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Cuando se manipulan alimentos, una de las claves, además de la higiene, es el control de las temperaturas. Mantenerlos y conservarlos en las condiciones de frío adecuadas, así como establecer las mejores temperaturas de cocción y controlarlas, resulta fundamental para reducir el riesgo de proliferación de bacterias patógenas. Una de las condiciones en seguridad alimentaria y temperatura es “mantener fríos los alimentos fríos y calientes, los calientes”. Y es que la temperatura actúa como barrera para impedir la multiplicación microbiana y la producción de toxinas. El artículo explica cuál es la mejor temperatura para conservar y la mejor para cocinar y así evitar el riesgo alimentario.

El efecto de la temperatura en los alimentos y en el desarrollo de bacterias patógenas varía en función de los grados que se aplican: a más de 65 ºC, se destruyen; entre 5-10 ºC y 65 ºC, se evita la multiplicación; y de 8 ºC a -18 ºC, los patógenos se mantienen en estado latente, no se eliminan. No se entiende la seguridad alimentaria sin la temperatura (refrigeración, cocción o almacenamiento), ya que el refrigeración, entre 4 ºC y 7 ºC, que inhiben el crecimiento de microorganismos patógenos. Debe tenerse en cuenta que, a medida que la temperatura disminuye, se reduce también la velocidad de crecimiento de muchos de los microorganismos hasta el punto que se detiene. De ahí que se consiga alargar la vida útil del producto y baje el riesgo microbiológico.

A medida que la temperatura disminuye, se reduce también la velocidad de crecimiento de microorganismos patógenos
El tiempo de conservación de los frescos varía en función del alimento. El pescado fresco se mantiene en buenas condiciones a temperaturas de refrigeración durante unos dos días; la carne cruda, unos tres días; la carne y pescado cocidos, unos tres días; la leche abierta, los postres caseros y la verdura cocida, cuatro días; las verduras crudas y las conservas abiertas, cinco días; y los huevos, de dos a tres semanas.

A temperaturas de congelación (-18 ºC), que es la que se fija como la estándar, se inhiben las reacciones responsables del pardeamiento de los alimentos. Cuanto más baja es la temperatura, más lejos quedan las condiciones idóneas para que los microorganismos se multipliquen. Al solidificarse el agua del alimento, este se deseca y, por tanto, se facilita una mejor y más segura conservación. Se considera que a -18 ºC el nivel de proliferación de bacterias queda prácticamente inutilizado, de ahí que no se altere el alimento y se reduzcan los riesgos. Como la refrigeración, la congelación produce pocas modificaciones en el producto.

Algunos alimentos, sin embargo, no necesitan que se conserven en frío ni congelados. Con almacenarlos en la despensa de manera correcta es suficiente, ya que basta con mantenerlos a temperatura ambiente, en lugares secos y, en algunos casos, alejados de la luz. Son los aceites, productos de bollería, patatas, envases de leche cerrados o alimentos secos como el arroz, la pasta o los frutos secos.

La mejor temperatura para cocinar
Alimentos crudos como carne o verduras pueden contener bacterias patógenas como consecuencia de la contaminación del suelo o debido al proceso de preparación. Una de las medidas más efectivas es fritura, se produce una gradación de la temperatura, es decir, que esta disminuye cuando se introduce el alimento. Así, es importante asegurar que todo el volumen del alimento llegue a la temperatura mínima, y esto costará más o menos en función del grosor.

La cocción al baño María es una forma de conservación que consiste en someter a los alimentos a temperaturas de entre 70 ºC y 90 ºC. La particularidad está en que el proceso se produce por sumersión de botes de cristal con el alimento dentro y tapado de forma hermética en agua hirviendo durante un mínimo de 20 minutos. Si es importante garantizar que este proceso se realiza de manera adecuada, no lo es menos el momento de enfriamiento, ya que algunos microorganismos tienen su punto óptimo de desarrollo entre 40 ºC y 70 ºC.

La zona de peligro
Entre 5 ºC y 65 ºC es la zona considerada de peligro para los alimentos. Se considera que en este rango se cumplen las condiciones favorables para que virus, bacterias y hongos se desarrollen con facilidad en los alimentos. Por debajo de 5 ºC, su crecimiento es más lento; por encima de 65 ºC, las bacterias se eliminan. Debe tenerse en cuenta que bacterias como Salmonella, E. coli O157:H7 y Campylobacter tienen una temperatura óptima de crecimiento de unos 37 ºC. Se calcula que si un alimento se mantiene en esta zona de dos a cuatro horas, el riesgo de intoxicación aumenta.

Fuente: consumereroski.com
Imagen: Steve Wilde

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Un cultivo pasa por varias etapas de crecimiento, donde el resultado final es la cosecha y recogida de frutos. Sin embargo, para obtener un rendimiento adecuado y una calidad óptima de dicha cosecha, hace falta algunas cosas que todo agricultor debe saber. Una de ellas es el aporte de potasio que, como vamos a ver ahora, se puede hacer con sulfato de potasio.

Una práctica habitual de uso del potasio (y en este caso concreto, del sulfato de potasio) es utilizarlo para madurar y mejorar la calidad de los frutos.

El potasio lo encontramos en el suelo a partir de silicatos, cuyo origen lo tenemos que asignar a las rocas y minerales magmáticas como micas y feldespatos. Sin embargo, para no entrar en todo este tema que realmente no interesa tanto, básicamente mencionamos cómo encontramos el potasio en el suelo, desde el punto de vista de rendimiento.

Potasio directamente asimilable: va fijado en la superficie de las arcillas y en el complejo arcillo-húmico, que más de una vez hemos comentado en Agromática.
Potasio interlaminar: esta forma se encuentra entre las distintas láminas de la arcilla y le cuesta mucho a la raíz asimilar el potasio que se puede encontrar en ella. Sin embargo, está ahí.
Potasio en fracción mineral: es una fracción del total que podemos encontrar en el suelo no disponible para la planta. A partir de fenómenos como la meteorización o la acción degradativa de bacterías, se puede liberar muy lentamente y ser absorbido por la planta.
Decir, todo cabe, que el potasio directamente asimilable sólo forma el 0,1 o 0,15% del total de este elemento que podemos encontrar en el suelo.

sulfato de potasio en el suelo
La función del potasio en la planta
La función que ejerce el potasio sobre los cultivos es, por ser genérico, de tipo fisico-químico.

Se encarga de estimular el contenido en agua de las células, por lo que este hecho está muy relacionado con el engorde y calidad del fruto. También ejerce un efecto de control sobre la permeabilidad de dichas membranas celulares. Menor pérdida de agua se traduce en mayor conservación de frutas y hortalizas.

También contribuye a aportar resistencia a las plantas frente al frío, pues regula la concentración salina de los jugos celulares.

El potasio y el nitrógeno son buenos amigos, por lo que un plan de abonado rico en potasio favorecerá la absorción de nitrógeno.

Potasio efectivo = nitrógeno efectivo

Igualmente, con la sequía ocurre lo mismo. Como el potasio se encarga de reducir la velocidad de transpiración de la planta, en momentos de sequía tendrá más resistencia y será capaz de aguantar estoicamente en situaciones de estrés ambiental.

Y, por supuesto, el potasio ejerce un papel importantísimo en la elaboración de azúcares. Eso que hacen que las chirimoyas del chirimoyo estén tan dulces o la sandía tan jugosa. Por cierto, si después de lo que hemos dicho te apetece plantar sandías, no tienes más que seguir las recomendaciones de su cultivo. 🙂

Niña comiendo sandía con sulfato de potasio
Abonado de maduración en melón y sandía
Cuando llega la época de maduración en melón y sandía, una táctica común que utilizan muchos agricultores es utilizar el sulfato potásico para aumentar la conductividad y conseguir una mayor producción de azúcares.

