caso contrario, cuarto menguante o Luna nueva, la savia se queda en la parte inferior de la planta.

Calendario Lunar 2022

 

El efecto de la Luna sobre las plantas

Fuente: mi.astrocentro.com

Huertos lunares (sí, lunares)

 

Lunar Plant Growth Habitat (LPX)

 

Un poco relacionado con el efecto de la Luna en las plantas, tal y como vimos en un artículo anterior, hemos querido investigar un poco más acerca de los proyectos actuales en relación al cultivo de plantas en otros espacios que no se encuentren en nuestro planeta.

El hombre siempre ha soñado con colonizar otros planeta o satélites, y desde hace muchos años hemos visto imágenes fantasiosas de módulos en los que existían pequeños invernaderos. Algo así es lo que tienen pensando hacer en Marte con el proyecto Mars One, para dentro de muy poco (a partir de 2.015).

Aunque el asunto tiene muchas aguas y dudamos de su realización, vamos a comentar qué experimentos hay actualmente relacionados con el cultivo de plantas en atmósferas modificadas.

El proyecto Lunar Plant Growth Habitat (LPX)

 

No, realmente no es nada parecido a lo de la foto de arriba, puesto que sería imposible que una planta pudiese realizar la fotosíntesis sin oxígeno. El proyecto consiste en estudiar la viabilidad de germinación de semillas y la respuesta de las plantas ante condiciones de menor gravedad y mayor radiación.

En el hombre y en algunos animales ya se han hecho estudios en relación a la respuesta de determinadas exposiciones (radiaciones, diferencia de gravedad, etc.), pero no con plantas.

El primer paso para una futura colonización (si la hay)  es ver si la planta no puede germinar cuando las condiciones no son las de nuestra planeta o bien pasa todo lo contrario, se estimula su crecimiento.

El módulo de los huertos lunares

 

La idea es depositar en la Luna como mucho antes del 2.015 (que poco queda ya…) un módulo que contenga todos los elementos necesarios para permitir la germinación de las plantas. Luz, agua, buena temperatura y un caldo de cultivo (un sustrato, por ejemplo).

Tendrá una capacidad de oxígeno suficiente para permitir su germinación y se evaluará, en comparación con el mismo experimento realizado en la tierra, el porcentaje de crecimiento de las plantas y su evolución. De esta forma se comprobará si el resultado es el mismo que se produciría aquí, si es peor, o bien si la baja gravedad le sienta bien a las plantas.

Quien sabe, puede ser el primer paso para los huertos lunares.

De esta forma permitirá realizar futuros estudios para evaluar la viabilidad de colonizar futuros satélites o planetas (como el Mars One que hemos comentado antes), en el cual deben haber módulos de invernadero para permitir crecer plantas que generen frutas, verduras y hortalizas frescas y garantizar la supervivencia de los exploradores espaciales.

efecto la Luna sobre las plantas

El sistema VEGGIE de la Estación Espacial Internacional

 

Actualmente ya se están utilizando algunos sistemas para mantener alimentados a los astronautas, como el VEGGIE, un Sistema de Producción Vegetal patentado por la NASA que se lanzará a bordo de la cápsula Dragón SpaceX con un sistema muy estudiado de nutrición vegetal que permitirá acelerar el proceso de cosecha de las plantas.

Consiste en una especie de microondas de 15 kg de peso que permitirá cultivar especies simples como rábanos, repollo, lechuga, etc. Se está investigando con plantas de porte más alto, como el tomate o la judía, aunque presentan problemas de espacio.

Fuente: agromatica.es

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