El sulfato potásico aporta casi 900 mS/cm por cada medio gramo solubilizado en 1 litro de agua. O lo que es lo mismo, medio kilo por cada 1000 litros de agua.

[alert style=»red»]1 gramo/litro de de sulfato potásico aporta 1,8 mS/cm de conductividad [/alert]
Al elevar la conductividad con este fertilizante, también se incrementa la resistencia a absorber agua por parte de la planta, por lo que se reduce la probabilidad de que los frutos se rajen.

Aunque este rajado no está directamente ligado con la capacidad de absorber agua (puesto que en condiciones normales las paredes de los frutos pueden soportarlo), depende de las condiciones de sobremaduración de los frutos, que muchas veces ocurre esperando un buen resultado económico en su venta.

Estudios científicos han avalado que introducir un poco de amonio (fosfato monoamónico o sulfato amónico) reduce la capacidad de absorción de agua, por lo que también puede ayudar a estimular los procesos de maduración y reducir el agrietado.

Sin embargo, puede ser contraproducente introducir nitrógeno en esta fase, por lo que si tuviésemos que elegir entre estos dos fertilizantes, tenderíamos más por el fosfato monoamónico (12-61-0), que contiene menos nitrógeno (12%) y aporta fósforo que activa la maduración.

El hecho de estresar a la planta aumentando la conductividad hace que se incremente la producción de azúcares y aumenten los º Brix. Esto último, reduciendo la entrada de agua hacia la planta, también se puede conseguir recortando los riegos. Sin embargo, puede resultar peligroso en momentos de alta temperatura y gran insolación.

Jugar con riegos moderados, la aplicación de sufalto potásico y un poco de amonio es la combinación perfecta para conseguir frutos de gran dulzor.

Características del sulfato potásico
Es importante conocer las características que nos ofrece este abono, sobre todo a la hora de establecer un plan de abonado y una fertilización potásica.

Normalmente, la riqueza del sulfato de potasio es del 50%, y esto está relacionado con las unidades fertilizantes. Como puedes ver en el anterior enlace, para establecer la cantidad de abono potásico que se aporta a un cultivo (según las U.F.) y el sulfato de potasio, se hace mediante la siguiente relación.

100 U.F. de potasio para un cultivo = 200 kg de sulfato de potasio soluble en agua, K2O (50%).

En cuanto al azufre (en forma de SO3), se aporta entre un 18% y un 18,5%.

Beneficios de su aplicación
El azufre que contiene el sulfato de potasio juega un papel importante en la fisiología de las plantas, activando la producción de proteínas, enzimas y vitaminas.
Al reducir el pH del entorno radicular, en suelos alcalinos mejora la disponibilidad de fósforo e hierro, sobre todo, aunque también influye en la asimilación de otros micronutrientes.
Es interesante gestionar un producto altamente concentrado en potasio sin necesidad de aportar nitrógeno (como sí lo haría el nitrato potásico)
Puede ser utilizado para agricultura ecológica.
[alert style=»red»]No todos los sulfatos potásicos del mercado tienen registro ecológico, pero hay algunos que sí lo tienen.[/alert]
sulfato de potasio y fotosintatos hoja
¿Cuándo abonar con sulfato potásico?
Primero, partimos de la base de que se ha elegido sulfato de potasio porque nuestra intención, aparte de aportar potasio al suelo (y a la planta), también queremos reducir el pH de un suelo alcalino.

Si también tenemos un suelo con moderado contenido en sales y tenemos que aportar algún fertilizante a base de este elemento, usaríamos el sulfato de potasio.

Hay cultivos que responden muy bien a este abono, por la mezcla del potasio (del 47 al 52%, normalmente 50%) y el azufre (17%), como cítricos, frutales, brassicas, leguminosas, vid, platanera, etc.

En riego por aspersión, se puede aportar entre 1 y 2,5 g/l de agua, o 2-9 kg/100 L en goteo.

Algunas recomendaciones, según podemos extraer de algunos productos a base de sulfato de potasio:

Cítricos: 6 kg/ha y día.
Frutales: 250-500 kg/ha y año.
Hortícolas: 300-1.000 kg/ha.
Pimiento: 7 kg/ha y día, en la fase de engorde y maduración (durante las últimas 2-3 semanas).
Olivo: 0,75-2 kg/árbol y día
Piña: 8-9 kg/ha y día, durante la floración de los retoños.
Platanera: 5 kg/ha y día.
Eso sí, todo esto es a modo de recomendación. Lo ideal es establecer un plan de abonado adecuado según un análisis de suelo.

Fertilización y abonado con sulfato de potasio
La fertilización potásica
También hay que tener en cuenta los niveles de potasio que, de forma natural o por aportaciones anteriores, tiene el suelo donde vamos a cultivar.

Si los niveles de potasio en el suelo son normales o adecuados, simplemente tenemos que aportar potasio según la absorción que realice la planta de este elemento. Es decir, mantener la fertilidad del suelo en los niveles naturales y adecuados.

Si el suelo tiene pobres niveles de potasio, el objetivo es saturar los espacios interlaminaes de las arcillas (lo que hemos comentado antes) y las zonas superficiales. Si tenemos un suelo arenoso, las aportaciones de sulfato de potasio serán mayores con respecto a otra textura, puesto que habrá un mayor lavado.

Si tenemos un suelo con mucho contenido en potasio, hay que evaluar, mediante análisis de suelo, posibles problemas relacionados con acumulación de sales y carencias de magnesio en la planta.

Esto no quiere decir que no haya magnesio en el suelo, sino que la planta no es capaz de asimilarlo por el antagonismo K/Mg.

Dentro de la aplicación de sulfato potásico, tendremos distintas formas de presentación, adaptadas a fertirrigación (abono rapidamente soluble en agua) y en gránulo, para abonado de fondo, lentamente soluble.

Sulfato potásico en polvo

Rápidamentre soluble en tanques de fertirrigación, para aplicación en aspersión, goteo e inyectado en las tuberías de riego.

Sulfato potásico granulado

La bola de sulfato potásico puede ir sin protección o con protección (capa cerosa) para controlar la solubilidad. Generalmente se aplica directamente al suelo como abonado de fondo o alrededor de los árboles, y va diluyéndose lentamente por la humedad ambiental o la lluvia.

Necesidades de potasio de las hortalizas
Aunque según el técnico que recomiende el plan de abonado y todas las variables que pueden influir en la cantidad con la que se abona un suelo (sobre todo, medido en el análisis del suelo), un ejemplo de las unidades fertilizantes de potasio que necesitan algunas hortalizas y verduras sería el siguiente: (Extraído de la guía práctica de fertilización racional de los cultivos).

Cultivos al aire libre

Alcachofa (15-20 t/ha): 300-380 kg/ha

Apio (60-80 t/ha): 380-600 kg/ha

Berenjena (50-70 t/ha): 320-400 kg/ha

Brócoli (15-20 t/ha): 370-450 kg/ha

Calabacín (20-30 t/ha): 110-160 kg/ha

Cebolla (60-70 t/ha): 200-250 kg/ha

Col (45-55 t/ha): 290-320 kg/ha

Coliflor (25-35 t/ha): 300-360 kg/ha

Espinaca (22-28 t/ha): 180-220 kg/ha

Guisante (3-5 t/ha): 90-140 kg/ha

Judía verde (12-16 t/ha): 130-160 kg/ha

Lechuga (30-40 t/ha): 180-230 kg/ha

Melón (30-40 t/ha): 250-330 kg/ha

Pepino (25-35 t/ha): 120-160 kg/ha

Pimiento ( 55-65 t/ha): 300-340 kg/ha

Puerro (25-35 t/ha): 130-200 kg/ha

Rábano (22-28 t/ha): 90-110 kg/ha

Sandía (45-55 t/ha): 180-220 kg/ha

Tomate (55-65 kg/ha): 300-330 kg/ha

Zanahoria (60-70 t/ha): 300-450 kg/ha

Incompatibilidades del sulfato potásico
Para todos aquellos que tengan abonadora, decir que no todo vale ni se puede mezclar todo con todo. En una tabla básica de incompatibilidades entre elementos nutricionales (fertilizantes), podemos encontrar la siguiente relación:

COMPATIBILIDADES: nitrato potásico, nitrato amónico, fosfato monopotásico, fosfato monoamónico, nitrato de magnesio, sulfato de magnesio.

INCOMPATIBILIDADES: nitrato de calcio.

Su fgr en agua:

Solubilidad en agua 111 g/L (20 °C)
120 g/L (25 °C)
240 g/L (100 °C)
Diferencias del sulfato potásico con respecto al cloruro potásico
Estas dos fórmulas de fertilizantes de potasio se caracterizan, sobre todo, por no aportar nitrógeno al cultivo. Es decir, es una alternativa al conocido nitrato potásico que aporta, un 13% de nitrógeno y un 46% de potasio.

En cuanto a riquezas, hay pocas diferentes, ya que el sulfato potásico aporta entre un 50 y 52% de potasio (y 46-47% de SO3) y el cloruro potásico tiene una riqueza en potasio del 60%, algo más que el anterior.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que hay cultivos que son sensibles a la aportación de cloros, pero teniendo un cálculo del aporte de cloro al suelo y lo que van a absorber los cultivos, es un fertilizante bastante recomendable y no hay que tenerle miedo.

¿Qué potasio debe tener un suelo?
Independientemente de que aportemos al suelo (y posteriormente a la planta) sulfato de potasio, nitrato de potasio, cloruro potásico o materia orgánica (que suele tener entre 4 y 6% de este elemento), debemos mantener unos niveles mínimos de este elemento para garantizar una producción adecuada.

Esto lo podemos saber si conocemos los valores de referencia en un análisis de suelo.

En el complejo de cambio, el potasio debe estar entre el 2 y 6% del total, quedando un suelo en buenas condiciones de la siguiente manera:

Cationes de cambio (meq/100 gr):

Sodio: 0,5-3,0%
Potasio:2,0-6,0%
Calcio:40,0-80,0%
Magnesio:10,0-30,0%
Como se ve, en este caso los grandes protagonistas son el calcio y magnesio.

Extracto saturado

Un valor aceptable de potasio en el suelo, para no tener problemas de suministro de este elemento a las plantas y, al contrario, para no perjudicar la absorción de otros elementos si está en exceso, sería el siguiente:

Potasio: 1,0-5,0 meq/L
En el caso de que el valor esté cercano a 1 y dependiendo del cultivo, habrá que aplicar materia orgánica (M.O.) que puede enriquecerse con cloruro de potasio o sulfato de potasio, en caso de que se quiera limitar la aplicación de cloruros.

Si tenemos un suelo de pH alto y con evidentes problemas de clorosis férrica a mitad de campaña, acidificar el suelo con sulfato de potasio mejorará enormemente la respuesta futura del cultivo.

Por contra, si tenemos un suelo ya de por sí ácido, tendremos que buscar alternativas al sulfato de potasio y elegir fertilizantes o compuestos que no reduzcan el pH. En este caso, el aporte de materia orgánica (compost, purín líquido, estiércol, etc.) aportará muchos beneficios (mejora de la CIC del suelo, textura, esponjosidad, etc.) y aportará potasio.

Aumentar 200 UF/ha de potasio en suelo con bajo contenido en este elemento

Suele hacerse en cultivos exigentes en este elemento, aportar abonado de fondo rico en potasio. Por ejemplo, en tomate de industria, patata, cebolla, etc.

para ello, si aplicamos 400 kg/ha de sulfato de potasio, aportamos 200 kg puros de potasio y alrededor de 75 kg de azufre

Si contamos con una materia orgánica al 4% de potasio, necesitamos aplicar 5000 kg/ha de este elemento. Quizá, la mezcla ideal sea utilizar mezclar ambos componentes para aprovechar todo su potencial.

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El forraje verde hidropónico es la nueva forma de generar alimento para ganado ovino, bovino, porcino y aves de corral a bajos costos y con menos consumo de agua.

Técnicamente, la producción de FVH ( forraje verde hidropónico) es una tecnología de desarrollo de biomasa vegetal obtenida a partir de semillas con un alto poder germinativo para producir un forraje vivo de alta digestibilidad, calidad nutricional y apta para la alimentación de animales.

El procedimiento es básicamente poner a germinar las semillas en una cámara de pregerminado (que posee un sistema controlado de temperatura y humedad) hasta que estén en condiciones de pasarlas a las bandejas, para su terminación, dentro de un módulo.

El agua que las raíces no absorban, decantará por unos orificios que tienen las bandejas (que están inclinadas) ubicadas en sus extremos.

Nada se pierde, parte del agua es recolectada y filtrada para poder ser reutilizada.

Después de 10 días a partir de la germinación, cuando las plantas han alcanzado los 20 o 25 cm de largo establecidos según la especie, se retira el forraje para alimentar al ganado.

Por cada bandeja se estima una producción de 6 a 10 kg de forraje. El animal come todo el pan, semilla, raíz y hojas.

¿Cuáles son los beneficios del FVH?
«El costo del forraje verde hidropónico es de un 10% menos que la producción de un forraje tradicional«. De acuerdo con las experiencias previas logradas en relación con esta revolucionaria forma de cultivar y producir alimento para el ganado, en un espacio de tan solo 200 m2 es posible producir volúmenes similares a los que se producen en 40 hectáreas de tierra cultivada.

Esta forma de cultivar colabora en nuevas formas de aprovechar el agua y el suelo. Pero también contribuye a bajar de manera significativa los costos de la producción y, por lo tanto, de los productos finales para consumo, como la leche o la carne. En un contexto de crisis económica y cuando los períodos en los que la sequía complejiza la posibilidad de producir alimentos para alimentar al ganado amenazan a la producción, la propuesta se plantea como una nueva alternativa que además contiene altas concentraciones de proteínas.

Pero estas no son las únicas bondades que guarda esta nueva forma de producir alimentos. Además de ahorrar agua (debido a que con este recurso ya no es necesario regar las extensas tierras destinadas a la producción) el forraje verde hidropónico permite generar alimentos frescos, vivos y de alto valor nutricional para los animales.

«Los animales los prefieren por encima de cualquier otro tipo de dieta que se le quiera suministrar«. De hecho, el forraje producido de esta manera tiene el mismo porcentaje de proteínas que el alimento balanceado y mejor calidad q cualquier pasturas.

¿Dónde se pueden desarrollar estos cultivos hidropónicos?
En forrajetecnol, han desarrollado un sistema de módulos único en el país, que cuentan con capacidad para cultivar en una superficie menor de 8 m2 (18 bandejas de forraje diarios) con un rinde aproximado de 90 Kg de FVH en un periodo máximo de 10 días.

El módulo cuenta con sensores reguladores de temperatura, humedad, oxigeno , dióxido de carbono , un sistema de riego automático con movimiento y luz artificial para el crecimiento de cultivos. Toda esta tecnología fue desarrollada en colaboración con Punto Digital de la municipalidad de Viedma provincia de Río Negro.

Fuente: forrajetecnol.com

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En la mayoría de piensos para mascotas (principalmente perros y gatos) encontramos una fuente importante de cereales y vegetales que forman parte de su alimentación.

Aunque las proteínas juegan un papel fundamental en las mascotas, los perros han ido adaptándose lentamente a la alimentación omnívora, y los gatos siguen el mismo camino, donde se ha demostrado científicamente que mejora la calidad de vida de nuestros pequeños de la casa.

Por eso, hemos querido dedicar un artículo a los principales vegetales y cereales que están implicados en la alimentación (húmeda y deshidratada) de las mascotas, fundamentalmente porque son usadas por las marcas de piensos más conocidas a nivel mundial.

En cualquier caso, antes de comprar online comida deshidratada para perros, es sumamente importante conocer la composición del alimento, así como el nivel de procesado del alimento y los aditivos que contiene, algo que condiciona el resultado final del pienso.

Todos los piensos contienen la lista de ingredientes, ordenados generalmente por orden de concentración. Es decir, al principio aparecen los alimentos que se encuentran en mayor cantidad en el pienso.

¿De qué está hecho el pienso de nuestras mascotas?
Tanto los perros como los gatos son omnívoros, y son capaces de ingerir alimentos de origen animal y vegetal. Esta conversión de carnívoros a omnívoros ha sucedido a lo largo de muchísimos años durante su proceso de domesticación.

De hecho, a un gato salvaje no lo vamos a encontrar escarbando en un huerto para conseguir patatas, pero eso no quiere decir que no sea lo mejor para su alimentación.

Es muy importante que la alimentación de tus mascotas le proporcione los aminoácidos esenciales que su cuerpo no puede sintetizar, por lo que lo ideal es conseguir una mezcla ideal de proteína animal y vegetal, pero siempre contando con que la proteína animal debe ser la principal.

Proteínas
Las proteínas son uno de los elementos más importantes para las mascotas, y deben encontrarse en cantidades suficiente según el animal del que esté ideado el pienso.

En general, encontramos carnes frescas y deshidratadas, harina de proteína animal y proteína hidrolizada (aminoácidos). Lo más habitual es encontrar una variedad amplia entre pollo, buey, ternera, salmón y otros pescados grasos.

Cereales y vegetales
Dentro de los productos vegetales, diferenciamos las verduras y los cereales. Esta parte es importante, al menos la primera, ya que aporta las vitaminas y los oligoelementos que las mascotas necesitan

Dentro de los cereales, los más utilizados para la fabricación de pienso son los siguientes:

Arroz: bastante utilizado por su composición y coste de obtención.
Maíz: uno de los cereales más utilizados en piensos para perros.
Trigo: fuente de almidón y proteína vegetal, utilizándose principalmente la harina de trigo y la harina de germen de trigo.
Avena o soja: ingrediente fundamental en piensos especiales para mascotas con problemas digestivos.

Muchos veterinarios coinciden en que los piensos que incluyan cereales en su composición deben ser naturales, sin azúcares añadidos, sin gluten, sin conservantes ni harinas extras. A día de hoy hay controversia sobre el papel de los cereales en la alimentación, ya que hay opiniones diferenciadas donde valoran mucho más el contenido en proteínas animales.

Entre los vegetales incluimos una gran variedad de fuentes de plantas que proporcionan principalmente azúcares naturales, fibra y la mayor concentración de vitaminas, indispensable para la salud de los animales.

Aunque casi todas las mascotas pueden comer cualquier tipo de verdura, en los piensos hidratados y secos encontramos únicamente aquellas que se manipulan bien en industria y tienen un alto poder de conservación.

Vegetales en piensos para mascotas
Algunos de los vegetales utilizados para mascotas son los siguientes:

Patatas
Zanahoria
Calabaza
Remolacha
Judías verdes
Guisantes
Espárrago
Soja verde
Coliflor y brócoli
Boniatos
Coles de Bruselas
Espinacas

También podemos encontrar en algunos piensos, aunque no tan común, frutas como la pera, manzana, plátano o berries. Y tampoco hay que descuidar el aporte de vitaminas y minerales que ofrecen los ingredientes procedentes de plantas aromáticas y semillas, como perejil, tomillo, semillas de lino, etc.

Las legumbres son utilizadas como fuente de carbohidratos y proteína vegetal de calidad.

Frutas no adecuadas para perros
No todas las frutas se adaptan perfectamente a la alimentación de nuestras mascotas, ya que algunas pueden ser contraproducentes según la cantidad en la que se aporten.

Uvas: pueden resultar tóxicas a medio plazo, provocando problemas renales.
Cerezas: si se ingieren con el hueso, puede contener cantidades minúsculas de cianuro, pero en concentraciones altas, pueden provocar una intoxicación. Lo mismo sucede con la ciruela y con los dátiles, además de que el hueso puede provocar un problema digestivo.

Higos: su alto contenido en azúcares y fibras puede provocar desórdenes intestinales a las mascotas, especialmente diarrea. Alguno de sus componentes (ficina y fucosina) no son muy amigables para tu perro.
Aguacate. Este fruto contiene persina, un componenten que puede provocar vómitos y diarrea a los perros.

Fuente: agromatica

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La humedad del suelo es un concepto esencial ya sea en cultivos intensivos, extensivos, huertos ecológicos, las plantas de una casa y todo aquello que tenga que ver con desarrollo vegetal. Todos nos imaginamos qué es, aunque hoy vamos a profundizar algo más. Nos metemos en el suelo para ver cómo se comporta el agua en su interior.

Sabemos que en el suelo hay agua pero, ¿cómo se comporta?
Partimos de la ley fundamental de toda vida en el planeta cuya necesidad de agua es incondicional. Estamos ligados a ella de una forma u otra y las plantas no son una excepción. Podríamos pensar en los cactus pero necesitan agua como cualquier otra (en menos cantidad) sólo que estos la almacenan y apenas transpiran para que no escape. En el artículo publicado hace tiempo por Eduardo, nos contaba al detalle cómo influye el agua en el crecimiento de las plantas y cómo se debe regar.

Una vez comentada la importancia, el medio habitual de absorción de agua por parte del reino vegetal, es el suelo. El agua contenida en él. Esto nos lleva al término humedad del suelo. ¿Qué humedad del suelo debo tener para las plantas? Esta es una pregunta demasiado amplia y la respuesta como siempre es: depende. Depende de la especie, las condiciones, el tipo de suelo, su estructura, su composición, pero sobre todo de lo primero: de la especie. La planta es la que nos determina su tolerancia a mayor o menor cantidad de agua en el sustrato. Sus raíces son las que se pudren o no, dependiendo de qué planta hablemos.

Mencionando dos extremos: la raíz del cactus es muy poco tolerante a un exceso de humedad y se pudre enseguida. A más de uno le habrá pasado que ha regado un cactus más de la cuenta y finalmente ha muerto. Y por otro tenemos el nenúfar o plantas afines de pantano, que viven literalmente en el agua sin inmutarse. Su estructura vegetal está diseñada para no «ahogarse». Por tanto, el término humedad del suelo adecuada, es muy variable en el mundo vegetal.

¿Cómo definimos la humedad del suelo?
Es sencillo pensar que la humedad del suelo va a ser simplemente el agua que contenga el suelo, sin más. Tal afirmación es cierta, pero algo sesgada desde la visión agronómica. Hemos de definir en qué momento se mide la humedad del suelo. En un suelo muy arenoso, justo después de una lluvia, la humedad será alta, pero ¿cuánto dura eso? El agua se drenará igual de rápido que ha caído y dejará de ser disponible para las plantas en cuestión de horas o incluso minutos. Lo interesante es ver qué capacidad tiene es suelo para retener ese agua y que sea disponible para las plantas y además, que éstas últimas toleren el agua retenida. Esto lleva a pensar, cómo se queda el agua atrapada en el suelo, qué fenómenos tienen lugar.

¿Cómo se encuentra el agua en el suelo?
En primer lugar y lo más sencillo:

El agua libre: Es la fracción de agua que se encuentra alojada en los poros de mayor tamaño del suelo sin ninguna fuerza molecular que le impida moverse libremente (de ahí lo de libre). La fuerza de la gravedad es la que hace desplazarse este agua hacia capas más profundas del suelo relativamente rápido. El ejemplo más extremo es pensar en la arena de playa. Los huecos entre partículas arenosas, son muy grandes. El agua percolará rápidamente por efecto de la gravedad. Este agua se pierde rápidamente por el drenaje del suelo. La deducción directa es que este agua no estará disponible para las plantas.

humedad del suelo 1
Fuente: groasis.com
Fenómenos de capilaridad. Más de una vez hemos oído hablar de la tensión superficial del agua. Cuando vemos un Gerris lacustris (comúnmente llamado zapatero) caminar sobre el agua, estamos ante un fenómeno de tensión superficial. Es decir, la fuerza que ejerce el insecto sobre el agua, no supera a las fuerzas de unión de su tensión superficial. Esta misma tensión superficial existe en el agua del suelo y provoca movimientos por capilaridad en el suelo. Para esto, la estructura del suelo debe ser muy distinta a la de un suelo arenoso. Los poros o espacios entre partículas deben ser mucho más pequeños (microporos) que en un suelo arenoso (macroporos) y esto permite que las fuerzas de tensión superficial retengan ese agua. Desde el punto de vista nutricional, esta es la fracción de agua del suelo que nos interesa. La mayor parte del agua capilar es la que las plantas pueden absorber sin dificultad. Estas fuerzas de unión no son muy intensas y las raíces pueden vencerlas para absorber dicho agua.

humedad del suelo gerris lacustris
Zapatero. Guerris lacustris
Fuente: wikipedia.org
Por otro lado tenemos el agua que forma parte de la materia orgánica alojada en el suelo. Los compuestos orgánicos tienen agua en su constitución molecular, salvo que esta tampoco está disponible. Lo mismo ocurre con el agua adherida a las partículas del suelo. Su unión es tan fuerte que tampoco estará disponible. Estas dos fracciones de agua del suelo no tienen prácticamente importancia. Primero porque son fracciones muy pequeñas, y segundo, porque no están disponibles para la planta. Pero existen y hay que mencionarlas.

De aquí podemos deducir que de todas las formas de agua presentes en el suelo la que nos interesa es la capilar:

Contenido en humedad del suelo = Agua libre + agua capilar + agua molecular y adherida (higroscópica)

Teniendo en cuenta que las dos últimas fracciones son poco significativas y que el agua libre se drena relativamente rápido, podemos establecer que la capacidad de retención de agua de un suelo, corresponde en su mayor parte al agua capilar. Y de esta, una buena parte estará disponible para las plantas. Ya tenemos nuestra definición de humedad del suelo, desde el punto de vista de interés agronómico. Y de aquí, se deducen dos términos muy utilizados en el mundo agronómico que nos indican el intervalo para el cual la planta se encuentra con niveles adecuados de humedad o agua disponible. Este intervalo es el que nos determinará en gran medida, los intervalos y las frecuencias de riego.

Capacidad de campo: Es la cantidad máxima de agua que un suelo puede retener después del drenaje del agua libre. Si tenemos en cuenta lo descrito anteriormente, la fracción de agua correspondiente a la capacidad de campo será prácticamente equivalente al agua capilar.
Punto de marchitez: Es el momento en que no existe agua disponible para las plantas y éstas comienzan —como bien indica el término a definir— a marchitarse.
¿Y cómo medimos la humedad del suelo?
Este es un punto difícil. La cantidad varía mucho en el suelo. Como bien sabemos la homogeneidad de un suelo brilla por su ausencia casi siempre. Los métodos más exactos suelen ser métodos de laboratorio, cámaras de presión, gravimetría etc. que determinan los puntos de marchitez, capacidad de campo etc, de una muestra de suelo homogeneizada. Estos métodos nos dan los valores más exactos y de referencia, pero muchas veces necesitamos saber los valores aproximados casi en tiempo real, con el fin de actuar en consecuencia con nuestros cultivos.

humedad del suelo medidor
La medición «in situ» se realiza principalmente por tensiómetros o actualmente por métodos eléctricos. Los medidores de humedad actuales son capaces de determinar en segundos, los valores de capacidad de campo (Field capacity en inglés) y Punto de marchitez (Wilting point). Los ponemos en inglés porque la instrumentación suele venir en este idioma.

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Identificar y saber cómo es un pulgón, a qué partes ataca y cómo lo hace se hace necesario para combatir con éxito esta plaga tan común en nuestras plantas de interior. En esta entrada hablamos del pulgón, su forma de actuación en la planta, simbiosis con otros organismos y tratamientos a seguir para eliminarlo.

Conoce un poco mejor este diminuto áfido
Por todos es conocido el pulgón, pero no es sólo uno. Hay multitud de especies (más de 4.000) que invadirán y acabarán con nuestras plantas si les dejamos. Aunque el pulgón sea su nombre común lo cierto es que es toda una familia en la que se encuadran multitud de especies. Dicha familia es Aphididae (áfidos en castellano). Miden unos pocos milímetros y se les identifica visualmente de forma sencilla. Son piriformes y de diversos colores, siendo los más frecuentes los verdes, negros y amarillos. Hay diferencias pero en lo que todos coinciden es en el daño que nos causan en nuestras plantas de interior que tanto cuidamos.

¿Qué le hace el pulgón a la planta?
El pulgón, suele encontrarse en las partes más nuevas de la planta, los brotes y tallos nuevos que se encuentran con la máxima actividad por su pleno desarrollo, serán el objetivo más inmediato de estos pequeños insectos por la búsqueda del nitrógeno que es un elemento muy móvil que se encuentra sobre todo en estas partes nuevas de las plantas. . Por ello, las primeras apariciones suelen ser a partir de la primavera cuando la planta empieza en su actividad de desarrollo. Debemos vigilar las partes jóvenes de las plantas lo primero porque será ahí donde detectaremos pequeñas agrupaciones al principio. El pulgón se dedica literalmente a succionar la savia de los tejidos de la planta empezando por las hojas. Posee un órgano succionador que extrae la savia dejando a la planta sin transporte de nutrientes lo que desemboca en una pérdida seria del vigor y malformaciones severas.

Sin título
Pulgones alimentándose
Fuente: thenerdygardener.hubpages.com
Además hay que recordar que el pulgón suele venir acompañado de otros insectos y enfermedades. Un ejemplo son las hormigas que colaboran con ellos en una delicada simbiosis en la que la hormiga, en vez de comerse al pulgón, lo limpia, lo cuida y lo protege de depredadores, incluso la hormiga transporta al pulgón a otros brotes cuando este ya ha terminado de secar literalmente la parte que estaba succionando. A cambio, la hormiga se beneficia de la melaza que segrega el pulgón. Si detectas un ataque severo de pulgón y te encuentras hormigas pajareando por la planta, estarás ante toda una maquinaria natural de asociación de especies que acabarán con tu planta sin remedio. Por ello debemos poner fin y salvar nuestra planta de semejante maravilla simbiótica, cruel con nuestra planta, pero siendo objetivos, es impresionante, las cotas perfección que alcanzan estas asociaciones.

El hongo negrilla es otro «amigo» del que ya hablaremos pero que se hace presente muy frecuentemente con la invasión de pulgón. Además los pulgones son vectores de cientos más de cien virus que afectan a las plantas y difíciles de erradicar, pero en plantas de interior, esto último suele ser menos común.

negrilla
Hongo Negrilla asociado a pulgón o cochinilla
Fuente: comunidadvillor.es
Actuación frente al pulgón en plantas de interior
Si la detección es temprana suele valer con desbrotar las partes afectadas y retirar con agua tibia a presión pulverizada los pulgones presentes. Además conseguiremos una poda suave que mejorará la forma de la planta. No suele ser común que con quitar las partes afectadas eliminemos el problema. Seguramente tendremos que tratar.

Tratamientos
Entre los tratamientos naturales existen diferentes soluciones tanto preventivas como correctivas. Ya hemos comentado algunos hace un par de días con los extractos de plantas:

Infusión de Ajenjo (100 g/L en dilución al 20%), para evitar la entrada de insectos en el cultivo.
Maceración 500 g de hojas de ruibarbo en 3 Litros y hacer 3 tratamientos, uno por día para evitar la plaga.
100 g de ajos picados y macerados con 2 cucharadas de aceite de oliva y 1 Litro de agua reposando 1 semana diluyendo el caldo al 5 %. Remedio insecticida.
Infusión de hojas frescas de ortiga (100 g/L). Aunque esto suele ser más preventivo.
Otra forma de combatir el pulgón en plantas de interior suele ser la solución potásica. Para ello hay que diluir en agua jabón potásico líquido. Las concentraciones varían dependiendo de la pureza del jabón potásico que se compre y del formato (sólido o líquido). Suelen ser concentraciones de entre el 1 y el 5% (entre 10 y 50 ml/litro de agua).

La opción fácil es simplemente ir a nuestro centro de jardinería, floristería o similar y pedir una solución específica para el pulgón.

Depredadores naturales del pulgón
Teniendo en cuenta que estamos tratando del pulgón para plantas de interior, este último apartado es más por curiosidad que por solución. La conocida mariquita o el sírfido son auténticas bestias voraces de pulgones como si de bocadillos de chorizo se tratase, aunque no creo que queramos tener decenas de mariquitas revoloteando por el salón así que esta lucha biológica la dejamos para el huerto ;-).

Fuente: agromatica

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¿Qué ventajas puede tener el cultivo hidropónico o cultivo sin suelo?

Se tiene un mayor control de la nutrición en la planta ya que no hay interacciones por parte del suelo (estructura, pH, biología, sales, etc.).

Como es un sistema cerrado donde se reciclan las aportaciones de agua y minerales, el aprovechamiento de los recursos es altísimo.
Hay muchas más alternativas de sustratos y aportaciones minerales que con respecto al cultivo tradicional en suelo.

Ausencia de algunas enfermedades comunes originadas por el contacto con el suelo agrícola (hongos que viven en el suelo).

Semejante uniformidad en los cultivos al tener el mismo agua y la misma solución nutritiva, y no estar influenciado por alguna características externa generada por el suelo.

Aumento de la productividad.
Aumento del desarrollo del cultivo y precocidad.
Aumenta la facilidad de la recolección del cultivo.
¡Eeeeehhh! ¿Todo son ventajas? Por supuesto que no, también hay algunos inconvenientes:

¿Qué inconvenientes puede tener el cultivo hidropónico o cultivo sin suelo?
Generas plásticos y residuos en una cantidad mucho mayor que en el cultivo sin suelo.
Los sustratos, al ser inocuos, generan mayores problemas con respecto a enfermedades en la raíz. Es decir, aparecen con menos probabilidad (tal como lo hemos dicho antes) pero cuando lo hacen causan más problemas.
Necesidad de realizar un control exhaustivo y permanente de la instalación. En el suelo agrícola los fallos se toleran mejor, pero en el cultivo hidropónico un fallo puede suponer la pérdida total del cultivo.
Mayor coste de instalación. Sustratos, riego, estructura, contenedores, etc.
Gran asesoramiento técnico debido al punto 3.
cultivo hidropónico de tomates
Una curiosa forma de cultivo hidropónico en tomates
Fuente: Kathy Kimpel
¿Qué sustrato elegir?

En el mercado hay un gran mundo de sustratos cada uno con sus propiedades particulares entre los que se incluye (aunque os parezca curioso) el agua. En este artículo que hicimos aparecen una gran parte de los sustratos que podéis comprar.

Si aún estás interesado en conocer todos los sustratos que se pueden utilizar, el ministerio de agricultura te ofrece la posibilidad de conocer las principales características de cada uno. Lo puedes hacer aquí. ¡Hay muchísimos!

Elegir uno u otro va en función del cultivo. Hay que tener en cuenta todas las características de cada uno, pero generalmente lo que se pide a un sustrato para un cultivo sin suelo es una gran capacidad de retención, drenaje rápido, buena aireación, baja densidad aparente, estabilidad y distribución del tamaño de partículas.

Capacidad de aireación

Esto significa que el sustrato debe contener aire después de regar, para que no se produzca asfixia radicular. El valor ideal con respecto a la capacidad de aireación está comprendido entre 20 y 30%.

Agua disponible

El agua disponible es el agua que puede aprovechar la planta sin dificultad una vez se ha regado y drenado correctamente. Este valor está influido por la tensión del agua y afecta de manera importante a la productividad. Un valor óptimo puede estar comprendido entre 20-30%.

Porosidad

Con la porosidad nos referimos al espacio libre que debe haber en un sustrato para que este sea ocupado o bien por aire o bien por agua (con nutrientes). Para que sea óptimo tiene que tener un porcentaje de porosidad del 85%.

El tamaño de las partículas

El tamaño de las partículas es un factor muy importante que, de hecho, lo hemos comentado dentro de las principales características que debe tener un buen sustrato. Este factor condiciona la porosidad o espacio libre que hay en el sustrato, y a mayor tamaño de partículas, mayor espacio. Nosotros queremos que haya una porosidad del 85 %, por lo que el tamaño de las partículas debe estar comprendido entre 30 y 300 micras.

El pH

Un sustrato puede influir positiva o negativamente en el valor del pH y afectar al cultivo. Los sustratos orgánicos, como la tierra, tienen mayor capacidad tampón, es decir, mayor resistencia a variar su pH. Para que un cultivo se desarrolle correctamente tendremos que saber el Ph correcto de crecimiento, y eso lo podemos saber a partir de este artículo sobre el Ph de las plantas . Normalmente estará comprendido entre 5,5 y 6,8.

Por no hacer esto demasiado pesado, en vez de poner aquí las propiedades de cada sustrato, le dedicaremos a cada uno un artículo y lo añadiremos a esta entrada, para que se pueda consultar de forma cómoda.

¿Qué fertilizantes se suelen emplear más en cultivo hidropónico?
Aunque seguramente haya muchos más, estos son los más empleados:

Nitrato magnésico: MgNo3 6H20
Nitrato cálcico: Ca(No3)2
Nitrato potásico: KNO3
Fosfato monoamónico: NH4H2PO4
Ácido fosfórico (100%): H3PO4
Ácido nítrico (37%): HNO3
Sulfato magnésico: MgSO4 7H2O
Sulfato potásico: K2SO4
Fosfato monopotásico: KH2PO4
Ácido fosfórico (37%): H3PO4
Nitrato amónico: NH4NO3
Ácido nítrico 100%: HNO3

4 ejemplos de soluciones nutritivas en 1.000 L

Solución nutritiva 1:

Nitrato de cal: 49,4 kg
Nitrato potásico: 38,4 kg
Microelementos: 2 kg
Solución nutritiva 2:

Nitrato potásico :31,8 kg
Nitrato amónico: 4 kg
Ácido fosfórico 75%: 12,3 L (líquido)
Solución nutritiva 3:

Nitrato potásico: 36,6 kg
Sulfato potásico: 16,5 kg
Microelementos: 2 kg
Solución nutritiva 4:

Nitrato potásico: 32,1 kg
Sulfato potásico: 1,4 kg
Fosfato monopotásico: 20,4 kg
Sulfato magnésico: 35,9 kg
Punto de control. ¿Va todo bien?
cultivo hidropónico
Hay una serie de medidas y comprobaciones periódicas para ver si está todo correcto y no nos hemos equivocado en la elección del sustrato, al cantidad de riego o el tipo de abonado. Vamos a verlo caso por caso:

El drenaje

El drenaje del sustrato en el cultivo hidropónico viene dado por la cantidad de agua de riego y las características del sustrato. Una forma de calcular el drenaje y saber si todo marcha bien es hacer lo siguiente:

Ver la cantidad de agua con la que se inicia el riego. Ejemplo: 100 Litros
Ver el número de goteros, aspersores o medios de riego que tenemos. Ejemplo 4
Ver la cantidad de agua que vuelve al origen, es decir, que se recicla: Ejemplo 85 Litros.
Calcular el porcentaje de agua drenada.
Hacer el cálculo es muy sencillo:

fórmula drenaje hidropónico
Esto lo podemos hacer por partes en la instalación para comprobar si todas esas partes tienen el mismo % de drenaje, lo cuál quiere decir que todo está en orden, no hay problemas de riego, de obstrucción de goteros o aspersores, etc.

Dotación de riego

El riego es una variable muy importante (indispensable) en el cultivo hidropónico y se tiene que estudiar detenidamente. Variará, como es lógico, según el cultivo y el sustrato que utilicemos, ya que cada planta tiene sus necesidades y cada sustrato tiene sus características (capacidad retención, porosidad, drenaje, etc.).

Hay que tener en cuenta lo que es la fracción de agotamiento, que significa el máximo porcentaje de agua que se pierde por evaporación o drenaje sin que se refleje efectos negativos en la planta, como marchitez. Para el caso del cultivo hidropónico, en la mayoría de sustratos, la fracción de agotamiento es del 5% y supone una forma de determinar la separación y tipo de riego a realizar.

Riego en el periodo 1:

Pasadas unas horas del amanecer, el sustrato tiene una fracción de agotamiento superior al 5% si no se ha regado por la noche, por lo que se debe regar para recuperar los niveles de humedad adecuados. La cantidad de riego se mide por el porcentaje de drenaje que se calcula a partir de la fórmula anterior, y en este periodo ha de estar comprendida entre un 5y un 10 %.

Riego en el periodo 2:

Corresponde a las horas de mayor radiación solar y en definitiva, de mayor calor. La humedad relativa desciende y ha de compensarse mediante el riego. Los niveles de drenaje han de ser más altos pero la frecuencia de riego menor, llegando al caso de tener que realizar dos riegos en un periodo inferior a 1 hora (algunos casos 30 min).

Riego en el periodo 3:

Son las últimas horas del día y apunto de anochecer. El nivel de drenaje se ha de reducir y corresponde al momento en el que las necesidades hídricas son bastante bajas.

Riego en el periodo 4:

El periodo 4 corresponde a la noche, con los niveles mínimos de temperatura y evapotranspiración. Normalmente no se riega salvo épocas muy calurosas, ya que se requiere una buena oxigenación de las raíces. Los niveles de drenaje están comprendidos entre el 10 y el 25 % al inicio del cultivo, y entre 25 y 30 % en su etapa de maduración.

Sistemas de recirculación del agua con nutrientes en cultivo hidropónico
Sistema NFT

Sistema NGS

Fuente: agromatica.es

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El cultivo del maracuyá (Passiflora edulis) es originario de la región amazónica del Brasil, de donde fue difundida a Australia, pasando luego a Hawai en 1923. En la actualidad se cultiva en Australia, Nueva Guinea, Sri Lanka, Sudáfrica, India, Taiwán, Hawai, Brasil, Perú, Ecuador, Venezuela y en Colombia. El maracuyá también es conocido con el nombre de: parchita, parcha, chinola, granadilla, pasionaria, fruta de la pasión, passionfruit (inglés)

cultivo del maracuyá

Propagación por semilla
Es el método más simple y más usado, pero trae como consecuencia una gran variabilidad en el orden genético del material obtenido, debido a la polinización cruzada, por lo tanto las plantas obtenidas no serán idénticas a la planta madre, pero a la vez existe un menor riesgo de incompatibilidad por la misma variabilidad. Las plantas producidas por este sistema son más vigorosas y presentan una vida más larga que por esqueje.

Propagación por esqueje del cultivo del maracuyá
Consiste en usar partes intermedias de las guías, y presenta la ventaja de poder obtener plantas con características idénticas a la planta matriz, por lo que las plantaciones son homogéneas, pero se corre el riesgo de aumentar la incompatibilidad, ya que al seleccionar las plantas con las mejores características se podría estar tomando plantas originadas del mismo clon. Este método es el más usado en la propagación de maracuyá dulce (Passiflora alata).

Propagación por injerto del cultivo del maracuyá
La no es muy usado comercialmente, ya que incrementa los costos, su utilidad sería el poder combinar patrones resistentes a hongos del suelo o encharcamientos, con plantas que presenten buenas características agronómicas, como precocidad, sabor y tamaño de fruto. El tipo de injerto que se usa es el de cuña.

Siembra del maracuyá
Para obtener la semilla, se retira la pulpa, luego se fermenta en un recipiente durante tres días, se lavan y secan a la sombra, además de que se mezclan con un producto a base de Thiram; el semillero se realiza a través de siembra directa en bolsas de plástico o en camas, siempre utilizando un techo tipo de vegetación para evitar la incidencia del sol de forma directa.

cultivo del maracuyá

Para el trasplanté se construyen pequeñas zanjas de 40 x 40 x 50 cm de profundidad, integrando de 2 a 3 kg de gallinaza y 200 gr de superfosfato simple. Se siembran tres semillas por bolsa y se colocan a un centímetro de profundidad, luego se cubre con granza de arroz para guardar humedad e impedir que el golpe del agua descubra a las semillas. Para producir 1000 plantas se necesitan 70 gramos de semilla.

Plantación en el cultivo de maracuyá
El material estará listo para siembra cuando alcance una altura de 15 – 20 cm; independientemente de si se propagó por semilla o por estaca, esto ocurre entre 1- 2 meses después de la siembra. En el fondo del hoyo se colocan 100 gramos de fórmula 18 – 46 – 0 de N,P 0 , K O y 2 5 2 5 gramos de carbofuran 5%; los que se mezclan con tierra y luego se coloca sobre esta mezcla una capa de 5 cm de tierra.

Requerimientos nutricionales del maracuyá
Las plantas de maracuyá tienen un crecimiento continuo y vigoroso; la absorción de nutrientes se intensifica a partir de los 250 días de edad lo que corresponde a la etapa de pre fructificación. En Brasil se recomienda aplicar anualmente 160 g de nitrógeno por planta por año, 80 de fósforo y 320 de potasio.

Fertilización foliar en el cultivo del maracuyá
En suelos arenosos, pobres en materia orgánica, ocurren deficiencias de elementos menores, especialmente boro, zinc. Cuando se encuentra en el suelo niveles de boro inferiores; a 0,20 mg/dm3 y de zinc de 0,5 mg/dm3; se recomienda hacer tres aplicaciones anuales de ácido bórico al 0,1% y tres de sulfato de zinc al 0,3.

El contenido de este artículo fue elaborado por: Ing. Juan Loayza Valdivia y Ing. Einstein Pozo Gerardini para www.gob.pe/inia.

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Hoy nos vamos a un concepto algo más técnico. Puede sonar complicado por eso de que lleva el nombre «integral» delante pero ya veremos como resulta sencillísimo aplicar este método. La integral térmica es un concepto utilizado en la agricultura para establecer un patrón de cómo se van a comportar ciertos organismos y plantas según las temperaturas ambientales a las que están sometidos.

El ciclo de las plantas y la temperatura

Desde hace siglos, la humanidad ha observado cómo los mismos cultivos sometidos a climas más benévolos y cálidos, completaban sus ciclos vitales antes que en zonas de clima frío.

Esta observación inmediatamente nos lleva a pensar que la temperatura ambiente a la que está sometido el cultivo tiene una influencia directa sobre la velocidad de crecimiento. Es decir, deducimos que existe una relación entre estas dos variables.

Lo interesante de esta idea, es poder cuanitificar de alguna forma esta relación, con la gran ventaja de que si responde a un patrón más o menos constante, se pueden hacer grandes avances en el control de los cultivos y sus interacciones con el medio. Para ello se construyó el término integral térmica.

Los estados fenológicos de las plantas y la integral térmica
Las plantas responden a un ciclo vital año tras año definido por unos estados muy bien marcados (estados fenológicos) que todos conocemos, como pueden ser: germinación, estado vegetativo, floración, fructificación, reposo invernal (en el caso de perennes o árboles)… Todos estos estados fenológicos se completan cuando la planta ha acumulado una temperatura más o menos concreta.

Cuanto antes acumule esa temperatura, antes completará cada uno de los estados y por tanto su ciclo vital se acorta. Es cuando entra en juego la forma de cuantificar esta acumulación térmica.

Integral Térmica

¿Qué es exactamente la integral térmica?
Aunque parezca que su nombre nos va a remitir a una fórmula matemática incomprensible, lo cierto es que es lo más sencillo del mundo. Es una simple y llana suma, una suma de grados. De hecho, también se conoce como grados día o unidades de calor. Grados-día se llaman en el caso de que se tomen temperaturas medias diarias (que suele ser lo más común).

Esto se expresa como grados acumlados necesarios para completar un estado fenológico o el ciclo completo, que podemos calcular sumando las temperaturas efectivas de desarrollo día tras día hasta llegar al número indicado para el cultivo. Pongamos un ejemplo:

El trigo necesita acumular aproximadamente 2000ºC, con cierto margen de variación, para conseguir la madurez desde el momento en que se siembra. Para saber cuando va a alcanzar la madurez deberíamos ir sumando las unidades de calor día tras día hasta llegar a esos 2000ºC.

Desde que se siembra, las temperaturas efectivas de crecimiento para el trigo día a día han sido: 10, 12, 8, 14, 16, 25…. Se van sumando hasta llegar a la denominada integral térmica de 2000ºC. Será entonces cuando el cultivo habrá llegado a su madurez y sabremos los días que ha tardado en llegar a ese número.

Es evidente entonces, que cuanto más calor haga día tras día, antes se llegará a dicha integral.

Algunos conceptos a tener en cuenta
En primer lugar, antes de saber cómo calcular la integral térmica de un cultivo hemos de tener algunos conceptos claros como son los umbrales térmicos superior e inferior.

Toda planta se desarrolla en un rango de temperaturas en función de su adaptación a las condiciones climáticas. Cada familia, género, especie o subespecie hasta variedad, tienen diferencias en cuanto al rango térmico de desarrollo.

Umbral inferior o temperatura base
Se considera umbral térmico inferior, temperatura base o temperatura cero de crecimiento a la temperatura por debajo de la cual la planta detiene su crecimiento por completo. Por tanto, cuando se haga la integral térmica de un cultivo, toda temperatura por debajo de este umbral mínimo no contabilizará en el desarrollo del cultivo.

Umbral superior o temperatura máxima de crecimiento

Al igual que hay una temperatura base de crecimiento, existe un máximo. Se considera que el umbral superior es aquel por encima del cual, la planta detiene su desarrollo o este es muy muy lento. Las temperaturas que estén por encima de este umbral, tampoco contabilizarán en el cálculo de la integral térmica.

En la siguiente gráfica se puede ver cómo la zona sombreada amarilla corresponde a la temperatura efectiva de crecimiento.

Integral Térmica

La velocidad de crecimiento no es constante
Una vez tenemos los conceptos anteriores claros podemos establecer que entre los umbrales máximo y mínimo, la planta crece. ¿Pero a qué velocidad? ¿Crece de igual de rápido para 8ºC que para 26ºC de media? Sería lo ideal para establecer nuestros cálculos pero entonces no serían plantas, serían máquinas.

La velocidad de crecimiento además está influenciada por otros factores como la nutrición del suelo, la humedad, las lluvias, la radiación… Aún así, habiendo muchos factores influyentes, la temperatura tiene un peso muy grande y por ello podemos echar mano de ella considerando que crece de forma lineal.

De todas formas, cada día existen modelos agroclimáticos más complejos, que se acercan cada vez más a la realidad.

Una forma de cálculo lineal sencilla
Pongamos un ejemplo. La lechuga por ejemplo, tiene aproximadamente un umbral inferior de 6ºC y un umbral superior en torno a unos 30ºC. Para saber la temperatura efectiva de crecimiento tendríamos que restar a la temperatura media diaria el umbral mínimo de 6ºC. Vamos a hacer un sencillo cálculo para una semana.

– Temperaturas medias diarias de una semana: 8, 5, 7, 10, 11, 12 , 16.

– Restamos a cada temperatura los 6ºC del umbral inferior, por tanto:

– Temperaturas efectivas de crecimiento (Tª media – umbral mínimo): 2, -1, 4, 5, 6, 10.

– Vemos que en el segundo día da un registro negativo. Cuando esto ocurre no se tiene en cuenta en las suma de grados, por tanto el resultado total sería: 2 + 4 + 5 + 6 + 10 = 27 ºC grados día acumulados. Así de sencillo.

En este método de cálculo con las temperaturas medias diarias únicamente se utiliza el umbral inferior. En otros más complejos, se utilizan los dos umbrales para conseguir mayor precisión de cálculo.

Aunque parezca sencillo, este método se utiliza mucho en muchos cultivos herbáceos, hortícolas, frutales… para intentar prever la fecha de maduración entre otras cosas.

¿Qué usos prácticos tiene el cálculo de la integral térmica?
Tomemos el ejemplo de la lechuga. Si la lechuga tiene una integral térmica aproximada de 700ºC podríamos ir viendo las semanas que va a necesitar para llegar a ese número y saber de forma aproximada cuándo estará lista. Por lo tanto se pueden predecir diversas variables:

– Se puede predecir de forma aproximada la fecha de plantación y recolección de un cultivo.

– En frutales podemos saber cuánto le falta al árbol para florecer, sabiendo los grados día que necesita para pasar al estado fenológico de floración. De esta forma podemos ir observando la acumulación de grados y calcular el riesgo de heladas que puede sufrir el árbol después de la floración.

– La integral térmica también es utilizada para calcular los ritmos vitales de plagas y enfermedades. Insectos, hongos y bacterias también responden y se desarrollan en función de una integral térmica. De esta forma, según las previsiones meteorológicas podemos anticiparnos a la aparición de una plaga o enfermedad y hacer el tratamiento oportuno de forma preventiva.

La Universidad de California UC-Davis tiene una calculadora de grados día para poder calcular ciertos modelos agroclimáticos y modelos de predicción de plagas y enfermedades. Sólo sirve para los EEUU pero por lo menos da una idea de lo que se puede hacer con la integral térmica.

Como ven, algo tan sencillo como calcular una suma de grados, puede tener una gran repercusión en la toma de decisiones del manejo de un cultivo agrícola.

Fuente: agromatica.es

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